LA IGLESIA Y LA BIBLIA - Monseñor Straubinger (2)
Este concepto tan sobrenatural y divino de la Sagrada Escritura trasciende de la nueva y admirable Encíclica "Divino Afflante Spiritu", que acaba de brindarnos el Sumo Pontífice Pío XII. La Biblia, dice allí el Papa, no fue dada por Dios como objeto de curiosidad o de estudios, sino para que estas divinas palabras nos pudieran "instruir para la salvación mediante la fe que cree en Jesucristo" y "para que el hombre de Dios sea perfecto y esté apercibido para toda obra buena" (II Tim. 3, 15 y 17).
Esta Encíclica bíblica que, más que las anteriores, hará época en los anales escriturísticos de la Cristiandad, nos llena de singular gozo y nos ha estimulado a preparar y editar la presente colección de normas pontificias referentes a la lectura y el estudio de la Sagrada Escritura, ya que vemos en tan magnífico documento la aprobación más competente de las actividades en el campo de la exégesis, en la edición de los Libros sagrados y en el apostolado de los órganos periodísticos, como nuestra "Revista Bíblica"; publicaciones que el Papa recomienda de un modo especial.
La Biblia es el libro de espiritualidad por excelencia.
La reciente Encíclica destaca decisivo y transcendental el valor de la Sagrada Escritura como libro de espiritualidad por excelencia; medida cuyo mérito hemos de apreciar más que nadie los que, teniendo el privilegio de haber sido llamados al estudio y enseñanza del divino Libro, podemos descubrir y admirar cada día nuevos tesoros de su sabiduría, insondable como un mar sin orillas (Eccli. 24, 35-39).
Lo que desea el Vicario de Jesucristo es que "la Palabra de Dios, dirigida a los hombres por medio de las Sagradas Escrituras, sea cada día más total y perfectamente conocida y con más vehemencia amada"; y, refiriéndose a los trabajos de los exégetas, no vacila en afirmar "que los fieles y especialmente los sacerdotes, tienen la grave obligación de usar copiosa y santamente de ese tesoro reunido a lo largo de tantos siglos por los más altos ingenios".
Más aún, Pío XII exhorta con todo ardor apostólico, como ya sus predecesores Pío X y Benedicto XV, a la lección diaria de la Sagrada Escritura en las familias cristianas: "Favorezcan, pues", dice el Papa a los Obispos, "y presten ayuda a aquellas piadosas asociaciones que se proponen difundir entre los fieles las ediciones de la Biblia y en especial de los Evangelios y procurar con todo empeño que su lectura diaria se haga en las familias recta y santamente"; lo que sin duda, y cien veces más, ha de servir de directiva a las familias de religiosos y religiosas, a los conventos, colegios y seminarios, todos los cuales, sin excepción alguna, harán de la Escritura su lectura diaria.
Ante tal alentadora voz del Vicario de Jesucristo, los amantes de la Sagrada Escritura se sentirán movidos a ofrecer un fervoroso "sacrificio de alabanza", como tantas veces lo tributó David viéndose oído en sus oraciones y súplicas, al Padre de las luces, de quien procede todo el bien que recibimos (Sant. 1, 17).
Continuará...
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