LA IGLESIA Y LA BIBLIA - Monseñor Straubinger (5)

 



Directivas para los exégetas.


Aquellos que llevan el grave cargo de intérpretes y profesores de la Sagrada Escritura, agradecerán asimismo las directivas que el Papa establece para la investigación del sentido literal, el primero de todos, y con el cual, según Santo Tomás, únicamente se puede argumentar: "Omnes sensus (Scripturae) fundantur super unum, scilicet litteralem, ex quo solo potest trahi argumentum". La Pontificia Comisión Bíblica en una carta fechada el 30 de agosto 1941 y dirigida a todos los Obispos de Italia, recalca ese mismo principio contra un autor anónimo que intentaba desacreditarlo. (Véase Rev. Bíbl. Nº 20, p. 293-296).



Claro está que no se prohíbe investigar, como alimento de la piedad, otros sentidos que pueda tener la Palabra de Dios, pero siempre y ante todo hay que averiguar cuál fue el sentido que quiso expresar el autor sagrado. La nueva Encíclica dice al respecto: "Así pues, deduzcan los exégetas con toda diligencia la significación literal de las palabras con su conocimiento de las lenguas, acudiendo al contexto y comparando con otros pasajes semejantes: subsidios todos de que suele echarse también mano en la interpretación de los escritores profanos, con el fin de que se aclare hasta la evidencia el pensamiento del autor. Pero los exégetas de las Letras Sagradas, recordando que en este caso se trata de la palabra inspirada por Dios, cuya custodia e interpretación fue encomendada por ese mismo Dios a la Iglesia, han de tener en cuenta con no menor diligencia las explicaciones y declaraciones del Magisterio de la Iglesia e igualmente las explicaciones dadas por los Santos Padres y también la "analogía de la fe", como advirtió sabiamente S.S. León XIII en la Encíclica Providentissimus Deus".



Del inmenso trabajo que aguarda a los expositores católicos, nos da una idea el mismo Papa hablando de lo que queda por hacer y añadiendo que puede "tener la exégesis, como los tienen otras disciplinas, sus secretos propios insuperables para nuestras mentes e imposibles de descubrir por esfuerzo alguno".



¡Y con qué cariño tan paternal anima el Papa a los exégetas, "estos valientes obreros en la Viña del Señor", a que continúen su difícil tarea, porque "sólo muy pocas cosas hay cuyo sentido haya sido declarado por la autoridad de la Iglesia, y no son muchas más aquellas en las que sea unánime la sentencia de los Santos Padres. Quedan, pues, muchas otras y gravísimas, en cuya discusión y explicación se puede y debe ejercer libremente la agudeza y el ingenio de los intérpretes católicos". ¡Y cómo los defiende y pide para ellos no solamente "imparcialidad y justicia", sino también "suma caridad" de parte de quienes creen que todo lo que es nuevo es por ello mismo sospechoso!



Continuará...




                                    










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