Todas estas palabras del Salvador se hacen precisas por lo
que nos dice San Pablo de la predestinación, por la cual
Dios dirige y conduce infaliblemente a los elegidos a la vida eterna.
Se lee en la 1a a los Corintios (IV, 7) : "¿Qué es lo que te
distingue? ¿Qué tienes tú que no hayas recibido? Y si lo
has recibido, ¿por qué te glorías como si no lo hubieras
recibido?" Es el comentario a la palabra del Maestro: "Sin
mí, nada podéis hacer" (Juan, XV, 5). San Pablo dice
también (Filipenses, II, 13): "Es Dios quien opera en vosotros el querer y el obrar, según su buena voluntad."
En fin, habla muy explícitamente de la predestinación
cuando escribe (Efes., I, 3-7): "Bendito sea Dios, el Padre
de nuestro Señor Jesucristo, que nos ha bendecido con toda
clase de bendiciones espirituales en los cielos en Jesucristo.
En él Dios nos ha elegido, antes de la creación del mundo, para que seamos santos e irreprensibles delante de El, habiéndonos predestinado en su amor a ser hijos de adopción por Jesucristo, según el beneplácito de su voluntad, haciendo así brillar la gloria de su gracia, por la cual nos ha hecho agradables a sus ojos en su (Hijo) bienamado."
Más claramente todavía ha dicho (Rom., VIII, 28-30) :
"Sabemos que todas las cosas concurren al bien de aquellos
que aman a Dios, de aquellos que son llamados según
su designio. Porque a aquellos que El ha conocido de antemano, también los ha predestinado a ser conformes a la imagen de su Hijo, a fin de que su Hijo fuese el primer nacido entre muchos hermanos. Y a aquellos que El ha predestinado, también los ha llamado; y a aquellos que ha llamado, también los ha justificado; a aquellos que ha justificado, también los ha glorificado."
Es necesario recalcar, con San Agustín, Santo Tomás,
San Roberto Belarmino que, en este último texto, allí donde
se dice "quos praescivit et praedestinavit, a aquellos que El
ha conocido de antemano, también los ha predestinado"
no se trata de la presciencia divina de nuestros méritos.
Ello no tendría ningún fundamento en San Pablo y se
opondría a varios de sus textos, en particular al precedente
y a aquellos que van a seguir. El sentido es: "a aquellos
que El ha conocido de antemano con una mirada
de benevolencia";
es una acepción frecuente del verbo "conocer"
en la Biblia: ver Romanos, XI, 2: non repulit Deus plebem
suam, quam praescivit ("no desechó Dios a su pueblo
al cual conoció de antemano"); ver Mateo, VII, 23;
Gálatas, IV, 9; I Cor., VIII, 3; XIII, 12; II Tim., II, 19;
S., I, 6.
Esta exégesis de San Agustín, de Santo Tomás y de San
Roberto Belarmino ha sido conservada hoy día por el Padre
Lagrange, el Padre Allo, Zahn, Julicher, etc. (a ).
En la epístola a los Romanos (IX-XII) San Pablo expone
también la soberana independencia de Dios en la
dispensación de sus gracias:
los judíos, que eran el pueblo elegido,
son rechazados a causa de su incredulidad, y la salvación
es anunciada a los paganos, como consecuencia del
endurecimiento de Israel.
El Apóstol predice, sin embargo, la conversión
final y la salvación de los judíos, y formula el principio
de predilección, que se aplica a los pueblos y a los individuos
(2) (Rom., IX, 14): "¿Qué diremos? ¿Hay en Dios
injusticia? ¡Lejos de ello! Porque El dice a Moisés: haré
misericordia a quien hago misericordia,
y tendré compasión de quien tengo compasión.
Así que no es obra del que quiere
ni del que corre sino de Dios que usa de misericordia."
De ahí la conclusión (Rom., XI, 33): "¡Oh profundidad
inextinguible de la sabiduría y de la ciencia de Dios! ¡Cuan
insondables son sus juicios y sus caminos incomprensibles!
Porque, ¿quién ha conocido el pensamiento del Señor, o
quién ha sido su consejero? ¿Quién le ha dado el primero,
para que ése haya de recibir en retorno? De El, por El y
para El existen todas las cosas. ¡A El la gloria en todos
los siglos! ¡Amén!"
Más adelante volveremos sobre el sentido literal y el alcance
de estos textos, exponiendo el fundamento escriturario
de Santo Tomás.
Continuará...
(*) De este texto capital (Rom., VIII, 28-30) él Padre Lemonnyer,
O. P., ha explicado el sentido profundo (Dictionnaire de Théologie
Catholique; art. "Predestinación": La Predestinación según la Escritura).
Recalca el Padre Lemonnyer que la intención de Dios se manifiesta
allí por dos actos, primero el preconocimiento: a aquellos que
El ha conocido de antemano (29); después la predestinación: a aquellos
que El ha predestinado (30). Pero el acto de intención inicial parece
pasado bajo silencio. En realidad, nota el Padre Lemonnyer, está
indicado en la cláusula final del versículo 29: "a fin de que El (el
Hijo) sea un primer nacido entre numerosos hermanos". "He ahí
esta intención divina... Estando presupuesta esta intención, bastaba
encontrar los medios para realizarla, es decir, discernirlos y decretar
su ejecución. Este discernimiento es el preconocimiento; este decreto,
es la predestinación. Uno y otra se muestran como actos de la razón
práctica movida por una intención presupuesta."
El Padre Lemonnyer insiste sobre el carácter gratuito del propósito
divino, razón de nuestra salvación y de nuestro llamamiento. Parece
que esta gratuidad debe ser extendida a la predestinación misma
(ver II Tim., I, 9; Efes., I-II; Tit., III, í ) .
(2) Ver PADRE LAGRANGE. Epístola a los Romanos, 1916. C. IX,
p. 244.