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LA IGLESIA Y LA BIBLIA - Monseñor Straubinger (8)

 



Renovación espiritual.



Concluimos con una consideración fundamental y muy olvidada que nos plantea el Apóstol de los gentiles: "Renovaos en el espíritu de vuestra mente" (Ef. 4,23); y en otra parte: "Vestíos del hombre nuevo, de aquel que se renueva por el conocimiento según la imagen del que lo creó" (Col 3,10).




Renovémonos sí, por el conocimiento, meditando y estudiando apasionadamente el tesoro "todo deseable" que descubrimos, y eso es lo que la Sagrada Escritura nos da; es la sabiduría -saber y sabor a un tiempo- que en ella se prodiga gratis, y con la cual nos vienen todos los bienes, según ella misma promete (Sab. 7,11).




He aquí el camino, la "técnica" espiritual que nos brinda Dios y su Iglesia para iluminarnos y fortalecernos en la dolorosa y continua lucha con el pecado, y elevarnos a la unión de amistad con Él, al escuchar la miel de su Palabra y descubrir en ella la suavidad, los atractivos, las excelencias de Aquél que nos amó primero (I Juan 4,10); que nos mira con ojos de misericordia como un padre mira a sus hijos (Salm. 102,13), y cuyo amor llegó a la prueba suprema de darnos su Hijo único (Juan 3,16), en el cual tiene puestas todas sus complacencias (Mat. 17,5).



                                     




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LA IGLESIA Y LA BIBLIA - Monseñor Straubinger (7)

 



División de este libro



Esta obra que hoy presentamos a los amantes de la Sagrada Escritura abarca en su primera parte el texto íntegro de la nueva Encíclica "Divino Afflante Spiritu". A ésta se agregan otras normas pontificias acerca de la Biblia, aunque no todas (para ello remitimos al lector al "Enchiridion Biblicum"), sino solo aquéllas que se refieren al "Apostolado bíblico", es decir, las normas que tratan principalmente de la lectura, meditación y estudio práctico de la Sagrada Escritura, sin pretender tampoco agotar con ello el tema, de suyo inagotable.




Una cosa nueva será para muchos, la nómina de "Cien Testigos" que van en el Apéndice y que muestran cómo, además de las autoridades eclesiásticas, los Padres y Doctores de la Iglesia, los Santos, los maestros de la vida espiritual, y los más destacados escritores católicos de nuestros días han recomendado el aprovechamiento de la Escritura como pan espiritual.




Por razones de brevedad hemos escogido solamente cierto número de esas innumerables joyas. En realidad podríamos llenar todo un volumen para evidenciar la continua preocupación de la Iglesia por cumplir los anhelos y la enseñanza del Apóstol de los gentiles: "la Palabra de Cristo en toda su abundancia tenga su morada entre vosotros" (Col. 3,16).




Los testimonios alegados bastarían para probar la verdad de las palabras de J. Hogan citadas por el Cardenal Gomá: "Los primeros cristianos no tenían otro libro que la Biblia; ella les bastaba para inspirarles y guiarles; desde entonces, nada ha perdido de su autoridad ni de su fuerza para iluminar la inteligencia y determinar la voluntad. Habrá otras fuentes de doctrina espiritual que podrán, en un momento, solicitarnos con mayor atractivo; pero las aguas son siempre más frescas en su manantial, y los más grandes y más sabios vuelven siempre a beber de ellas, repitiendo la frase de San Pedro: "Señor, ¿a quién iremos? Tú tienes las palabras de vida eterna" (Juan 6,68).



Continuará...



                       





Continuará...







LA IGLESIA Y LA BIBLIA - Monseñor Straubinger (6)

 



La Sagrada Escritura en los Seminarios.



No nos extrañe que el Sumo Pontífice toque también el problema del estudio de la Sagrada Escritura en los Seminarios, en los cuales muchas veces la Introducción ocupa muchas más clases que la exégesis y la lectura del sagrado texto. Los sacerdotes no pueden cumplir con el deber de repartir al pueblo cristiano el pan de la Palabra de Dios "si ellos mismos mientras moraron en los Seminarios no se empaparon de activo y perenne amor hacia las Sagradas Escrituras".




"Conviértanse así las Letras divinas para los futuros Sacerdotes de la Iglesia en fuente pura y perenne de la vida espiritual de cada uno y en alimento y fortaleza del oficio sagrado de la predicación que van a recibir. Si llegaran a conseguir esto los profesores de esta importantísima asignatura en los seminarios, persuádanse con alegría de que han contribuido notablemente a la salvación de las almas, al progreso de la causa católica, al honor y la gloria de Dios y que han llevado a cabo una obra en estrechísima relación con su oficio apostólico".




Gracias a la encíclica que estudiamos se despeja también definitivamente el horizonte en la cuestión de intercalar notas dentro del sagrado texto. Resulta así igualmente confirmada por la Autoridad Eclesiástica la depuración que en nuestra edición de la Sagrada Escritura hemos hecho del texto de Torres Amat, y principalmente la eliminación de los agregados en bastardilla, a los Misales para los fieles y otros libros litúrgicos, dando así ocasión a falsas interpretaciones. El Papa señala con respecto a los Códices la necesidad la necesidad de "restablecer lo más perfectamente que se pueda el texto sagrado... librándolo en lo posible de glosas, lagunas, inversiones de palabras", etc.; regla que sin duda alguna hemos de aplicar también a las ediciones modernas.




No puede ser, pues, sino muy grande nuestra esperanza en los frutos que, por el favor de Dios producirá la grandiosa Encíclica de S.S. Pío XII; esperanza que será compartida, lo sabemos, por cuantos cultivan en el Cuerpo Místico de Cristo esa fraternidad especialmente íntima y espiritual que nace del común amor a la Palabra, según enseña el Salmista cuando invita a reunirse con él a cuantos conocen los testimonios de Dios. (Salmo 118, 79).




A esos amigos de la Sagrada Escritura, especialmente a los sacerdotes, van nuestros votos más fervientes por los frutos del apostolado de la Palabra, siembra común que hacemos a veces sin saberlo ni conocernos siquiera unos a otros, pero cuya fertilidad nos asegura "el Dueño de la mies" cuya gloria buscamos únicamente.




Continuará...



                                              




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LA IGLESIA Y LA BIBLIA - Monseñor Straubinger (5)

 



Directivas para los exégetas.


Aquellos que llevan el grave cargo de intérpretes y profesores de la Sagrada Escritura, agradecerán asimismo las directivas que el Papa establece para la investigación del sentido literal, el primero de todos, y con el cual, según Santo Tomás, únicamente se puede argumentar: "Omnes sensus (Scripturae) fundantur super unum, scilicet litteralem, ex quo solo potest trahi argumentum". La Pontificia Comisión Bíblica en una carta fechada el 30 de agosto 1941 y dirigida a todos los Obispos de Italia, recalca ese mismo principio contra un autor anónimo que intentaba desacreditarlo. (Véase Rev. Bíbl. Nº 20, p. 293-296).



Claro está que no se prohíbe investigar, como alimento de la piedad, otros sentidos que pueda tener la Palabra de Dios, pero siempre y ante todo hay que averiguar cuál fue el sentido que quiso expresar el autor sagrado. La nueva Encíclica dice al respecto: "Así pues, deduzcan los exégetas con toda diligencia la significación literal de las palabras con su conocimiento de las lenguas, acudiendo al contexto y comparando con otros pasajes semejantes: subsidios todos de que suele echarse también mano en la interpretación de los escritores profanos, con el fin de que se aclare hasta la evidencia el pensamiento del autor. Pero los exégetas de las Letras Sagradas, recordando que en este caso se trata de la palabra inspirada por Dios, cuya custodia e interpretación fue encomendada por ese mismo Dios a la Iglesia, han de tener en cuenta con no menor diligencia las explicaciones y declaraciones del Magisterio de la Iglesia e igualmente las explicaciones dadas por los Santos Padres y también la "analogía de la fe", como advirtió sabiamente S.S. León XIII en la Encíclica Providentissimus Deus".



Del inmenso trabajo que aguarda a los expositores católicos, nos da una idea el mismo Papa hablando de lo que queda por hacer y añadiendo que puede "tener la exégesis, como los tienen otras disciplinas, sus secretos propios insuperables para nuestras mentes e imposibles de descubrir por esfuerzo alguno".



¡Y con qué cariño tan paternal anima el Papa a los exégetas, "estos valientes obreros en la Viña del Señor", a que continúen su difícil tarea, porque "sólo muy pocas cosas hay cuyo sentido haya sido declarado por la autoridad de la Iglesia, y no son muchas más aquellas en las que sea unánime la sentencia de los Santos Padres. Quedan, pues, muchas otras y gravísimas, en cuya discusión y explicación se puede y debe ejercer libremente la agudeza y el ingenio de los intérpretes católicos". ¡Y cómo los defiende y pide para ellos no solamente "imparcialidad y justicia", sino también "suma caridad" de parte de quienes creen que todo lo que es nuevo es por ello mismo sospechoso!



Continuará...




                                    










LA IGLESIA Y LA BIBLIA - Monseñor Straubinger (4)

 




Aclaraciones sobre cuestiones discutidas


Además de estas preciosas normas prácticas, la nueva Encíclica brinda al mundo católico aclaraciones sobre importantes temas discutidos en el ambiente exegético. Así p. ej. nos estimula de un modo singular a emprender nuevas traducciones según los originales hebreo y griego respectivamente.



Este ideal, ya expresado por el Concilio Tridentino, y dejado a salvo por él, al elegir la Vulgata para el uso ordinario de la Iglesia, lo acentúa ahora el Pontífice con palabras y conceptos extraordinariamente expresivos, diciendo que los Padres de aquel Concilio "rogaron expresamente al Sumo Pontífice que en beneficio de las ovejas de Cristo confiadas a su beatitud, procurase que, además de la edición Vulgata latina, la Iglesia Santa de Dios tenga, por obra suya, un códice griego y uno hebreo, a ser posible corregido; y si entonces, por las dificultades de los tiempos y otros obstáculos, no se pudo responder plenamente a este deseo, al presente, como confiamos, sí que se podrá satisfacer con más amplitud y perfección, aunadas las fuerzas de todos los doctores católicos".



Señala también el Papa cómo los teólogos escolásticos no poseyeron suficiente conocimiento del griego ni del hebreo para aprovechar el texto original, y afirma que éste tiene sin embargo "mayor autoridad y peso que cualquier traducción antigua o moderna por buena que sea", por lo cual merece llamarse "ligero y descuidado" el que hoy se cierra el acceso a los textos originales. Confirma el Papa que la declaración de la Vulgata como "auténtica" en modo alguno disminuye la autoridad y fuerza de los originales; pues esa elección de la Vulgata fue hecha "entre las versiones latinas que en aquella época circulaban", no con respecto a los originales. Aclara, en fin, que esa autenticidad de la Vulgata "más bien merece el nombre de jurídica que el de crítica". (1)



"Por eso -así dice la Encíclica- esta autoridad de la Vulgata en cosas de doctrina no impide -más aún, casi exige en el día de hoy- que esta misma doctrina se compruebe y confirme por los mismos textos originales y que se invoque continuamente el auxilio de los mismo textos, con los cuales se aclare y patentice cada día más la recta significación de las Sagradas Letras".



Concluye el Sumo Pontífice este capítulo de la Encíclica expresando el anhelo de que se realicen, al alcance de todos, "versiones a las lenguas vivas" y "directamente de los textos originales, como sabemos que se han hecho ya laudablemente en muchas regiones, con la aprobación de la autoridad eclesiástica".



A la luz de estas lecciones de la Suma Autoridad de la Iglesia, vemos cuánto valor cobran esas versiones, como por ejemplo la excelente Biblia francesa de Crampon, no poco difundida ya entre nuestros estudiosos. Así quiera Dios se pueda ofrecer una, en tiempo no remoto, al público de habla española, que no la ha tenido nunca, pues solo existe como tal la edición no católica llamada Versión Moderna, carente de los Libros Deuterocanónicos; y aun en ella hemos encontrado muchas cosas en que no sigue a los originales sino a la Vulgata.



Aspiramos a que en esa futura edición las notas no solamente señalen, como suele hacer Crampon, las diferencias con la Vulgata, añadiendo algunas explicaciones de exégesis más bien científica, sino que principalmente, como quiere el Papa, expongan "doctrina que sirva para aumento de la fe, y base de predicación", o en otros términos, que sean ellas mismas predicación y elogio de las cosas reveladas. También a este respecto, la nueva Encíclica ha confirmado muy señaladamente, en su orientación y carácter, las notas de nuestra edición castellana de la Vulgata en curso de publicación, cuyo cuarto y último volumen (3º del Ant. Test.) esperamos ofrecer en breve con el favor de Dios.


(1) Esta clara afirmación, que hasta hoy habría parecido arriesgada en quien no fuese el Sumo Pontífice, confirmado lo expresado por el Dr. Steinmüller en su nueva y excelente obra "Companion to the Scriptures", en la cual relata expresamente cómo fue desestimada por los Padres del Concilio la proposición del Cardenal Pacheco que pretendía que la versión Vulgata fuese adoptada con exclusión de todo otro texto.



Continuará...



                                         









LA IGLESIA Y LA BIBLIA - Monseñor Straubinger (3)

 




LA OBRA DE LOS SUMOS PONTÍFICES



Y después de alabar, trabajar. Continuar la obra del renacimiento bíblico que los Sumos Pontífices han iniciado en sus Encíclicas "Providentissimus Deus", "Spiritus Paraclitus" y "Divino Afflante Spiritu", ensanchando progresivamente los horizontes hasta romper de una manera categórica con la reserva otrora impuesta por motivos circunstanciales y extraordinarios a raíz de la reforma protestante, pero hoy día suspendida por la Suma Autoridad Eclesiástica. Tan grande fue en aquellos tormentosos tiempos el abuso de la Palabra de Dios, que S.S. el Papa Pío IV se vio obligado a prohibir en el Índice (regla III y IV) la indiscreta lección de la Sagrada Escritura en lengua vulgar, disponiendo que se pidiese licencia al Ordinario o al Inquisidor.




En compensación, diríamos, y para que no se descuide "aquel tesoro celestial de los libros sagrados", ordena el mismo Concilio de Trento (Ses. V del 17 de Jun. de 1546, cap. I de ref.) la institución de cátedras de Sagrada Escritura en las Iglesias catedrales, conventos, colegios y la creación de nuevas prebendas para ello en otras iglesias (Cf. Enchiridion Bibl. 50-57) y ordena que en las misas solemnes o en la celebración del culto divino de los días festivos y de las solemnidades se expongan las Divinas Letras (sacra eloquia) o las saludables enseñanzas.



                                             




En el año 1757 S.S. Benedicto XIV saca definitivamente del Índice las traducciones de la Biblia en lengua vulgar -la lectura de los textos originales y de la Vulgata latina nunca estuvo prohibida- y en adelante los Sumos Pontífices no se cansan de fomentar de todas las maneras el estudio de la Palabra de Dios, erigiendo un Instituto Bíblico en las dos capitales de la Cristiandad: Roma y Jerusalén; instituyendo la Pontifica Comisión Bíblica compuesta de los mejores escrituristas del orbe católico; inculcando sin cesar al clero el grave deber de predicar todos los domingos el Evangelio; aprobando asociaciones católicas para la difusión del Evangelio y de la Biblia en general; concediendo indulgencias a los que lean el Evangelio, insistiendo en su lección diaria en los hogares cristianos; promoviendo congresos del Evangelio y semanas bíblicas; alentando la publicación de revistas bíblicas, etc., etc. Y después de todo esto, ¿puede haber todavía católicos que crean que la Biblia es un libro protestante que no le es permitido leer a un hijo de la Iglesia Católica? ¡Qué daño tan inmenso para la espiritualidad resultó de este infundado temor!




Gracias a las incesantes insistencias de los últimos Papas, la situación ha mejorado notablemente. Vemos brotar en todos los países católicos una nueva primavera bíblica, íntimamente unida al movimiento litúrgico y a la profundización del dogma central del Cuerpo místico: ¡Cristo en todos y todo en Cristo! Él, por la Eucaristía y por su Palabra, vivificando a la Iglesia como la cabeza al cuerpo, como la vid a los sarmientos!



Continuará...


LA IGLESIA Y LA BIBLIA - Monseñor Straubinger (2)

 



LA IGLESIA Y LA BIBLIA - Monseñor Straubinger (2)


Este concepto tan sobrenatural y divino de la Sagrada Escritura trasciende de la nueva y admirable Encíclica "Divino Afflante Spiritu", que acaba de brindarnos el Sumo Pontífice Pío XII. La Biblia, dice allí el Papa, no fue dada por Dios como objeto de curiosidad o de estudios, sino para que estas divinas palabras nos pudieran "instruir para la salvación mediante la fe que cree en Jesucristo" y "para que el hombre de Dios sea perfecto y esté apercibido para toda obra buena" (II Tim. 3, 15 y 17).




Esta Encíclica bíblica que, más que las anteriores, hará época en los anales escriturísticos de la Cristiandad, nos llena de singular gozo y nos ha estimulado a preparar y editar la presente colección de normas pontificias referentes a la lectura y el estudio de la Sagrada Escritura, ya que vemos en tan magnífico documento la aprobación más competente de las actividades en el campo de la exégesis, en la edición de los Libros sagrados y en el apostolado de los órganos periodísticos, como nuestra "Revista Bíblica"; publicaciones que el Papa recomienda de un modo especial.



                                                      




La Biblia es el libro de espiritualidad por excelencia.


La reciente Encíclica destaca decisivo y transcendental el valor de la Sagrada Escritura como libro de espiritualidad por excelencia; medida cuyo mérito hemos de apreciar más que nadie los que, teniendo el privilegio de haber sido llamados al estudio y enseñanza del divino Libro, podemos descubrir y admirar cada día nuevos tesoros de su sabiduría, insondable como un mar sin orillas (Eccli. 24, 35-39).




Lo que desea el Vicario de Jesucristo es que "la Palabra de Dios, dirigida a los hombres por medio de las Sagradas Escrituras, sea cada día más total y perfectamente conocida y con más vehemencia amada"; y, refiriéndose a los trabajos de los exégetas, no vacila en afirmar "que los fieles y especialmente los sacerdotes, tienen la grave obligación de usar copiosa y santamente de ese tesoro reunido a lo largo de tantos siglos por los más altos ingenios".




Más aún, Pío XII exhorta con todo ardor apostólico, como ya sus predecesores Pío X y Benedicto XV, a la lección diaria de la Sagrada Escritura en las familias cristianas: "Favorezcan, pues", dice el Papa a los Obispos, "y presten ayuda a aquellas piadosas asociaciones que se proponen difundir entre los fieles las ediciones de la Biblia y en especial de los Evangelios y procurar con todo empeño que su lectura diaria se haga en las familias recta y santamente"; lo que sin duda, y cien veces más, ha de servir de directiva a las familias de religiosos y religiosas, a los conventos, colegios y seminarios, todos los cuales, sin excepción alguna, harán de la Escritura su lectura diaria.




Ante tal alentadora voz del Vicario de Jesucristo, los amantes de la Sagrada Escritura se sentirán movidos a ofrecer un fervoroso "sacrificio de alabanza", como tantas veces lo tributó David viéndose oído en sus oraciones y súplicas, al Padre de las luces, de quien procede todo el bien que recibimos (Sant. 1, 17).




Continuará...



                                   











LA IGLESIA Y LA BIBLIA - Monseñor Straubinger (citas y extractos)

 



LA IGLESIA Y LA BIBLIA (Monseñor Straubinger) 



Citas y extractos




Después de la divina Eucaristía, o mejor, junto con ella, nada puede ofrecerse a las almas tan precioso como la Palabra de Dios -el Verbo- explicada en forma que haga de la Escritura revelada el libro de la vida espiritual por excelencia. Porque, según la clásica expresión de San Agustín, "Verus Christus et in verbo et in carne", Jesús vive entre nosotros no sólo en la Eucaristía sino también en su santa Palabra, el Evangelio. Lo mismo supone el Kempis cuando dice: "Sin estas dos cosas (Eucaristía y Sagrada Escritura) ya no podría yo vivir rectamente, porque la palabra de tu boca luz es del alma, y tu sacramento es pan de vida" (Imit. de Cristo IV, 11).



Continuará...




                           


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CIEN TESTIGOS DEL PODER DE LA SAGRADA ESCRITURA (Mons. Straubinger) (11 y última)

 



* Testigo 90º: Mons. Audino Rodriguez y Olmos, Arzobispo de San Juan

"La Revista Bíblica... constituye un síntoma revelador. Ello significa que estamos volviendo de lleno a las fuentes de espiritualidad que habíamos descuidado, y retornamos al camino que ha de conducirnos a la vida, con renovada comprensión y perfecta conciencia". [Carta al Director de la Revista Bíblica, 12 Oct. 1939]




* Testigo 91º: Paul Claudel

"Creo que todo el mundo estará de acuerdo conmigo para otorgar a la Biblia el título del más grande Libro de la Humanidad. Es el libro por excelencia; en él toda nuestra civilización cristiana ha aprendido a leer; de él nosotros, pueblos de Occidente, hemos extraído todas nuestras ideas morales, artísticas y literarias; de él desbordó, como de un río gigantesco de aguas fecundas un tesoro inagotable de santidad y de genio, desde las catedrales románicas hasta el “Mesías” de Haendel, pasando por la Capilla Sixtina. El gran beneficio que nuestros hijos obtendrían de un conocimiento siquiera fuese superficial de la Sagrada Escritura, siempre tan viviente y tan actual, reside en que ella establece entre el mundo físico en que vivimos y el mundo interior de donde extraemos nuestras razones de vivir, una relación sustancial llena de hallazgos e inestimables satisfacciones para espíritus ingenuos y sanos. Y a la par que nos interesa y nos deleita, alimenta a nuestra alma. Ese libro prodigioso ha quedado a nuestra disposición, y resulta muy triste comprobar que hoy sea objeto de olvido, incomprensión y desconocimiento tan generales".




* Testigo 92º: Mons. Carmelo Ballester Nieto, Obispo de León

"A las Sagradas Escrituras, más particularmente al Nuevo Testamento, y más específicamente aún a los Santos Evangelios, debe recurrir el Sacerdote para ser un ministro verdadero; en él debe mirarse como en un espejo para saber cómo debe vivir; en él debe leer para aprender lo que tiene que enseñar al pueblo; en él debe meditar el contraste de consuelo y de horror que ofrece a todos los ministros de Dios la conducta santa de Sacerdotes y de personajes como Zacarías, el Precursor, el Príncipe de los Apóstoles, el Discípulo predilecto, y la conducta tan triste de los Sumos Sacerdotes Anás, Caifás, Ananías y del Apóstol traidor, Judas. El Sacerdote, en el Evangelio encuentra también a Jesús, el Sacerdote por excelencia. ¡Qué encantadora resulta para todo Sacerdote la Persona de Jesús! ¡Cuán fácilmente se le ve modelo de vida interior, siempre unido a su Padre, a su Santísima Voluntad, recurriendo con frecuencia a la oración! ¡Cuán fácilmente se le ve también modelo de esa vida apostólica serena, pura de intención, y siempre activa, que debe ser la vida de todo sacerdote!" [Prólogo del Nuevo Testamento]



                                             




* Testigo 93º: Mons. Antonio M. Barbieri, Arzobispo de Montevideo

"Su obra, por todos estos motivos, es altamente meritoria, y contribuirá sin duda a una mayor inteligencia del texto sagrado cuyo estudio se hace cada día más necesario. Le felicito, pues, de corazón por su trabajo, esperando que pueda completarlo con los volúmenes que han de seguir a este primero, y asegurando una larga difusión a esta edición". [Carta al Director de la Revista Bíblica (25 Marzo 1943)]




* Testigo 94º: Cardenal Santiago Luis Copello, de Buenos Aires

"En esas sagradas páginas el cristiano encuentra siempre el alimento espiritual que su alma necesita. Ahí el cristiano humilde templa su fe, aumenta su caridad y fortalece su esperanza, asegurando su eterna salvación con todas y cada una de las acciones de su vida realizadas conforme a esas hermosas enseñanzas evangélicas". [Prefacio de la edición argentina de los Santos Evangelios del Cardenal Gomá]



"La mayor desgracia de la humanidad ha sido y es, el haberse apartado de la lectura y la práctica de la Doctrina predicada por Jesús Nuestro Señor, y contenida en los Santos Evangelios. Volver a la lectura y a la meditación constante del Santo Evangelio, para luego, por medio de las obras, poner en práctica esa Doctrina, será el único remedio para tantos males que afligen a la humanidad".



"Volvamos al Evangelio, para que el Evangelio vuelva a la Sociedad, a las familias, a las conciencias, y sea estudiado, comprendido, vivido y difundido".



"Bendecimos la formación de los Grupos del Santo Evangelio que proyecta esa Federación (de Maestros Católicos) con todas las garantías establecidas por la Santa Iglesia y concedemos 200 días de indulgencia a cuantos asistan a sus reuniones".




* Testigo 95º: Mons. Juan P. Chimento, Arzobispo de la Plata

"Sin desconocer los méritos de las obras ascéticas, cuyos quilates están definitivamente consagrados por los más prestigiosos maestros de la vida sobrenatural, es evidente que nunca pueden ser puestas en parangón con el mensaje celestial que hallamos en las Sagradas Escrituras. Entre éste y aquellas media la distancia infinita que va de la palabra humana a la palabra divina". [Carta-prólogo al Nuevo Testamento ed. Guadalupe]



                                  



* Testigo 96º: Resoluciones del Primer Congreso Argentino del Evangelio (10-13 Oct. de 1942)

Entre otras: El Primer Congreso del Santo Evangelio resuelve: Hacer revivir especialmente las recomendaciones de S.S. León XIII en su Encíclica del 18 de Noviembre 1893. El Soberano Pontífice recomienda cuatro medios para restituir el Evangelio a su debido lugar en el mundo:

1) Que todas las familias cristianas posean el libro del Santo Evangelio; que se lea un pasaje a lo menos a la noche después de la oración hecha en común. Que esta lectura se haga algo más provechosamente en las largas noches de invierno.

2) Que se lo lea y se lo estudie en todas las escuelas católicas, primarias, secundarias y superiores. Es necesario, en la enseñanza católica, dar ante todo el primer puesto al Santo Evangelio. Es necesario estudiarlo más que la Aritmética y la Gramática.

3) Que en las Parroquias se haga una corta lectura del Santo Evangelio en todas las reuniones de los fieles, asociaciones, cofradías, etc., además del Evangelio dominical.

4) Que en cada Parroquia o asociación católica haya un pequeño grupo de hombres o de fieles, de distintas categorías, más profundamente instruidos en el Evangelio. Podrán reunirse todas las semanas o a lo menos todos los meses para estudiar el Evangelio con un sacerdote. Serán para las Parroquias y las asociaciones lo que los Apóstoles de N.S.J. después de haber sido evangelizados por Él, han sido para el mundo entero.




* Testigo 97º: Gustavo Martínez Zuviría (Hugo Wast)

"La Eucaristía que es el Cuerpo real de Cristo, y la Biblia, que es la verdadera palabra de Dios, son los alimentos por excelencia del alma católica".



"No hay lectura ni más substancial ni más adecuada para los tiempos que corren; siempre que sea hecha con reverencia y atención al sentido que le da la Iglesia, su exégeta infalible, o que le dan los Santos Padres, en los muchos puntos en que no hay interpretación fijada por ésta". [Rev. Bíblica, num. 6, pag. 15]




* Testigo 98º: P. B. Pujol, Superior General de los Operarios Diocesanos

"Los autores de tales libros nos estimulan a que estudiemos también nosotros directamente bajo tal aspecto la Sagrada Escritura. Quien así la estudie, hasta sin nombrarla, será capaz de darla constantemente a conocer y de hacerla amar intensamente; y ese estudio e interés del educador le convertirán, por decirlo así, en un compendio del Evangelio. Si escribió Tertuliano esta bella frase: “Christianus, compendium Evangelii”, ¿cuánto más aplicable deberá ser a todo formador del clero? Dios, en su infinita bondad, dé a la Santa Iglesia en el mundo entero abundancia –legión- de tan cabales educadores". [Revista Bíblica 1942, pag. 139]


                                               



* Testigo 99º: Mons. Edwin V. O’Hara, Obispo de Kansas City

"Que la Iglesia vea en la Biblia un libro popular se sigue del hecho de que ella antes de la invención de la imprenta pintara todas las escenas y lecciones bíblicas en las paredes y vidrieras de sus catedrales, y que ella, después de llegada la imprenta, haya multiplicado con infinita solicitud las ediciones del Sagrado Texto en todas las lenguas, concediendo de su tesoro espiritual indulgencias a todos los que procuren leerla con espíritu de piedad y docilidad". [Véase Plassmann: “The Book called Holy”, Prefacio]




* Testigo 100º: S.S. Pío XII, Papa

"El Evangelio es principio, fuerza y fin de todo Apostolado". [Carta al Cardenal Gomá, 3 de Mayo de 1936]


"No permitáis, pues, se debilite vuestra constancia y virtud; sacad de las inagotables fuentes de los Sagrados Libros, diariamente, en cuanto posible sea, el espíritu de Jesucristo y de los Apóstoles, el cual resplandezca siempre en vuestras almas, palabras y obras". [Alocución a los Seminaristas, 24 Junio 1939]


"Vosotros debéis siempre llevar adelante vuestra campaña para propagar el Evangelio con discreción y hacer que las gentes comprendan la aplicación de los principios eternos a las necesidades y condiciones de los tiempos actuales". [Alocución a los jóvenes, 10 Nov. 1940].


     


FIN


CIEN TESTIGOS DEL PODER DE LA SAGRADA ESCRITURA (Mons. Straubinger) (1)
CIEN TESTIGOS DEL PODER DE LA SAGRADA ESCRITURA (Mons. Straubinger) (2)
CIEN TESTIGOS DEL PODER DE LA SAGRADA ESCRITURA (Mons. Straubinger) (3)
CIEN TESTIGOS DEL PODER DE LA SAGRADA ESCRITURA (Mons. Straubinger) (4)
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CIEN TESTIGOS DEL PODER DE LA SAGRADA ESCRITURA (Mons. Straubinger) (10)

 




* Testigo 76º: L. Cl. Fillion, Traductor de la Biblia al Francés

"Los sacerdotes no se dan suficientemente cuenta del bien que pueden producir a muchos laicos la lectura de los Evangelios, del Nuevo Testamento, del Antiguo Testamento, hecha con buenas disposiciones". [L’Etude de la Bible, pag. 107]



* Testigo 77º: Mons. Pablo G. Von Keppler, Obispo de Rottenburgo

La Sagrada Escritura es el libro de la consolación, regalado a nosotros por Nuestro Señor Jesucristo y Dios Padre nuestro, el cual nos amó y nos dio el consuelo eterno y la buena esperanza de la gracia (II Tes. 2, 15). “Bendito sea el Dios y Padre de Nuestro Señor Jesucristo, el Padre de las misericordias y Dios de toda consolación, el cual nos consuela en toda nuestra tribulación” (II Cor. 1, 3ss). [Escuela del Dolor, núm. 180]




* Testigo 78º: Cardenal L. E. Dubois, de París

"Demasiado tiempo se ha descuidado el uso diario de la lectura de nuestros Libros Santos como alimento habitual. La Iglesia desea que el pueblo cristiano se familiarice cada vez más con los textos sagrados; todos aquellos que le ayudan a realizar ese deseo son, a sus ojos, buenos obreros a quienes alienta y bendice". [Carta-prefacio a la nueva edición de la Biblia por Crampon]


* Testigo 79º: Cardenal D. J. Mercier

"El mejor medio para habituarse al culto y a la inteligencia del Misterio cristiano es la práctica constante de la lectura, con espíritu de fe, de los Libros del Nuevo Testamento, especialmente de los escritos de San Pablo y de San Juan, y, en particular, las cartas a los Efesios, a los Colosenses y a los Hebreos; el sermón de Nuestro Señor después de la Cena y el Apocalipsis; del Antiguo Testamento, los Libros sapienciales y los Salmos". [Vida interior, pag. 470]



                                 



* Testigo 80º: S.S. Pío XI, Papa

"Solamente la ceguera y la terquedad pueden cerrar los ojos ante los tesoros de saludables enseñanzas escondidas en el Antiguo Testamento. Por tanto el que pretende que se expulsen de la Iglesia y de la escuela la Historia Bíblica y las sabias enseñanzas del Antiguo Testamento, blasfema de la Palabra de Dios, blasfema del plan de salvación del Omnipotente y erige en juez de los planes divinos un estrecho y restringido pensamiento humano". [Encíclica “Mit Brennender Sorge”].



S.S. Pío XI, hablando a estudiantes universitarios, les recomienda la lectura del Evangelio, no sólo porque narra lo que Jesucristo ha dicho y ha hecho, sino porque contiene lo que Él quiso que fuese legado a nosotros como necesario para nuestra instrucción y santificación” [Discurso a la Fed. Univ. Cat. Ital. 6 de Enero de 1927].


"Fuera del Santo Evangelio no hay otro libro que pueda hablar al alma con tanta luz de verdad, con tanta fuerza de ejemplos y con tanta cordialidad".




* Testigo 81º: Los Obispos de Suiza

"El Evangelio es el más hermoso libro que más que los demás conforta el corazón de los fieles y lo eleva. Apoyándonos en el ejemplo de la Iglesia, os exhortamos a leer muy a menudo el Evangelio; si es posible, todos los días". [Carta pastoral del año 1922]




* Testigo 82º: March - Ferreres

"Lo primero que hace un embajador que quiere ser admitido en la corte de un soberano, es presentar sus credenciales. Pues, siendo también nosotros embajadores de Jesucristo, pro Christi ergo legatione fungimur (II Cor. 5, 20), presentemos nuestro título, que es la Sagrada Escritura. Sus pruebas tienen grande eficacia, no sólo por la autoridad y unción divina del Espíritu Santo que las acompaña, sino también por la irresistible fuerza de los argumentos que en ella se aducen, sobre todo en los libros morales. Debe, pues, el predicador estudiar y hacerse familiar con esta ciencia sagrada, si quiere hacer fruto y como divinizar el discurso; pues sin esta autoridad no sólo sería árida y estéril su palabra, sino que sus reflexiones parecerían puramente humanas". [Tesoro del Sacerdote, tomo II, num. 687]



                                                                                 



* Testigo 83º: Mons. Mario Besson, Obispo de Friburgo (Suiza)

"La Iglesia ha cuidado siempre de una sólida instrucción religiosa mediante las Sagradas Escrituras, poniendo, sin embargo, un celo especial y justificado en evitar que los fieles, por una forma inadecuada de instruirse, perjudiquen la solidez de su fe". [L’Eglise Catholique et la Bible]




* Testigo 84º: Cardenal Isidro Gomá y Tomás, de Toledo

"La composición de una homilía, sea exegética o temática, supone un estudio directo del texto bíblico sobre que se predica. Ya no es en este caso la Escritura un elemento de aportación, más o menos homogéneo con el pensamiento que intentamos desarrollar, sino que el mismo texto suministra la materia y es como el ‘motivo’ o tema general de la predicación, que no puede desentenderse del sagrado texto sino para las inmediatas aplicaciones que de él derivan". [La Biblia y la Predicación, p. 280]


"El primer deber del predicador será estudiar las Sagradas Escrituras. Este estudio no es el de una asignatura; debe ser de toda la vida sacerdotal, porque es estudio fundamental para la vida del espíritu y para el ejercicio del ministerio en el púlpito y fuera de él; tanto y hasta cierto punto más que el mismo estudio de los textos de la teología y de la moral". [La Biblia y la Predicación, p. 299]




* Testigo 85º: Cardenal Miguel Faulhaber, de Munich

“En la abundancia del tiempo nos habló a través de Su Hijo”. ¡Observemos y santifiquemos, pues, lo que nos dijera el Hijo, releyéndolo constantemente en los Evangelios! Encontraremos tiempo para ello si lo queremos sinceramente y si economizamos tiempo en las otras cosas. El Evangelio es más que cualquier libro de hombres, y por eso ningún libro de hombres puede reemplazarlo perfectamente. ¡Obsequiad más libros de valor educativo con motivo de la Navidad! Pero la preferencia sobre todos los libros corresponde al Libro de los libros, sobre todo al Evangelio y las demás Escrituras del Nuevo Testamento. La Navidad es el día de la fiesta de los tres Evangelios con la triple bendición: “La lectura del Evangelio sírvanos de gracia y protección”, “Que se remitan nuestros pecador por el Verbo del Evangelio”, “Cristo, Hijo de Dios, enséñanos la palabra de tu Evangelio”: Una tempestad ruge a través de nuestro país, y ella quisiera arrojar las Sagradas Escrituras del suelo alemán porque las considera como libros judíos. Estoy seguro de que esta tempestad más pronto avivará en todas las religiones sagradas el fuego de un nuevo entusiasmo por las Sagradas Escrituras. Nuestros hermanos separados no se arrodillan junto a nosotros en el banco de la comunión. Pero el creyente estudio del Sagrado Evangelio es la comunión espiritual con nuestro Señor y Salvador. En el mes de mayo del año 1928 se celebró en Turín una gran asamblea pro divulgación de las Sagradas Escrituras bajo el lema: “Conocer, vivir y difundir el Evangelio”. En aquella oportunidad, el Santo Padre Pío XI escribió a aquella asamblea: “Ningún libro puede hablar al alma con tanta fuerza de ejemplo y con tanta cordialidad como el Santo Evangelio”. [Judaísmo, Cristianismo, Germanismo, pág. 82 y 83]


"El Evangelio es el mejor libro de devoción y meditación".



                       



* Testigo 86º: P. Cordovani, Maestro de los Sagrados Palacios

"El libro que debe hallarse en el primer puesto de la biblioteca de un sacerdote es la Sagrada Biblia en una buena traducción en la lengua patria, hecho libro de meditación y de estudio, inseparable del Breviario, el cual también tiene tanta parte de la Biblia".




* Testigo 87º: Cardenal Nasalli Rocca di Cormeliano, Arzobispo de Bolonia (al bendecir una sociedad bíblica)

"Es un consuelo para Nos, ver en Bolonia, los primeros albores de una asociación de hombres cultos, que se llaman “Siervos de la Eterna Sabiduría”, porque, con humildad, se acercan a aquellas fuentes, donde el intelecto tiene que aprender riquezas estupendas. Con humildad; la que falta a nuestros contemporáneos, los cuales no quieren inclinar la cabeza delante de Dios, hecho humilde maestro de los hombres, desde la cuna de Belén hasta la ignominia del Calvario; pero bajan, sí, la cabeza delante de verdaderos desequilibrados de la ciencia ¡Oh! Bendecimos de corazón la oportuna, nobilísima forma de apostolado, que, sobre todo en las grandes ciudades, puede ser centro irradiador de un sano calor de vida, en una atmósfera glacial de prejuicios e ignorancia, que se respira en las más altas esferas sociales".




* Testigo 88º: Mons. Luis Civardi

"Se impone por ende un retorno a los orígenes. Es necesario reabrir el libro de los Evangelios, volver a ponerlo entre las manos de los fieles, hacerlo entrar, como honorable huésped, en todos los hogares cristianos. Este retorno a la lectura del Evangelio ha sido auspiciado por todos los últimos Pontífices. Y no bastará para esto que se lo lea una sola vez. Al contrario, deberá ser el compañero de toda nuestra vida, el libro base de nuestra ascesis; el pan de todos los días, que se convierte en sangre del espíritu; que a nuestra alma debilitada por el pecado Jesucristo ha dejado estos dos alimentos: la Eucaristía y el Evangelio". [Directivas a la Acción Católica Italiana]



                                      



* Testigo 89º: P. A. Tanquerey

"El libro de los Salmos es el libro de oración por excelencia en el que hallamos expresos, en un lenguaje lleno de vida y de actualidad, los más sentidos afectos de admiración, de adoración, de temor filial, de agradecimiento y de amor, junto con las más ardientes súplicas en las más varias circunstancias y más angustiosas; las invocaciones del justo perseguido a la justicia divina; los ayes de dolor del pecador contrito y humillado; la esperanza del perdón y de la misericordia, y la promesa de una vida mejor. Leerlos una y otra vez, meditar en ellos, y con ellos acompasar nuestros afectos, es cosa que mucho santifica". [Compendio de Teología ascética y mística, n° 575 c.]


Continuará...



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