Aclaraciones sobre cuestiones discutidas
Además de estas preciosas normas prácticas, la nueva Encíclica brinda al mundo católico aclaraciones sobre importantes temas discutidos en el ambiente exegético. Así p. ej. nos estimula de un modo singular a emprender nuevas traducciones según los originales hebreo y griego respectivamente.
Este ideal, ya expresado por el Concilio Tridentino, y dejado a salvo por él, al elegir la Vulgata para el uso ordinario de la Iglesia, lo acentúa ahora el Pontífice con palabras y conceptos extraordinariamente expresivos, diciendo que los Padres de aquel Concilio "rogaron expresamente al Sumo Pontífice que en beneficio de las ovejas de Cristo confiadas a su beatitud, procurase que, además de la edición Vulgata latina, la Iglesia Santa de Dios tenga, por obra suya, un códice griego y uno hebreo, a ser posible corregido; y si entonces, por las dificultades de los tiempos y otros obstáculos, no se pudo responder plenamente a este deseo, al presente, como confiamos, sí que se podrá satisfacer con más amplitud y perfección, aunadas las fuerzas de todos los doctores católicos".
Señala también el Papa cómo los teólogos escolásticos no poseyeron suficiente conocimiento del griego ni del hebreo para aprovechar el texto original, y afirma que éste tiene sin embargo "mayor autoridad y peso que cualquier traducción antigua o moderna por buena que sea", por lo cual merece llamarse "ligero y descuidado" el que hoy se cierra el acceso a los textos originales. Confirma el Papa que la declaración de la Vulgata como "auténtica" en modo alguno disminuye la autoridad y fuerza de los originales; pues esa elección de la Vulgata fue hecha "entre las versiones latinas que en aquella época circulaban", no con respecto a los originales. Aclara, en fin, que esa autenticidad de la Vulgata "más bien merece el nombre de jurídica que el de crítica". (1)
"Por eso -así dice la Encíclica- esta autoridad de la Vulgata en cosas de doctrina no impide -más aún, casi exige en el día de hoy- que esta misma doctrina se compruebe y confirme por los mismos textos originales y que se invoque continuamente el auxilio de los mismo textos, con los cuales se aclare y patentice cada día más la recta significación de las Sagradas Letras".
Concluye el Sumo Pontífice este capítulo de la Encíclica expresando el anhelo de que se realicen, al alcance de todos, "versiones a las lenguas vivas" y "directamente de los textos originales, como sabemos que se han hecho ya laudablemente en muchas regiones, con la aprobación de la autoridad eclesiástica".
A la luz de estas lecciones de la Suma Autoridad de la Iglesia, vemos cuánto valor cobran esas versiones, como por ejemplo la excelente Biblia francesa de Crampon, no poco difundida ya entre nuestros estudiosos. Así quiera Dios se pueda ofrecer una, en tiempo no remoto, al público de habla española, que no la ha tenido nunca, pues solo existe como tal la edición no católica llamada Versión Moderna, carente de los Libros Deuterocanónicos; y aun en ella hemos encontrado muchas cosas en que no sigue a los originales sino a la Vulgata.
Aspiramos a que en esa futura edición las notas no solamente señalen, como suele hacer Crampon, las diferencias con la Vulgata, añadiendo algunas explicaciones de exégesis más bien científica, sino que principalmente, como quiere el Papa, expongan "doctrina que sirva para aumento de la fe, y base de predicación", o en otros términos, que sean ellas mismas predicación y elogio de las cosas reveladas. También a este respecto, la nueva Encíclica ha confirmado muy señaladamente, en su orientación y carácter, las notas de nuestra edición castellana de la Vulgata en curso de publicación, cuyo cuarto y último volumen (3º del Ant. Test.) esperamos ofrecer en breve con el favor de Dios.
(1) Esta clara afirmación, que hasta hoy habría parecido arriesgada en quien no fuese el Sumo Pontífice, confirmado lo expresado por el Dr. Steinmüller en su nueva y excelente obra "Companion to the Scriptures", en la cual relata expresamente cómo fue desestimada por los Padres del Concilio la proposición del Cardenal Pacheco que pretendía que la versión Vulgata fuese adoptada con exclusión de todo otro texto.
Continuará...
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