El Concilio de Orange, que condenó en el año 529 al
semipelagianismo, tomando de San Agustín y de San Próspero
muchas de sus fórmulas, reprobó, según todos los historiadores,
las negaciones semipelagianas de la gratuidad
de la gracia y de su necesidad para el initium salutis y la
perseverancia final (Ver Denzinger, Enchiridion, n. 176,
177, 179, 183; ver Concilio de Trento, en el mismo lugar,
n. 806).
Es esto un mínimo, admitido por todos; pero muchos historiadores
y teólogos, entre éstos los tomistas y los agustinianos,
ven en el sentido obvio de los términos del Segundo
Concilio de Orange, como en el de varias palabras de
San Pablo, otra afirmación además, la de la eficacia intrínseca
de la gracia, presupuesta por el principio de predilección.
Volveremos sobre ello. Pero sea lo que sea, del mínimo
admitido por todos resultan tres proposiciones enseñadas por
los teólogos católicos:
1º, La predestinación a la primera gracia no tiene por
causa la previsión de las buenas obras naturales; ni de un
comienzo natural de la salvación;
2º, la predestinación a la gloria no tiene por causa la previsión
de los méritos sobrenaturales que durarían sin el don
especial de la perseverancia final;
3º, la predestinación adaequate sumpta, en tanto comprende
toda la serie de gracias desde la primera hasta la
glorificación, es gratuita o anterior a la previsión de los
méritos.
(...)
DECLARACIONES DE LA IGLESIA CONTRA EL PREDESTINACIANISMO
Las declaraciones de la Iglesia en el Concilio de Orange
expresan un aspecto del gran misterio que nos ocupa; el
otro aspecto está expresado por lo que la Iglesia ha enseñado
contra el predestinacianismo, después contra el calvinismo,
el bayanismo y el jansenismo.
(...)
III. EN LOS SIGLOS XVI Y XVII. Esta doctrina de la Iglesia
fue confirmada por las decisiones del Concilio de Trento
contra los errores protestantes, y por la condenación del
jansenismo.
La Iglesia declara de nuevo, que el hombre después del
pecado original queda libre para hacer el bien con el socorro
de la gracia, consintiendo en cooperar con ella, en tanto
que puede resistirla (Denzinger, n. 797; ver n. 816).
Síguese que Dios a nadie predestina al mal (ibid. n.
827), sino que quiere por el contrario,
la salvación de todos los hombres, y que
Cristo ha muerto por todos, aunque no
todos reciban el beneficio que es el fruto de su muerte,
sino solamente aquellos a quienes es
comunicado el mérito de la Pasión, sed ii dumtaxat,
quibus meritum passionis ejus communicatur (ibid. 795).
Las buenas obras son necesarias para la salvación, a los adultos, y la gloria es la recompensa de sus méritos (en el orden de ejecución) al final de la prueba.
Asimismo, se declaró contra los jansenistas que Cristo no
ha muerto sólo para los predestinados, ni sólo para los fieles
(Denzinger, 1096, 1380 ss., 1294); que hay una gracia
verdaderamente suficiente, en razón de la cual el cumplimiento
de los preceptos es posible a todos aquellos a quienes
se imponen.
La Iglesia contra los protestantes y los jansenistas vuelve
a decir, sirviéndose de las palabras de San Agustín: Deus
impossibilia non jubet, sed jubendo monet et facere quod
possis et petere quod non possis (Denzinger, n. 804) (42);
"Dios no abandona a los justos, sin haber sido abandonado
por ellos", 804, 806, 1794; no son privados de la gracia
habitual sino por una falta mortal, y de ciertas gracias
actuales necesarias a la salvación sino por haber resistido a
gracias suficientes.
(42) Dios no manda cosas imposibles, sino que mandando aconseja hacer lo que puedas y pedir lo que no puedas.
Dios no permite que seamos tentados más allá de nuestras
fuerzas (n. 979); la gracia de la conversión es ofrecida
a los pecadores (n. 807) y son privados de ella sólo aquellos
que la rechazan por una falta que Dios permite, pero de
la cual de ninguna manera El es causa (n. 827, 816, 1677).
Pero al afirmar que Dios por una gracia suficiente hace
posible a todos el cumplimiento de los preceptos, la Iglesia
no deja de afirmar con ello la eficacia de la gracia que hace
producir de hecho las buenas obras. El Concilio de Trento
declara: Deus, nisi ipsi (homines) illius gratiae defuerint,
sicut coepit opus bonum, ita perficiet, operans velle et perficere.
Filip., II, 13. Denzinger, 806 ..
Continuará...
LA PREDESTINACIÓN DE LOS SANTOS Y LA GRACIA (1) https://prodeoetpontifice.blogspot.com/2026/08/la-predestinacion-de-los-santos-y-la.html
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