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LA PREDESTINACIÓN DE LOS SANTOS Y LA GRACIA (extractos) por Garrigou-Lagrange, O.P. (8)

 



2. Una segunda dificultad de este problema concierne, no

ya a los dos grupos de hombres: los elegidos y los que no lo

son, sino que concierne a las personas individuales: ¿por

qué Dios ha puesto a tal hombre en el número de los elegidos

y no a tal otro? ¿Por qué ha elegido a Pedro más bien

que a Judas y no inversamente?



Parece injusto distribuir tan desigualmente tales dones

a hombres iguales por naturaleza y por el pecado original. Es

la dificultad formulada por San Pablo (Rom., IX, 14):

Quid ergo dicemus? Numquid iniquitas apud Deum? Absit,

Moysi enim dicit: Miserebor cujus miserear, et misericordiam

prcestabo cujus miserebor. Igitur non est vólentis,

neque currentis, sed miserentis est Dei (1).



San Pablo responde así a la dificultad afirmando el principio

de predilección, o sea la gratuidad de la gracia, que no

nos es debida. Dice más lejos (Rom., XI, 33): O altitudo

divitiarum sapientiae et scientiae Dei: quam incomprehensibilia

sunt judicia ejus, et investigabiles viae ejus! (2).



Es el misterio que expresaba San Agustín, diciendo: Quare

hunc trahat Deus et illum non trahat nolli veile dijudicare,

si non vis errare (In Joannem, tr. XXVI, initio) (3).



Santo Tomás ha notado sumamente bien esas dos grandes

dificultades del misterio de la predestinación, una general

y otra particular (ver Ia q. XXIII, a. 5, ad 3um). Ex ipsa

bonitate divina ratio sumi potest praedestinationis aliquorum

et reprobationis aliorum... Voluit Deus in hominibus

quantum ad aliquos, quos praedestinat, suam representare

bonitatem per modum misericordiae parcendo, et quantum

ad aliquos, quos reprobat, per modum justitiae puniendo ...

Sed quare hos elegit in gloriam et illos reprobavit, non

habet rationem nisi divinam voluntatem... Neque tamen

propter hoc est iniquitas apud Deum si inaequalia non

inaequalibus praeparat. In his enim quae ex gratia dantur,

potest aliquis pro libito suo dare cui vult, plus vel minus,

dummodo nulli subtrahat debitum, absque praejudicio justitiae

(4).



La respuesta de San Pablo, de San Agustín, de Santo

Tomás, aparta la contradicción; pero bajo sus dos aspectos,

este misterio permanece inescrutable, y esto por dos causas:

en razón de su sobrenaturalidad esencial, y en razón de la

intervención de la soberana libertad.



Este misterio es, en efecto, sobrenatural, no solamente por

el modo de su producción como el milagro naturalmente

conocible, sino por su esencia misma; pertenece al orden de

la vida íntima de Dios, como el misterio de la Trinidad, y

excede así las fuerzas naturales de toda inteligencia humana

o angélica, de toda inteligencia creada o creable.



Además, en este misterio interviene el beneplácito 

soberanamente libre de Dios, el divinum beneplacitum de que 

habla San Pablo. Ahora bien, este beneplácito, 

que de ninguna manera es un capricho, porque 

está enteramente  penetrado de sabiduría y de 

santidad, permanece para nosotros, como todo 

lo que toca a la soberana libertad, 

profundamente misterioso. Por él Dios da 

misericordiosamente su gracia a uno

de los dos ladrones crucificados al lado del Salvador, en

tanto que por justicia permite una última resistencia en el

otro y lo deja en su pecado.



Se ve, pues, que intervienen en el misterio la infinita

misericordia, la infinita justicia y la soberana libertad, que

superan absolutamente las fuerzas naturales de toda inteligencia

creada o creable.



Continuará...



(1) ¿Pues qué diremos? ¿Acaso hay en Dios injusticia? Lejos de

ello. En efecto, dice a Moisés: Usaré de misericordia de quien tengo

misericordia y tendré misericordia de quien tendré misericordia. 

Así que  no es (obra) del que quiere, ni del que corre, 

sino de Dios que hace misericordia.



(2) ¡Oh altura de las riquezas de la sabiduría y de la ciencia

de Dios: cuan incomprensibles son sus juicios, e investigables sus

caminos!



(3) No quieras juzgar por qué atraiga Dios a éste y no atraiga

a aquél, si no quieres errar.



(4) De la misma bondad divina puede tomarse la razón de la

predestinación de algunos y la reprobación de otros . . . Quiso Dios

representar su bondad en los hombres por modo de misericordia, perdonando,

en cuanto a los que predestina, y en cuanto a los otros,

a los que reprueba, por modo de justicia, castigando . . . Pero por qué

eligió a éstos para la gloria y a aquéllos reprobó, ello no tiene 

razón sino en la divina voluntad... Ni por esto hay iniquidad 

en Dios si prepara para los no iguales, cosas desiguales. En aquellas 

cosas que son dadas por gracia puede alguien, por su beneplácito, dar a quien

quiera, más o menos, mientras no sustraiga nada de lo debido, sin

perjuicio de la justicia.








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LA PREDESTINACIÓN DE LOS SANTOS Y LA GRACIA (extractos) por Garrigou-Lagrange, O.P. (7)

 



CAPÍTULO III - LAS PRINCIPALES DIFICULTADES DEL PROBLEMA,

Y EL MÉTODO QUE DEBE SEGUIRSE



LAS DIFICULTADES

1. Se ve, por lo que acabamos de decir, que la primera

dificultad fue siempre la conciliación de la predestinación

con la voluntad salvífica universal.



Por una parte, la Escritura afirma que Dios quiere que

todos los hombres se salven (I Tim., II, 4 ), y, por la otra,

dice que no todos son predestinados, sino que "aquellos

que Dios predestina, El los llama . . . los justifica y . . . los

glorifica" (Rom., VIII, 29 y ss.). Igualmente se dice en la

Epístola a los Romanos (IX, 18): Cujus vult miseretur

Deus, et quem vult indurat (1).



Los predestinados serán, entonces, 

infaliblemente salvados, los otros no.



De ahí la dificultad: ¿Cómo es que la predestinación, que es 

infaliblemente eficaz, puede conciliarse con la 

voluntad salvífica universal que permanece 

ineficaz respecto de muchos?



¿Es el esfuerzo humano el que hace eficaz al socorro de

Dios, o, por el contrario, es la eficacia intrínseca del socorro

de Dios la que suscita el esfuerzo humano?



¿Y si la gracia es de suyo eficaz, de dónde proviene que

Dios la acuerde a los elegidos por misericordia y la rehúse

a los otros por justicia?



Se ve que ese misterio se relaciona con el de la íntima

conciliación de la infinita misericordia y de la infinita justicia,

y con el misterio de la libre manifestación de estas perfecciones

divinas.



Hay en el orden filosófico una dificultad del mismo género:

¿Cómo la existencia del mal, sobre todo del mal moral,

puede conciliarse con la infinita bondad de Dios y su

omnipotencia?



Continuará...



(*) Con quien quiere usa Dios de misericordia, y endurece (o abandona en su pecado) al que quiere.






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LA PREDESTINACIÓN DE LOS SANTOS Y LA GRACIA (extractos) por Garrigou-Lagrange, O.P. (6)

 



¿Qué resulta, pues, de la enseñanza de la Iglesia contra

las herejías, opuestas entre sí, del semipelagianismo y del

predestinacianismo renovado por el calvinismo y el jansenismo?



EN RESUMEN. — 1. Contra el semipelagianismo, la Iglesia

afirma, sobre todo, tres cosas:


a) la predestinación a la gracia no tiene por causa la previsión

de las buenas obras naturales, ni de un comienzo natural

de salvación.


b) la predestinación a la gloria no tiene por causa la

previsión de los méritos sobrenaturales, que durarían sin el

don especial de la perseverancia final.


c) la predestinación "adecuada", comprendiendo toda

la serie de gracias, es gratuita, o sea, anterior a la previsión

de los méritos.



Lo que Santo Tomás entiende en este sentido: TODO lo

que en el hombre lo ordena a la salvación, aun y sobre todo

su determinación libre salutífera, cae bajo el efecto de la 

predestinación.



En una palabra: quod quídam salvantur, salvantis est donum

(Denzinger, n. 318) (44).




2. Contra el predestinacianismo y las doctrinas protestantes

y jansenistas que lo renuevan, la Iglesia enseña:


a) Dios quiere de una cierta manera salvar a todos los

hombres y hace posible a todos el cumplimiento de sus preceptos;


b) no hay predestinación al mal, pero Dios ha decretado

desde toda la eternidad infligir la pena de la condenación

para el pecado previsto de impenitencia final, pecado del

cual El no es en absoluto causa, sino que sólo permite.




Se ve que la enseñanza de la Iglesia contra las herejías

opuestas entre sí se resume en estas profundas palabras de

San Próspero, adoptadas por el Concilio de Quierzy: quod

quídam salvantur, salvantis est donum (contra el pelagianismo

y el semipelagianismo); quod quídam pereunt, perentium

est meritum (contra el predestinacianismo) (45).




Esto es lo que la Sagrada Escritura expresaba diciendo:

Perditio tua ex te, Israel; tantummodo in me auxilium

tuum (Oseas, XIII, 9) (4S).



Cuanto más son afirmadas esas dos grandes verdades 

indiscutibles por el sentido cristiano, tanto más 

misteriosa permanece su íntima conciliación.




(44) Que algunos se salven, don es del que salva (contra el pelagianismo

y el semipelagianismo).

(45) Que algunos perezcan, mérito es de los que perecen.

(46) Tu perdición ¡oh Israel! proviene de ti mismo; sólo en mí

está tu socorro.



Continúa...





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LA PREDESTINACIÓN DE LOS SANTOS Y LA GRACIA (extractos) por Garrigou-Lagrange, O.P. (5)

 



El Concilio de Orange, que condenó en el año 529 al

semipelagianismo, tomando de San Agustín y de San Próspero

muchas de sus fórmulas, reprobó, según todos los historiadores,

las negaciones semipelagianas de la gratuidad

de la gracia y de su necesidad para el initium salutis y la

perseverancia final (Ver Denzinger, Enchiridion, n. 176,

177, 179, 183; ver Concilio de Trento, en el mismo lugar,

n. 806).




Es esto un mínimo, admitido por todos; pero muchos historiadores

y teólogos, entre éstos los tomistas y los agustinianos,

ven en el sentido obvio de los términos del Segundo

Concilio de Orange, como en el de varias palabras de

San Pablo, otra afirmación además, la de la eficacia intrínseca

de la gracia, presupuesta por el principio de predilección.




Volveremos sobre ello. Pero sea lo que sea, del mínimo

admitido por todos resultan tres proposiciones enseñadas por

los teólogos católicos:


1º, La predestinación a la primera gracia no tiene por

causa la previsión de las buenas obras naturales; ni de un

comienzo natural de la salvación;


2º, la predestinación a la gloria no tiene por causa la previsión

de los méritos sobrenaturales que durarían sin el don

especial de la perseverancia final;


3º, la predestinación adaequate sumpta, en tanto comprende

toda la serie de gracias desde la primera hasta la

glorificación, es gratuita o anterior a la previsión de los

méritos.



(...)



DECLARACIONES DE LA IGLESIA CONTRA EL PREDESTINACIANISMO


Las declaraciones de la Iglesia en el Concilio de Orange

expresan un aspecto del gran misterio que nos ocupa; el

otro aspecto está expresado por lo que la Iglesia ha enseñado

contra el predestinacianismo, después contra el calvinismo,

el bayanismo y el jansenismo.



(...)



III. EN LOS SIGLOS XVI Y XVII. Esta doctrina de la Iglesia

fue confirmada por las decisiones del Concilio de Trento

contra los errores protestantes, y por la condenación del

jansenismo.



La Iglesia declara de nuevo, que el hombre después del

pecado original queda libre para hacer el bien con el socorro

de la gracia, consintiendo en cooperar con ella, en tanto

que puede resistirla (Denzinger, n. 797; ver n. 816).

Síguese que Dios a nadie predestina al mal (ibid. n. 

827), sino que quiere por el contrario, 

la salvación de todos los hombres, y que 

Cristo ha muerto por todos, aunque no

todos reciban el beneficio que es el fruto de su muerte,

sino solamente aquellos a quienes es 

comunicado el mérito de la Pasión, sed ii dumtaxat, 

quibus meritum passionis ejus communicatur (ibid. 795).




Las buenas obras son necesarias para la salvación, a los adultos, y la gloria es la recompensa de sus méritos (en el orden de ejecución) al final de la prueba.




Asimismo, se declaró contra los jansenistas que Cristo no

ha muerto sólo para los predestinados, ni sólo para los fieles

(Denzinger, 1096, 1380 ss., 1294); que hay una gracia

verdaderamente suficiente, en razón de la cual el cumplimiento

de los preceptos es posible a todos aquellos a quienes

se imponen.




La Iglesia contra los protestantes y los jansenistas vuelve

a decir, sirviéndose de las palabras de San Agustín: Deus

impossibilia non jubet, sed jubendo monet et facere quod

possis et petere quod non possis (Denzinger, n. 804) (42);

"Dios no abandona a los justos, sin haber sido abandonado

por ellos", 804, 806, 1794; no son privados de la gracia

habitual sino por una falta mortal, y de ciertas gracias

actuales necesarias a la salvación sino por haber resistido a

gracias suficientes.


(42) Dios no manda cosas imposibles, sino que mandando aconseja hacer lo que puedas y pedir lo que no puedas.




Dios no permite que seamos tentados más allá de nuestras

fuerzas (n. 979); la gracia de la conversión es ofrecida

a los pecadores (n. 807) y son privados de ella sólo aquellos

que la rechazan por una falta que Dios permite, pero de

la cual de ninguna manera El es causa (n. 827, 816, 1677).




Pero al afirmar que Dios por una gracia suficiente hace

posible a todos el cumplimiento de los preceptos, la Iglesia

no deja de afirmar con ello la eficacia de la gracia que hace

producir de hecho las buenas obras. El Concilio de Trento

declara: Deus, nisi ipsi (homines) illius gratiae defuerint,

sicut coepit opus bonum, ita perficiet, operans velle et perficere.

Filip., II, 13. Denzinger, 806 ..


Continuará...




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LA PREDESTINACIÓN DE LOS SANTOS Y LA GRACIA (extractos) por Garrigou-Lagrange, O.P. (4)

 



CAPÍTULO II - LA DOCTRINA DE LA IGLESIA


La doctrina de la Iglesia sobre este punto se formuló contra


la herejía pelagiana, por una parte, y contra el predestinacianismo, 


el protestantismo y el jansenismo por la otra.







DECLARACIONES DE LA IGLESIA CONTRA EL PELAGIANISMO Y EL SEMIPELAGIANISMO


El sentido y el alcance de las declaraciones de la Iglesia

contra el pelagianismo y el semipelagianismo se ponen de relieve,

si se recuerdan los principios de estas doctrinas condenadas

y lo que deriva de ellas con relación a la predestinación.




I. Los PELAGIANOS sostenían que la gracia no es necesaria

para cumplir los preceptos de la ley cristiana, sino solamente

para cumplirlos con más facilidad, y que nosotros

podemos por las buenas obras naturales merecer la primera

gracia. Por lo cual, decían que la presciencia de las buenas

obras, naturales o sobrenaturales, es la causa de la 

predestinación.




El pelagianismo fue condenado primero, en el

año 416, en los Concilios de Cartago y de Mileto, después

en el de Cartago del año 418, cuyos cánones han sido atribuidos

equivocadamente al Segundo Concilio de Mileto.

Entre estos últimos, el canon 6º (ó 5º) ataca especialmente

la doctrina siguiente: Possumus sine gratia implere divina

mandata. . . gratia non est necessaria nisi ad ea facilius implenda

(1).




(1) "Podemos, sin la gracia, cumplir los divinos mandatos . . . la

gracia no es necesaria sino para cumplirlos más fácilmente."







II. Los SEMIPELAGIANOS, como se ve por las cartas de

San Próspero y de San Hilario a San Agustín, admitían:

lº, que el hombre puede sin la gracia tener el comienzo de

la fe y de la buena voluntad, que es el initium salutis; y

que puede perseverar, sin socorro especial, hasta la muerte;

2º, que Dios quiere igualmente la salvación de todos los

hombres, aunque a algunos privilegiados les sean acordadas

gracias especiales; 3º, que, en consecuencia, la predestinación

se identifica con la presciencia del initium salutis y de

los méritos por los cuales el hombre persevera en el bien

sin socorro especial; en cuanto a la reprobación (negativa),

se identifica ella con la presciencia de los deméritos.





Así, la predestinación y la reprobación (negativa) siguen

a la elección humana, según sea buena o mala.





De tal modo, el misterio de la predestinación, del que

habla San Pablo, se suprime. Dios no es autor sino solamente

espectador de aquello que distingue a los elegidos

de los otros hombres; los elegidos no son más amados ni

más ayudados.





En cuanto a los niños muertos antes de la edad de la

razón, los semipelagianos decían: Dios los predestina o los

reprueba previendo las buenas o malas obras que habrían

cumplido si hubieran vivido más. Es ésta una presciencia

de futuros condicionales, o futuribles, anterior a todo decreto

divino, que hace pensar en la teoría de la ciencia media

propuesta más tarde por Molina. De ese modo, algunos

niños serían reprobados por faltas no cometidas, respondieron

los adversarios de esta doctrina.





Contra esos principios, San Agustín, sobre todo en los

escritos del fin de su vida, el De praedestinatione sanctorum,

y el De dono perseverantiae, mostró por el testimonio de la

Sagrada Escritura:




lº, que el hombre no puede, sin una gracia especial y

gratuita, tener el initium salutis, y que no puede perseverar

hasta el fin sin un socorro especial y gratuito;





2º, que Dios no quiere igualmente la salvación de 

todos los hombres;





3º, que los elegidos, como su nombre lo indica, 

son más amados y más ayudados; que la elección 

divina, es, pues, anterior a la previsión de los 

méritos, los cuales son el fruto de la gracia.




Continuará...







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LA PREDESTINACIÓN DE LOS SANTOS Y LA GRACIA (extractos) por Garrigou-Lagrange, O.P. (3)

 




Más adelante volveremos sobre el sentido literal y el alcance

de estos textos, exponiendo el fundamento escriturario

de Santo Tomás. Basta, por el momento, notar con

los tomistas y con San Roberto Belarmino (3 ) , lo que dice

la Escritura de la gratuidad de la predestinación a la 

vida eterna.





Se establece que tal es la enseñanza de la Escritura, porque

ella afirma a este respecto, tres cosas incontestables:





1º. Dios ha elegido a ciertos hombres (Mat., XX, 16; XXIV, 31; Luc, XII, 32; Rom., VIII, 33; Efes., I, 4).




2º. Dios los ha elegido eficazmente, para que lleguen infaliblemente al cielo: Mat., XXIV, 24; Juan, VI, 39; X, 28: "mis ovejas no perecerán jamás; nadie las arrebatará de mi mano"; Rom., VIII, 30: "Aquellos que El ha predestinado, también los ha llamado, y a aquellos a quienes ha llamado, también los ha justificado; y a aquellos que ha justificado, también los ha glorificado."





3º. Dios ha escogido sus elegidos de una manera absolutamente gratuita antes de toda previsión de sus méritos: Luc., XII, 32: "No temas, pequeño rebaño, porque vuestro Padre ha encontrado bueno el daros el reino." Juan, XV, 16: "No sois vosotros quienes me habéis escogido, sino que yo os he escogido y os he establecido, a fin de que vayáis y que
llevéis fruto y que vuestro fruto permanezca"; Rom., XI, 5: "En el tiempo presente, hay un resto (en Israel) según la elección de gracia. Ahora bien, si es por gracia, no es por las obras; de otro modo la gracia no es ya gracia"; Efes., 1,4: "En El (Jesucristo) Dios nos ha elegido antes de la constitución del mundo, para que seamos santos", y no porque nosotros lo seamos, o porque El ha previsto que nosotros lo seríamos por nosotros mismos. Rom., VIII, 29: "a aquellos que El ha conocido de antemano (con benevolencia) los ha predestinado a ser semejantes a la imagen de su Hijo".






De todos estos pasajes de la Escritura, San Agustín ha

sacado esta definición que se ha hecho clásica: Praedestinatio

est praescientia et praeparatio beneficiorum Dei, quibus

certissime liberantur quicumque liberantur. 

La predestinación es la presciencia y la preparación de los beneficios de Dios por los cuales son certísimamente salvados todos aquellos que son salvados (De dono perseverantiae, c. XIV).






Todavía más explícitamente San Agustín escribe (De

Praedestinatione sanctorum, c. X ) : Praedestinatione sua Deus

ea praescivit quae fuerat ipse facturus. 

"Por su predestinación, Dios ha previsto lo que El había de hacer, para conducir infaliblemente a sus elegidos a la vida eterna."




(3) De gratía et libero arbitrio, 1. II, c. IX-XV.




Continuará...




                                  


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LA PREDESTINACIÓN DE LOS SANTOS Y LA GRACIA (extractos) por Garrigou-Lagrange, O.P. (2)

 




Todas estas palabras del Salvador se hacen precisas por lo

que nos dice San Pablo de la predestinación, por la cual

Dios dirige y conduce infaliblemente a los elegidos a la vida eterna.





Se lee en la 1a a los Corintios (IV, 7) : "¿Qué es lo que te

distingue? ¿Qué tienes tú que no hayas recibido? Y si lo

has recibido, ¿por qué te glorías como si no lo hubieras

recibido?" Es el comentario a la palabra del Maestro: "Sin

mí, nada podéis hacer" (Juan, XV, 5). San Pablo dice 

también (Filipenses, II, 13): "Es Dios quien opera en vosotros el querer y el obrar, según su buena voluntad."





En fin, habla muy explícitamente de la predestinación

cuando escribe (Efes., I, 3-7): "Bendito sea Dios, el Padre

de nuestro Señor Jesucristo, que nos ha bendecido con toda

clase de bendiciones espirituales en los cielos en Jesucristo.

En él Dios nos ha elegido, antes de la creación del mundo, para que seamos santos e irreprensibles delante de El, habiéndonos predestinado en su amor a ser hijos de adopción por Jesucristo, según el beneplácito de su voluntad, haciendo así brillar la gloria de su gracia, por la cual nos ha hecho agradables a sus ojos en su (Hijo) bienamado."





Más claramente todavía ha dicho (Rom., VIII, 28-30) :

"Sabemos que todas las cosas concurren al bien de aquellos

que aman a Dios, de aquellos que son llamados según 

su designio. Porque a aquellos que El ha conocido de antemano, también los ha predestinado a ser conformes a la imagen de su Hijo, a fin de que su Hijo fuese el primer nacido entre muchos hermanos. Y a aquellos que El ha predestinado, también los ha llamado; y a aquellos que ha llamado, también los ha justificado; a aquellos que ha justificado, también los ha glorificado."





Es necesario recalcar, con San Agustín, Santo Tomás,

San Roberto Belarmino que, en este último texto, allí donde

se dice "quos praescivit et praedestinavit, a aquellos que El

ha conocido de antemano, también los ha predestinado"

no se trata de la presciencia divina de nuestros méritos.

Ello no tendría ningún fundamento en San Pablo y se

opondría a varios de sus textos, en particular al precedente

y a aquellos que van a seguir. El sentido es: "a aquellos

que El ha conocido de antemano con una mirada 

de benevolencia";

es una acepción frecuente del verbo "conocer"

en la Biblia: ver Romanos, XI, 2: non repulit Deus plebem

suam, quam praescivit ("no desechó Dios a su pueblo

al cual conoció de antemano"); ver Mateo, VII, 23;

Gálatas, IV, 9; I Cor., VIII, 3; XIII, 12; II Tim., II, 19;

S., I, 6.





Esta exégesis de San Agustín, de Santo Tomás y de San

Roberto Belarmino ha sido conservada hoy día por el Padre

Lagrange, el Padre Allo, Zahn, Julicher, etc. (a ).





En la epístola a los Romanos (IX-XII) San Pablo expone

también la soberana independencia de Dios en la 

dispensación de sus gracias: 

los judíos, que eran el pueblo elegido,

son rechazados a causa de su incredulidad, y la salvación

es anunciada a los paganos, como consecuencia del 

endurecimiento de Israel. 

El Apóstol predice, sin embargo, la conversión

final y la salvación de los judíos, y formula el principio

de predilección, que se aplica a los pueblos y a los individuos

(2) (Rom., IX, 14): "¿Qué diremos? ¿Hay en Dios

injusticia? ¡Lejos de ello! Porque El dice a Moisés: haré

misericordia a quien hago misericordia, 

y tendré compasión de quien tengo compasión. 

Así que no es obra del que quiere

ni del que corre sino de Dios que usa de misericordia."





De ahí la conclusión (Rom., XI, 33): "¡Oh profundidad

inextinguible de la sabiduría y de la ciencia de Dios! ¡Cuan

insondables son sus juicios y sus caminos incomprensibles!

Porque, ¿quién ha conocido el pensamiento del Señor, o

quién ha sido su consejero? ¿Quién le ha dado el primero,

para que ése haya de recibir en retorno? De El, por El y

para El existen todas las cosas. ¡A El la gloria en todos

los siglos! ¡Amén!"





Más adelante volveremos sobre el sentido literal y el alcance

de estos textos, exponiendo el fundamento escriturario

de Santo Tomás.




Continuará...




(*) De este texto capital (Rom., VIII, 28-30) él Padre Lemonnyer,

O. P., ha explicado el sentido profundo (Dictionnaire de Théologie

Catholique; art. "Predestinación": La Predestinación según la Escritura).

Recalca el Padre Lemonnyer que la intención de Dios se manifiesta

allí por dos actos, primero el preconocimiento: a aquellos que

El ha conocido de antemano (29); después la predestinación: a aquellos

que El ha predestinado (30). Pero el acto de intención inicial parece

pasado bajo silencio. En realidad, nota el Padre Lemonnyer, está

indicado en la cláusula final del versículo 29: "a fin de que El (el

Hijo) sea un primer nacido entre numerosos hermanos". "He ahí

esta intención divina... Estando presupuesta esta intención, bastaba

encontrar los medios para realizarla, es decir, discernirlos y decretar

su ejecución. Este discernimiento es el preconocimiento; este decreto,

es la predestinación. Uno y otra se muestran como actos de la razón

práctica movida por una intención presupuesta."

El Padre Lemonnyer insiste sobre el carácter gratuito del propósito

divino, razón de nuestra salvación y de nuestro llamamiento. Parece

que esta gratuidad debe ser extendida a la predestinación misma

(ver II Tim., I, 9; Efes., I-II; Tit., III, í ) .

(2) Ver PADRE LAGRANGE. Epístola a los Romanos, 1916. C. IX,

p. 244.