* Testigo 56º: S.S. Pío VI, Papa (1775-1799)
"Es muy loable tu prudencia, con la que, en medio de tanta confusión de libros que osan impugnar la Religión Católica, y con tanto daño de las almas, circulan por las manos de los ignorantes, has querido excitar en gran manera a los fieles a la lectura de las Santas Escrituras, por ser ella fuentes que deben estar abiertas para todos, a fin de que puedan sacar de allí la santidad de las costumbres y de la doctrina, desterrados los errores que en estos calamitosos y desarreglados tiempos tan ampliamente se derraman. Lo que sabiamente has practicado, dando a luz los Libros Sagrados, puestos en idioma vulgar, acomodándolos a la común inteligencia de los fieles, habiendo añadido aquellas notas de los Santos Padres que has tenido por convenientes para precaver cualquier abuso". [Carta al Arzobispo Antonio Martini, de Florencia (1778)]
* Testigo 57º: Felipe Scio de San Miguel, Obispo de Segovia y Traductor de la Biblia al Castellano
"Para remedio de tan espantosos males, ¿qué medicina más segura que poner a la vista los severos castigos con que Dios ha quebrantado el orgullo de los impíos, que repetir la lectura de los oráculos del Espíritu Santo, como lo practicaron entre otros los sabios reyes Josafat y Josías para la reforma de su pueblo? Y Esdras, para purificar a los israelitas de los enormes excesos que habían cometido por el comercio con los babilonios, y fundar como de nuevo la Religión, que estaba casi arruinada como su Templo, mandó juntar todo el pueblo en una plaza grande, y leyó siete días consecutivos el libro de la Ley y de las Santas Escrituras; y con este ejercicio se movieron a penitencia y reformaron las costumbres". [Disrt. Prelim. Sobre la Translación de los Libros Sagrados a la Lengua Castellana]
* Testigo 58º: S.S. Pío VII, Papa (1800-1823)
Dirigiéndose a los Obispos ingleses, les exhorta a que alienten al pueblo a leer la Sagrada Escritura: “pues nada puede ser más provechoso, más consolador y más confortante, porque ella es apropiada para fortalecer la fe, para sembrar la esperanza y para inflamar la caridad del verdadero cristiano”. [Carta, 1820]
* Testigo 59º: S.S. Gregorio XVI, Papa (1831-1846)
"Son muchos los testimonios de la más absoluta claridad que demuestran el singular empeño que los Romanos Pontífices, y, por mandato suyo, los demás Obispos de la Cristiandad, han puesto en los últimos tiempos para que los católico de todos los países traten de posesionarse con afán de la Palabra divina, tal como aparece en la Sagrada Escritura y en la Tradición." [Encíclica “Inter Praecipuos”, 6 Mayo 1844]
* Testigo 60º: Félix Torres Amat, Obispo de Astorga y Traductor de la Biblia al Castellano
"La Iglesia siempre ha deseado y procurado que los fieles lean y mediten las Santas Escrituras; y que si durante algún tiempo no ha permitido a todos indistintamente su lectura en lengua vulgar, sino que ha dispuesto que fuese necesario el permiso del superior eclesiástico, es porque así lo exigían justas y gravísimas causas". [Discurso preliminar sobre las Santas Escrituras]
* Testigo 61º: Beato Federico Ozanam, Fundador de las Conferencias Vicentinas
Solía entregarse cada mañana, desde que se despertaba, a una media hora de lectura de los Libros Sagrados, señalando enseguida los pasajes que le habían llamado la atención. A esto él lo llamaba su ‘pan cotidiano’.
* Testigo 62º: Juan Donoso Cortés, Marqués de Valdegamas
"¿Quién enseñó al maestro Fr. Luis de León a ser sencillamente sublime? ¿De quién aprendió Herrera su entonación alta, imperiosa y robusta? ¿Quién inspiraba a Rioja aquellas lúgubres lamentaciones, llenas de pompa y majestad, y henchidas de tristeza, que dejaba caer sobre los campos marchitos y sobre los mustios collados, y sobre las ruinas de los Imperios, como un paño de luto? ¿En cuál escuela aprendió Calderón a remontarse a las eternas moradas sobre las plumas de los vientos? ¿Quién puso delante de los ojos de nuestros grandes escritores místicos los oscuros abismos del corazón humano? ¿Quién puso en sus labios aquellas santas armonías, y aquella vigorosa elocuencia, y aquellas tremendas imprecaciones, y fatídicas amenazas, y aquellos arranques sublimes, y aquellos suavísimos acentos de encendida caridad y de castísimo amor, con que unas veces ponían espanto en la conciencia de los pecadores, y otras levantaban hasta el arrobamiento las limpias almas de los justos? Suprimid la Biblia con la imaginación y habréis suprimido la bella, la grande literatura española, o la habréis despojado al menos de sus destellos más sublimes, de sus más espléndidos atavíos, de sus soberbias pompas y de sus santas magnificencias".
* Testigo 63º: E. Lacordaire
Dice a un joven corresponsal: “Su vida espiritual me inspira un temor, y es que Ud. no lea nunca, o lea sin provecho, los Sagrados Códigos”. [Lettre a un jeune homme, pag. 146]
"La Escritura es como una alta montaña que constituye el faro del mundo". [Culte de Jésus-Christ dans les Escritures]
"La Biblia es a un tiempo el drama de nuestros destinos, la historia primitiva del género humano, la filosofía de los santos, la legislación de un pueblo elegido y gobernado por Dios. Es ella, dentro de una providencia de cuatro mil años, la preparación y el germen de todo el porvenir de la humanidad. Ella es el depósito de las verdades que le son necesarias, la carta magna de sus derechos, el tesoro de sus esperanzas, el abismo de sus consolaciones, la boca de Dios que se ha abierto sobre su corazón. Ella es el Cristo de Dios que la ha salvado". [Lettres a un jeune homme]
* Testigo 64º: Cardenal Gibbons y el Tercer Concilio Plenario de Baltimore (1884)
"No será necesario recordaros que la Sagrada Escritura debe ser el más precioso tesoro en la biblioteca de cada hogar y el que ha de usarse con más frecuencia y cariño... Para los feligreses laicos, la Sagrada Escritura es un tesoro en que, si bien no buscan la fe, la cual les es enseñada por la Iglesia Infalible, ni la regeneración de las almas, pero sí la firmeza de la fe, el afianzamiento en la esperanza y el incremento de la caridad".
* Testigo 65º: El Arzobispo de Caracas (1889)
"El ejemplar de la Sagrada Biblia, edición de Filadelfia, impreso bajo la dirección del Ilustrísimo Señor Arzobispo Santiago F. Wood no sólo me parece católico sino también muy estimable y desearía que todos mis diocesanos pudieran comprarla y tenerla en sus casas para su instrucción". [Biblia de Torres Amat, editada por el Arzobispo de Filadelfia]
* Testigo 66º: S.S. León XIII, Papa (1878-1903)
Este santo Vicario de Cristo concedió indulgencias a los que piadosamente leyeren los Evangelios. Quien lea cada día, durante un cuarto de hora por lo menos, el Santo Evangelio, gana cada vez 300 días de indulgencia; quien lo lea durante todo un mes, gana indulgencia plenaria.
"La Escritura es el alma de la teología, y no puede tratarse la teología con dignidad y acierto sino estudiando asiduamente los Libros Sagrados". [Encíclica Providentissimus Deus]
"Que todos, pues, y muy especialmente los soldados de la sagrada milicia, comprendan, por los ejemplos de Cristo y de los apóstoles, en cuánta estimación deben ser tenidas las divinas Letras y con cuánto celo y con qué respeto les es preciso aproximarse a este arsenal. Porque aquellos que deben tratar, sea entre doctos o entre ignorantes, la doctrina de la verdad, en ninguna parte fuera de los libros santos encontrarán enseñanzas más numerosas y más completas sobre Dios, Bien sumo y perfectísimo, y sobre las obras que ponen de manifiesto su gloria y su amor. Acerca del Salvador del género humano, ningún texto tan fecundo y conmovedor como los que se encuentran en toda la Biblia, y por esto ha podido San Jerónimo afirmar con razón «que la ignorancia de las Escrituras es la ignorancia de Cristo». [Encíclica Providentissimus Deus]
"Exhortamos, por último, paternalmente a todos los alumnos y ministros de la Iglesia a que se acerquen siempre con mayor afecto de reverencia y piedad a las Sagradas Letras, ya que la inteligencia de las mismas no les será abierta de manera saludable, como conviene, si no se alejan de la arrogancia de la ciencia terrena y excitan en su ánimo el deseo santo de la sabiduría que viene de arriba. Una vez introducidos en esta disciplina e ilustrados y fortalecidos por ella, estarán en las mejores condiciones para descubrir y evitar los engaños de la ciencia humana y para percibir y referir al orden sobrenatural sus frutos sólidos; caldeado así el ánimo, tenderá con más vehemencia a la consecución del premio de la virtud y del amor divino: «Bienaventurados los que investigan sus testimonios y le buscan de todo corazón» [Encíclica Providentissimus Deus]
Continuará...
CIEN TESTIGOS DEL PODER DE LA SAGRADA ESCRITURA (Mons. Straubinger) (1)
CIEN TESTIGOS DEL PODER DE LA SAGRADA ESCRITURA (Mons. Straubinger) (2)
CIEN TESTIGOS DEL PODER DE LA SAGRADA ESCRITURA (Mons. Straubinger) (3)
CIEN TESTIGOS DEL PODER DE LA SAGRADA ESCRITURA (Mons. Straubinger) (4)
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CIEN TESTIGOS DEL PODER DE LA SAGRADA ESCRITURA (Mons. Straubinger) (7)
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