EL ÁRBOL SAGRADO DE LA CRUZ ENGENDRA LA VERDADERA SABIDURÍA ESPIRITUAL

 



EL ÁRBOL SAGRADO DE LA CRUZ ENGENDRA LA VERDADERA SABIDURÍA ESPIRITUAL




¿Quién ha creído nuestro anuncio,

y a quién ha sido revelado el brazo de Yahvé?

Pues creció delante de Él como un retoño,

cual raíz en tierra árida;

no tiene apariencia ni belleza para atraer nuestras miradas,

ni aspecto para que nos agrade.

Es un (hombre) despreciado, el desecho de los hombres,

varón de dolores y que sabe lo que es padecer;

como alguien de quien uno aparta su rostro,

le deshonramos y le desestimamos.

Él, en verdad, ha tomado sobre sí nuestras dolencias,

ha cargado con nuestros dolores,

y nosotros le reputamos como castigado,

como herido por Dios y humillado.

Fue traspasado por nuestros pecados,

quebrantado por nuestras culpas;

el castigo, causa de nuestra paz, cayó sobre él,

y a través de sus llagas hemos sido curados.

Éramos todos como ovejas errantes,

seguimos cada cual nuestro propio camino;

y Yahvé cargó sobre él

la iniquidad de todos nosotros.

Fue maltratado, y se humilló, sin decir palabra

como cordero que es llevado al matadero;

como oveja que calla ante sus esquiladores,

así él no abre la boca.

Fue arrebatado por un juicio injusto,

sin que nadie pensara en su generación.

Fue cortado de la tierra de los vivientes

y herido por el crimen de mi pueblo.

Se le asignó sepultura entre los impíos,

y en su muerte está con el rico,

aunque no cometió injusticia,

ni hubo engaño en su boca.

Yahvé quiso quebrantarle con sufrimientos;

mas luego de ofrecer su vida en sacrificio por el pecado,

verá descendencia y vivirá largos días,

y la voluntad de Yahvé será cumplida por sus manos.

Verá (el fruto) de los tormentos de su alma,

y quedara satisfecho.

Mi siervo, el Justo, justificará a muchos por su doctrina,

y cargará con las iniquidades de ellos.

Por esto le daré en herencia una gran muchedumbre,

y repartirá los despojos con los fuertes,

por cuanto entregó su vida a la muerte,

y fue contado entre los facinerosos.

Porque tomó sobre sí los pecados de muchos

e intercedió por los transgresores.

(Isaías 53)




Nuestro Señor Jesucristo es el Cordero de Dios que fue llevado al matadero y se humilló a sí mismo hasta la muerte, y muerte de cruz. Él cargó con todas nuestras iniquidades e inmundicias de manera libre y voluntaria, cumpliendo en todo la divina voluntad del Padre eterno, que quiso operar así la salvación del género humano condenado a la muerte eterna tras el pecado original. Nuestro Redentor y Salvador se anonadó y se hizo insignificante como un pobre gusanillo mientras era humillado y escarnecido por nosotros, infames pecadores de todos los siglos.




Como leemos en el capítulo 53 del profeta Isaías, el Cristo adquirió descendencia y heredó una gran muchedumbre de hermanos e hijos adoptivos del Padre celestial mediante sus indecibles tormentos y sufrimientos, es decir, mediante el árbol bendito de la santa Cruz, que es lo que Le hace quedar satisfecho, pues Su sacrificio no ha sido en vano, sino antes bien muy provechoso y necesario, ya que si Nuestro Señor no hubiera entregado Su vida por nosotros, el cielo permanecería cerrado para todos absolutamente y nadie se salvaría. Pero al morir Él y cargar con nuestros pecados y transgresiones, haciéndose merecedor del castigo divino, Él que era la inocencia y la pureza mismas, entonces el Padre eterno quedaba obligado a resucitarle y darle descendencia para toda la eternidad.




Es la Cruz, pues, el instrumento fundamental que nos justifica y nos da la doctrina sagrada, la Palabra de Dios que el mundo no puede conocer ni amar porque no la entiende, sino que la odia. En efecto, la Cruz implica humillación y sacrificio, la negación total de uno mismo, el desprecio absoluto de cuanto somos y el olvido de nuestra insignificante persona, a imitación del Divino Maestro, pues ya nos enseñó Jesús que es muriendo por Él y a causa de Él que vamos a salvar nuestras almas en esta pobre vida, mientras que los que intenten salvaguardar su reputación y sus bienes a ojos del mundo mediante el cobarde respeto humano sin duda perecerán eternamente.




Y es que la doctrina del Cristo es dura, muy dura para los que tienen su corazón apegado a las vanidades de este mundo y ansían la vanagloria que proviene del respeto humano, pues todos ésos han hecho de este lugar de destierro su morada y se sienten cómodos aquí, creyendo engañosamente que el paraíso consiste en estar bien y adquirir poder, influencia y placeres en esta vida fugaz, pero sin embargo ignoran y desprecian la vida sobrenatural del espíritu, llamando locura y necedad a la Cruz y a quienes se afanan por seguir a Jesucristo.




Para todos ellos pesa la terrible sentencia de condenación eterna, pues ya nos advirtió Jesús que esos tales ya habían recibido su recompensa en esta vida, por lo que no pueden esperar nada tras la muerte. Son como el rico necio del Evangelio, cuyas únicas preocupaciones eran las de edificarse unos graneros enormes para guardar su grano y sus amplias posesiones materiales, y banquetear y gozar de los bienes efímeros que había adquirido durante tantos años, ignorando culpablemente que esa misma noche, es decir muy pronto, le iban a reclamar su alma, perdiendo además todo cuanto había almacenado egoístamente para sí mismo.




De lo que se deduce que la inmensa mayoría de almas va por el camino equivocado, transitan por la avenida ancha y despejada que rebosa falsos placeres y alegrías, pero acaban inexorablemente todos ellos en la gehenna, en el lago de azufre y fuego ardiente, el terrible infierno. Lo más grave y triste es que esos necios e insensatos no son pocos, sino muchos, son legiones y legiones de desgraciados que van cayendo uno tras otro en la fosa oscura de la que no saldrán jamás, ¡ay! Y que los pocos que caminan por la senda angosta que conduce a la puerta estrecha de la salvación son verdaderamente pocos, muy pocos, ya que casi nadie quiere humillarse y mortificar su detestable ego y sus pasiones, ni siquiera los pobres materialmente hablando, la mayoría de ellos me refiero, pues quien más quien menos aspiran todos a salvar su vida en este mundo y a evitar el sufrimiento y la contradicción.




Pero a los elegidos de Dios Uno y Trino les ha sido concedido el conocer la Verdad y amarla; a ellos se les ha revelado la verdadera sabiduría celestial que abre las puertas del Cielo y que consiste en amar a Jesucristo y abrazar la propia cruz particular que la Providencia ha tenido a bien fabricarles desde toda la eternidad para que obren su salvación con temor y temblor.




En la vida sobrenatural menos es más, y el que quiera ser mayor deberá hacerse el más pequeño e inútil, pues los últimos serán los primeros en el reino de los cielos, mientras que los que ansíen ser los primeros en todo deberán soportar después el verse humillados y rechazados por el Juez eterno.




De modo que ahí está nuestra única ambición legítima, queridos hermanos y amigos en la Fe, en la santa Cruz del Cristo, en hacernos amigos e imitadores suyos, sin importarnos en absoluto que el mundo nos desprecie y se burle de nosotros, porque no nos entiende ni conoce a Dios.




Seamos pues sufridos y pacientes en las tribulaciones y adversidades, aceptando todo como recibido de parte de Dios, que nos ama y que busca nuestro bien mediante la sana y necesaria humillación de nuestro maldito orgullo, y que nos ha dado a cada uno una bendita cruz para separarnos del mundo y enseñarnos a despreciar las locas vanidades que a tantos infelices pierden.




Esa es la única sabiduría que necesitamos, la sabiduría de la Cruz, el único conocimiento que necesitamos y la única ciencia que debemos aprender, el fracaso de este mundo y su desprecio, y el apego a las virtudes sobrenaturales mediante la lectura y meditación frecuente de la Sagrada Escritura, cultivando la oración realizada con fervor y verdadera contrición, y no por rutina y al modo farisaico.




El que quiera ser discípulo del Cristo, niéguese a sí mismo, tome su cruz y sígale.




+A.M.D.G.+


Un discípulo amado de N.S.J.C.








LA ENVIDIA ESPIRITUAL DE LAS ALMAS MEDIOCRES

 



LA ENVIDIA ESPIRITUAL DE LAS ALMAS MEDIOCRES


Por Un discípulo amado de N.S.J.C.




Hoy tenemos que hablar de un fenómeno lamentable y desagradable, pero que no podemos obviar. Nos referimos a la maldita envidia espiritual que mueve a ciertas almas mediocre y que tantos estragos causa entre quienes han sido llamados o elegidos por Dios Uno y Trino.




No es un asunto grato para nadie, pero debemos clamar contra esos espíritus hipócritas que revisten al mal con apariencia de bien para así poder destilar mejor su malicia ante los incautos. Y algunos incluso se camuflan detrás del Magisterio infalible de los Vicarios de Cristo para evitar ser descubiertos y reprendidos, pero nada hay que deba permanecer oculto para quienes han recibido la luz del Espíritu Santo y poseen el raro don del discernimiento de los espíritus.




Las almas mediocres se caracterizan por vivir en un estado permanente de tibieza espiritual, es decir, no son ni calientes ni frías espiritualmente hablando, lo cual es odioso a ojos del Altísimo y merece su reprobación, como leemos claramente en Apocalipsis 3:15-16, donde Jesucristo exige de sus discípulos un compromiso total y rechaza la indiferencia y la doblez tan típica de los escribas y los fariseos que fueron, no lo olvidemos, los que provocaron la crucifixión y muerte del Hijo de Dios.




Son almas acostumbradas al ritualismo y el formulismo vacíos de la verdadera piedad y contrición, pero muy llenos de largas oraciones vocales recitadas de modo casi frenético y automatizado, sin jamás profundizar en el auténtico significado de lo que se está rezando y sin considerar la tremenda santidad y majestad de Aquél a quien se dirigen dichas oraciones.




Nuestro Dios es un Dios de paciencia y compasión hacia sus pobres criaturas humanas, hechas por Él y redimidas por Su divino Hijo al morir en la Cruz por todos nosotros. Es un Dios que, pese a ser espíritu y verdad, posee un corazón amantísimo y tiernísimo, un corazón de carne, y no se complace en la muerte y el sufrimiento de los impíos (Ezequiel 18:23-24), sino que busca siempre el arrepentimiento y la conversión de sus hijos adoptivos mediante las santas inspiraciones que la gracia derrama en nosotros a través del Espíritu Santo Paráclito.




Sin embargo, las almas mediocres se han erigido en una especie de tribunal rabínico y se creen autorizadas para anatematizar y censurar a quienes no comulgan con sus pesadas ruedas de molino. Pero en el fondo son cobardes y tienen miedo, se sienten aterrorizadas de ser descubiertas y denunciadas por su increíble hipocresía.




Y no sólo eso, sino que las almas mediocres suelen pecar de envidia, no de una cualquiera sino de la peor especie, la envidia espiritual. Este insidioso defecto consiste en sentir celos y animosidad hacia otras almas que han sido bendecidas con diversos dones y carismas, los cuales deberían ser puestos al servicio del conjunto del Cuerpo Místico para que todos se enriquecieran y se beneficiaran de los frutos del Espíritu Santo, pero que por culpa de la envidia de los hipócritas y los fariseos de ayer y de hoy casi nunca llegan a ver la luz.




Un ejemplo de la mezquindad de dichas almas fue experimentado por quien escribe esta meditación, cuando el domingo pasado una de esas almas aviesas me escribió en privado para insinuarme de manera muy astuta, pero decididamente con enorme malicia, que sería mejor que yo cesara en publicar mis propias meditaciones espirituales y compartirlas en un blog, pues según esa hipócrita, san Alfonso María de Ligorio, el P. Lapuente, el santo cura de Ars y otros tantos santos y doctores de la Iglesia, nos han dejado unos sermones maravillosos para todos los tiempos litúrgicos. Por tanto, una meditación elaborada por mí no podría dar, según ella, los mismos frutos espirituales en las almas que las que nos han dejado tantos Santos de la Iglesia. Nótese la formidable doblez de esta persona al intentar cubrirse detrás de los Santos y los Doctores de la Iglesia para así poder lanzar sus envenenados dardos contra mí de manera más "legal" y "autorizada".




Pero eso no fue todo, sino que además insistió a continuación en que ella no tenía "muy claro que un seglar sin formación doctrinal acreditada y sin la aprobación de un obispo católico -que hoy no hay- deba mandar a otras personas contenidos espirituales para hacer oración". Con lo cual la malicia farisaica de semejante mujer quedaba expuesta a ojos de todos, pues en el fondo lo que a ella le molestaba es que yo intentara transmitir el fuego sagrado del amor a la Verdad mediante una serie de meditaciones sobre la Cruz de Cristo y la importancia de llevar nuestra propia cruz de manera digna. Eso era en realidad lo que a ella le molestaba, por mucho que intentara ampararse en el testimonio de los Santos e incluso recurrir a la Jerarquía para acallar mi voz.




Sin embargo, sus perversas intenciones fueron frustradas cuando le contesté que yo fui objeto de una providencial revelación privada hace casi 31 años en la que Dios Espíritu Santo me reveló que "caía bajo el influjo de un amor sacrificado y secreto", y también que yo poseía un raro don, el cual se concede "pocas veces en la vida", cual era el de "gozar de profundidad de visión del mundo", ante lo cual el Paráclito me intimaba a "lucirme" para la mayor honra y gloria de Dios, y para el bien de otras almas.




De modo que todo cuanto escribo está justificado y bendecido por el Señor, así que bien harían esos desgraciados hipócritas en callarse y humillarse, o de lo contrario encontrarán siempre mi testimonio que clamará contra ellos de manera atronadora.




+A.M.D.G.+



                                





LA CRUZ ES UN ESCÁNDALO Y UNA LOCURA PARA LOS POBRES MUNDANOS

 



LA CRUZ ES UN ESCÁNDALO Y UNA LOCURA PARA LOS POBRES MUNDANOS


Por Un discípulo amado de N.S.J.C.




"La doctrina de la Cruz es, en efecto, locura para los que perecen; pero para nosotros los que somos salvados, es fuerza de Dios". (1 Corintios 1:18).




Entonces, dijo a sus discípulos: “Si alguno quiere seguirme, renúnciese a sí mismo, y lleve su cruz y siga tras de Mí.

Porque el que quisiere salvar su alma, la perderá; y quien pierda su alma por mi causa, la hallará". (Mateo 16:24-25).




Las citas bíblicas precedentes nos confirman sin lugar a dudas que el misterio de la Cruz es capital para comprender el plan de salvación llevado a cabo por Dios Uno y Trino en las almas. En efecto, pues ya nos advirtió el divino Maestro que aceptar la propia cruz y seguirle es la condición indispensable para ser discípulo suyo. ¿Y qué significa llevar la cruz? Nos lo revela igualmente Jesucristo cuando dice que es preciso renunciarse a uno mismo para seguirle a Él. Renunciarse a sí mismo implica crucificar y mortificar el orgullo propio, nuestra carne con sus apetitos desordenados, nuestra voluntad rebelde que busca siempre la autosatisfacción y el tener razón, etc.




La vida del cristiano es milicia sobre la tierra, es decir, una lucha constante contra el mundo, el demonio y la carne. De los tres enemigos del alma, seguramente el más insidioso es el mundo, pues a la propia carne con sus inclinaciones torcidas se la ve venir de lejos y podemos hacerle frente mediante sanas mortificaciones como el ayuno y la abstinencia; del mismo modo, al demonio se le distingue claramente cuando nos incita a desobedecer o a rebelarnos contra algún dogma o verdad contenida en la Escritura y el Magisterio. Pero el mundo utiliza una estrategia mucho más sibilina y capciosa, de ahí que sea bastante difícil el hacerle frente y vencerlo.




No olvidemos además que fue mediante astutas y falaces insinuaciones de que el mundo debía ser comprendido y amado tal cual era que el pérfido Anticristo Montini-Pablo 666 logró engañar a la totalidad del cuerpo episcopal en el infausto conciliábulo Vaticano 2, que supuso la gran apostasía bíblica profetizada.




Y se comprende por qué triunfó el sagaz hijo de perdición, pues el mundo está compuesto por todos los que habitamos en esta pobre tierra, pecadores todos, malos y buenos, nuestros propios familiares y amigos, por lo que el maldito respeto humano se entromete siempre y paraliza cualquier intento de evangelizar a quienes nos rodean.




¿Y qué valores vemos triunfar en el mundo y entre los mundanos? Se trata de la antítesis de la perfección espiritual, pues el mundo pregona con millones de voces estridentes que uno debe sentirse muy orgulloso de uno mismo y no humillarse jamás, lo cual es considerado como una vergüenza y una humillación suprema por los mundanos.




El afán de riquezas y placeres es esencial para el mundo y sus locos seguidores, que son legión hoy más que nunca. Todos los mundanos buscan asegurarse su porvenir en esta breve vida, pero jamás piensan en la vida eterna. El ansia por las posesiones materiales, la búsqueda alocada de cualquier placer, ya sea lícito o ilícito, el orgullo y la buena fama ante los demás es lo único que mueve a los infelices gentiles de ayer y de hoy. Rara vez piensan en que hay un Dios ante el que todos deberemos comparecer para rendir cuentas de nuestra vida, pues sus pensamientos están engolfados en asuntos temporales únicamente.




La única causa que nos va a servir en la eternidad para salvar nuestras almas será la causa de Jesucristo, la causa de la Cruz y de la verdadera Fe. Todo lo demás está condenado al más espantoso fracaso en el más allá, como nos lo advirtió N.S.J.C. cuando dijo que quien quisiere salvar su alma en esta vida la perdería para la vida eterna, lo cual significa ser reprobado por Dios y ser enviado al terrible infierno. Ahora bien, si preguntamos a cualquier pobre infeliz que transita por nuestras calles cuál es su propósito en la vida, ¿no nos va a responder prácticamente lo mismo que la inmensa mayoría de personas que pueblan el mundo hoy?...




Ciertamente, pues casi todos buscan "salvar la vida" en esta tierra mediante una vida "normal" -horrible palabra-, esto es, adquirir formación, conseguir un trabajo, encontrar una pareja y formar una familia con ella, después vivir una buena vejez y disfrutar de una cómoda pensión de jubilación hasta que les llegue su hora de morir y "descansar", como se imaginan los pobres desgraciados, totalmente ignorantes, incrédulos y sordos ante las graves advertencias que la Iglesia y la Sagrada Escritura han hecho acerca de quienes se acomodan al falso espíritu del mundo y sus valores engañosos.




Y así bajan todos ellos al abismo de fuego eterno, del cual no saldrán jamás. Realmente es muy trágico y triste si se considera seriamente, pero como los mundanos odian la Palabra de Dios y no se la creen, o bien no la odian pero le quitan importancia a los pasajes más graves, lo cual equivale a no creer en ella, pues así es prácticamente imposible que la Fe pueda surgir en ellos y arraigar. De hecho, si preguntamos a cualquier pobre alma que ya esté en el infierno condenada para toda la eternidad, nos dirá que fue por no soportar la escucha o la lectura de la Sagrada Escritura, que le reprendía el mal que hacía y le exhortaba a arrepentirse y obrar rectamente, pero ella no quiso hacerlo y ahora se halla en tan espantoso lugar para siempre. Queda demostrado pues que la aversión y la incredulidad hacia la divina Palabra es uno de los rasgos inconfundibles de los reprobados en el infierno.




Y es que los mundanos prefieren escuchar la seductora voz de Satanás, el príncipe de este mundo, el cual les dice que se esfuercen por destacar por encima de todos y pasar por encima de quien se les oponga, pues ellos deben ser los más fuertes, los más inteligentes -según el mundo, no según Dios-, los más atractivos, los más dominantes, los más populares, etc., etc. En esas bagatelas se pierden muchísimas almas insensatas, sacrificando hasta la salud corporal para conseguir tan irreales y quiméricos objetivos, de modo que cuando se dan cuenta de lo absurdo de tales propósitos, ya es demasiado tarde para ellos, y la muerte les sorprende en tan lastimero estado.




Por tanto, los verdaderos siervos de Dios buscaremos siempre la "locura" y el "escándalo" de la Cruz, pues sabemos que sólo ella lleva a la salvación, como así nos enseñó Cristo Jesús, y dejaremos que los infelices mundanos se ahoguen en un mar de falsos placeres y deleites, los cuales son muy efímeros y terminan con harta frecuencia en el hastío y la conciencia culpable.




Es preferible perder nuestra vida por la sagrada causa del Hijo de Dios Jesucristo que ser arrastrado por la marea arrolladora del mundo y sus esclavos, pues los que hagan lo primero resucitarán para la vida eterna, pero quienes se conformen con el mundo y sus engaños tendrán que oír de labios del supremo Juez la terrible sentencia de condenación.



+A.M.D.G.+




                                                   





LA CRUZ ES PERSONAL E INTRANSFERIBLE

 




LA CRUZ ES PERSONAL E INTRANSFERIBLE

Por Un discípulo amado de N.S.J.C.


En el Juicio particular veremos claramente cómo los elegidos fueron afligidos y agobiados en vida por sus cruces particulares de una manera más prominente que el resto de almas, pues esto indica que Dios les amó con un amor de predilección y por eso mismo, porque Él les amó de un modo singular y particular, les hizo cargar también con una cruz más notoria y humillante que a los demás, dado que Dios reprende y castiga a los que ama. (Apocalipsis 3:19).



Entonces los predestinados por la Divina Voluntad para ser salvos brillarán como el sol y las estrellas del firmamento, mientras aquellos que los escarnecían y maltrataban quedaran sumidos en la más profunda confusión y desolación al ver a los que habían sido objeto de sus burlas y blanco de sus golpes durante su vida mortal ser merecedores de los elogios del Hijo de Dios N.S.J.C. y lo más importante, recibir la corona de la vida eterna, mientras ellos, sus perseguidores y maltratadores, serán atormentados en el estanque de fuego y azufre durante toda la eternidad. 



Todos los hombres y mujeres han recibido una cruz al nacer con la que obrar su salvación con temor y temblor (Filipenses 2:12), pero unos la han recibido más pesada y notoria que otros. ¿A qué se debe esto? Simplemente al divino beneplácito, que elige a unos pocos por encima de la inmensa mayoría, pues ya nos advirtió el Salvador que muchos eran los llamados e invitados al banquete celestial, pero pocos los elegidos para sentarse a la mesa con Dios Uno y Trino, la Santísima Virgen, los Ángeles y los Santos. (Mateo 22:14). Entonces, ¿esto quiere decir que Dios es injusto? De ningún modo. Eso jamás. Dios no es injusto sino muy justo, un Dios todopoderoso, infinitamente santo y justo, la fuente viva de la sabiduría, la Caridad y la misericordia. Nunca alabaremos bastante al Eterno. Que Dios elija a unos y deseche a otros forma parte del misterio insondable de la divina predestinación, y no nos compete a nosotros, pobres criaturas pecadoras, averiguar el porqué. Lo que debemos creer es que Él es siempre justo y sabio en sus designios, y da a todos las gracias necesarias para salvarse en el estado en que puso a cada uno, aunque lamentablemente no todos hagan buen uso de esas gracias divinas, y el gran número de almas acaba condenándose, la massa damnata que decía San Agustín.



Además, ¿qué nos da a nosotros si Dios es infinitamente bueno y quiere, en su inmensa bondad y benevolencia, reservar unos sitiales en la Jerusalén celestial para sus elegidos, mientras que al gran número lo destina a la perdición eterna? ¿No puede Él hacer lo que le plazca con sus dones, acaso seremos nosotros envidiosos porque Él es bueno? (Mateo 20:15-16).



Por tanto, mucho cuidado a la hora de juzgar, pues a Dios nadie le juzga, y por Él seremos juzgados todos absolutamente, desde el primer hombre nacido en la tierra hasta el último.



¿Cuál es la función de la cruz personal en el misterioso plan de la salvación eterna? Se trata de una obra verdaderamente prodigiosa y divina, únicamente al alcance para Dios. En efecto, mediante la cruz el Señor va modelando a sus elegidos, purificando sus malas inclinaciones y poniendo freno a la sensualidad viciosa que a todos nos asalta en mayor o menor grado. La cruz nos enseña también la paciencia, la resignación y la conformidad con la Divina Voluntad en medio de los dolores y sufrimientos, a imitación de Cristo Jesús en su Pasión y Muerte. Entonces uno comprende que si sufre mucho, más aún sufrió por él Cristo, y además sin quejarse, sino dando gracias al Padre eterno por haberle destinado para ser crucificado y escarmentado.



La cruz nos humilla, esto es, nos hace humildes, de lo cual todos tenemos tanta necesidad, y hace que tomemos conciencia de lo miserables que seríamos si Dios no nos sostuviera, pues todo el que se humilla voluntariamente hasta el fondo se hace fiel imitador de Cristo y merece por ello ser consolado por las gracias divinas.



Y no menos importante es la tarea que realiza la cruz en todas y cada una de las almas predestinadas, pues la cruz las va separando cada vez más del mundo y su inmundo espíritu, que sabemos es un espíritu de soberbia, concupiscencia y rebeldía, los trazos principales de Satanás el demonio, llamado el príncipe de este mundo por Jesucristo. (Juan 12:31).



Gracias a la cruz, los que fueron, son y serán salvos crucifican su carne y su voluntad, muriendo al mundo, al demonio y a la carne, entrando así en la senda angosta que conduce hasta la puerta estrecha de la salvación.



Gracias a la cruz, se salvan los que se salvan, y también se condenan los réprobos, porque no quisieron aceptar la cruz que la Providencia les envió y renegaron de ella, buscando siempre satisfacer su orgullo y su sensualidad culpables.



Dichosos los que esto entiendan y acepten la cruz particular que el Buen Dios les dio al nacer, pues deberán morir en ella a la vista del mundo incrédulo para resucitar después en la vida eterna.


+A.M.D.G.+





MEDITACIÓN SOBRE EL AYUNO

 



MEDITACIÓN SOBRE EL AYUNO


I. La vida de Santa Eufrasia, llamada también Eufrosina, fue un ayuno perpetuo y riguroso. Jesucristo y todos los santos han ayunado; debes imitarlos en la medida en que tus fuerzas lo permitan, a fin de expiar, mediante esta mortificación, tu sensualidad en el beber y en el comer. ¿Eres más delicado que un niño de siete años? A esta edad, la santa comenzó su penitencia. No son las fuerzas corporales sino la buena voluntad y el valor los que te faltan.




II. Debes ayunar para impedir que la carne se rebele contra el espíritu; la virtud se fortifica a medida que el cuerpo se debilita. Tu mayor enemigo es tu cuerpo; no podrías tratarlo tan duramente como se merece. Si los santos, después de haber castigado sus cuerpos por medio del ayuno, la disciplina y el cilicio, experimentaron sin embargo las rebeliones de la carne, ¿qué será de ti que la tratas con tanta molicie?




III. Si tu salud no te permite ayunar, puedes, por lo menos, mortificar tus ojos y tu lengua; ello contribuirá grandemente a tu santificación, sin dañar en nada tu salud. ¡Cosa extraña! ¡los santos que son inocentes, hacen crueles penitencias, y nosotros que somos pecadores, no queremos hacerlas! Que los enfermos busquen los remedios que emplean los sanos, y que viendo a los santos llorar sobre sus imperfecciones, lloren los pecadores sobre sus crímenes. (San Eusebio).