NADIE PUEDE HUIR DE SU PROPIA CRUZ PARTICULAR

 



NADIE PUEDE HUIR DE SU PROPIA CRUZ PARTICULAR



Todos hemos recibido al nacer una cruz particular enviada por la Divina Providencia con la cual obrar nuestra salvación con temor y temblor, pero sin embargo no todos aceptan su propia cruz y cargan con ella hasta la muerte, sino que son pocos, muy pocos los que esto comprenden y, negándose a sí mismos, cogen su cruz y siguen a Jesucristo hasta el final. Esto se debe al misterio insondable de la predestinación de los elegidos por Dios Uno y Trino para ser salvos en medio de esta generación perversa y adúltera, pues ya nos dice la Sagrada Escritura que muchos son los llamados por la gracia divina, pero pocos los elegidos para heredar el reino de los cielos.




La cruz nos sale al encuentro cada vez que nos aficionamos a las vanidades engañosas de esta pobre vida, pues no hay ningún goce en este mundo que no venga acompañado de alguna pena. Se engañan terriblemente los mundanos entonces cuando buscan huir a toda costa del sufrimiento y la humillación, porque estos les perseguirán hasta el día de su muerte. De ahí que los cristianos no debamos hacer nuestra morada permanente en este valle de lágrimas, sino que simplemente estamos aquí de paso, somos peregrinos solamente, y sabemos que nuestra verdadera patria es el Cielo, en la compañía de los Ángeles y los Santos de Dios.




Gracias a la cruz, los verdaderos seguidores del Cristo aprendemos a desconfiar del mundo y sus ilusiones, viéndolas tal como son, es decir, falsos remedios que jamás pueden satisfacer nuestro interior y que nos dejan con el tremendo remordimiento de la conciencia si tenemos la inmensa desgracia de haber consentido en cualquier tentación y haber pecado contra Dios. Y no sólo eso, sino que el aprecio de la cruz nos hace incluso odiar al mundo y todo cuanto hay en él, pues sabemos que para agradar a Dios hay que elegir entre servirle a Él o ser esclavo de nuestras pasiones desordenadas y del cobarde respeto humano.




Para el cristiano la debilidad y la humillación son gloriosas, porque el mismo Hijo de Dios las ensalzó y padeció hasta la muerte mientras se humillaba y caían sobre Él todos los golpes de la divina justicia por causa de nuestros numerosos pecados y crímenes contra el Cielo. En efecto, debemos gloriarnos en nuestra debilidad, pues cuando somos débiles a ojos del mundo es en realidad cuando somos fuertes para Dios, a ejemplo del Apóstol (2 Corintios 9-10).




Dejemos por tanto que el mundo y sus locos amadores se pierdan en medio de tantos y tan envenenados placeres y privilegios, los cuales jamás pueden satisfacer al corazón humano y conducen irremediablemente hasta la muerte eterna del alma, y nosotros no tengamos ninguna otra preocupación más que la de padecer y ser despreciado por los mundanos al igual que lo fue el Cristo.




Dejemos que los demás ambicionen los primeros puestos en las reuniones humanas, los mejores elogios en cualquier conversación, los bienes y las posesiones más codiciadas, la mayor fuerza física y el más deslumbrante atractivo... dejemos a esos infelices hundirse cada vez más en el fango de las pasiones mundanas, mientras nosotros vamos adquiriendo la verdadera sabiduría espiritual que consiste en negarse a uno mismo y cargar con la humillación particular que el Buen Dios ha tenido a bien mandarnos para poder operar la salvación de nuestras almas.




En vano se afanan los mundanos por alejar de ellos la cruz, ya que ésta les perseguirá hasta el fin del mundo y no podrán deshacerse de ella. El que no quiera cargar con su cruz en vida, deberá llevarla como un condenado hasta la muerte, y lo más triste, ella será la causa de su reprobación final en el Juicio. Porque los pensamientos de Dios no son los nuestros, ni sus caminos son nuestros caminos (Isaías 55, 8-9). De lo cual se deduce que no estamos en esta vida para gozar y amasar bienes materiales y vanagloria, como lamentablemente buscan el 99,9% de los pobres mortales, sino que Dios nos dio el ser para buscarle, conocerle, amarle y servirle, y mediante esto salvar nuestras pobres almas.



+MISERERE NOBIS, DOMINE+


Un discípulo amado de N.S.J.C.



                                  





EL ÁRBOL SAGRADO DE LA CRUZ ENGENDRA LA VERDADERA SABIDURÍA ESPIRITUAL

 



EL ÁRBOL SAGRADO DE LA CRUZ ENGENDRA LA VERDADERA SABIDURÍA ESPIRITUAL




¿Quién ha creído nuestro anuncio,

y a quién ha sido revelado el brazo de Yahvé?

Pues creció delante de Él como un retoño,

cual raíz en tierra árida;

no tiene apariencia ni belleza para atraer nuestras miradas,

ni aspecto para que nos agrade.

Es un (hombre) despreciado, el desecho de los hombres,

varón de dolores y que sabe lo que es padecer;

como alguien de quien uno aparta su rostro,

le deshonramos y le desestimamos.

Él, en verdad, ha tomado sobre sí nuestras dolencias,

ha cargado con nuestros dolores,

y nosotros le reputamos como castigado,

como herido por Dios y humillado.

Fue traspasado por nuestros pecados,

quebrantado por nuestras culpas;

el castigo, causa de nuestra paz, cayó sobre él,

y a través de sus llagas hemos sido curados.

Éramos todos como ovejas errantes,

seguimos cada cual nuestro propio camino;

y Yahvé cargó sobre él

la iniquidad de todos nosotros.

Fue maltratado, y se humilló, sin decir palabra

como cordero que es llevado al matadero;

como oveja que calla ante sus esquiladores,

así él no abre la boca.

Fue arrebatado por un juicio injusto,

sin que nadie pensara en su generación.

Fue cortado de la tierra de los vivientes

y herido por el crimen de mi pueblo.

Se le asignó sepultura entre los impíos,

y en su muerte está con el rico,

aunque no cometió injusticia,

ni hubo engaño en su boca.

Yahvé quiso quebrantarle con sufrimientos;

mas luego de ofrecer su vida en sacrificio por el pecado,

verá descendencia y vivirá largos días,

y la voluntad de Yahvé será cumplida por sus manos.

Verá (el fruto) de los tormentos de su alma,

y quedara satisfecho.

Mi siervo, el Justo, justificará a muchos por su doctrina,

y cargará con las iniquidades de ellos.

Por esto le daré en herencia una gran muchedumbre,

y repartirá los despojos con los fuertes,

por cuanto entregó su vida a la muerte,

y fue contado entre los facinerosos.

Porque tomó sobre sí los pecados de muchos

e intercedió por los transgresores.

(Isaías 53)




Nuestro Señor Jesucristo es el Cordero de Dios que fue llevado al matadero y se humilló a sí mismo hasta la muerte, y muerte de cruz. Él cargó con todas nuestras iniquidades e inmundicias de manera libre y voluntaria, cumpliendo en todo la divina voluntad del Padre eterno, que quiso operar así la salvación del género humano condenado a la muerte eterna tras el pecado original. Nuestro Redentor y Salvador se anonadó y se hizo insignificante como un pobre gusanillo mientras era humillado y escarnecido por nosotros, infames pecadores de todos los siglos.




Como leemos en el capítulo 53 del profeta Isaías, el Cristo adquirió descendencia y heredó una gran muchedumbre de hermanos e hijos adoptivos del Padre celestial mediante sus indecibles tormentos y sufrimientos, es decir, mediante el árbol bendito de la santa Cruz, que es lo que Le hace quedar satisfecho, pues Su sacrificio no ha sido en vano, sino antes bien muy provechoso y necesario, ya que si Nuestro Señor no hubiera entregado Su vida por nosotros, el cielo permanecería cerrado para todos absolutamente y nadie se salvaría. Pero al morir Él y cargar con nuestros pecados y transgresiones, haciéndose merecedor del castigo divino, Él que era la inocencia y la pureza mismas, entonces el Padre eterno quedaba obligado a resucitarle y darle descendencia para toda la eternidad.




Es la Cruz, pues, el instrumento fundamental que nos justifica y nos da la doctrina sagrada, la Palabra de Dios que el mundo no puede conocer ni amar porque no la entiende, sino que la odia. En efecto, la Cruz implica humillación y sacrificio, la negación total de uno mismo, el desprecio absoluto de cuanto somos y el olvido de nuestra insignificante persona, a imitación del Divino Maestro, pues ya nos enseñó Jesús que es muriendo por Él y a causa de Él que vamos a salvar nuestras almas en esta pobre vida, mientras que los que intenten salvaguardar su reputación y sus bienes a ojos del mundo mediante el cobarde respeto humano sin duda perecerán eternamente.




Y es que la doctrina del Cristo es dura, muy dura para los que tienen su corazón apegado a las vanidades de este mundo y ansían la vanagloria que proviene del respeto humano, pues todos ésos han hecho de este lugar de destierro su morada y se sienten cómodos aquí, creyendo engañosamente que el paraíso consiste en estar bien y adquirir poder, influencia y placeres en esta vida fugaz, pero sin embargo ignoran y desprecian la vida sobrenatural del espíritu, llamando locura y necedad a la Cruz y a quienes se afanan por seguir a Jesucristo.




Para todos ellos pesa la terrible sentencia de condenación eterna, pues ya nos advirtió Jesús que esos tales ya habían recibido su recompensa en esta vida, por lo que no pueden esperar nada tras la muerte. Son como el rico necio del Evangelio, cuyas únicas preocupaciones eran las de edificarse unos graneros enormes para guardar su grano y sus amplias posesiones materiales, y banquetear y gozar de los bienes efímeros que había adquirido durante tantos años, ignorando culpablemente que esa misma noche, es decir muy pronto, le iban a reclamar su alma, perdiendo además todo cuanto había almacenado egoístamente para sí mismo.




De lo que se deduce que la inmensa mayoría de almas va por el camino equivocado, transitan por la avenida ancha y despejada que rebosa falsos placeres y alegrías, pero acaban inexorablemente todos ellos en la gehenna, en el lago de azufre y fuego ardiente, el terrible infierno. Lo más grave y triste es que esos necios e insensatos no son pocos, sino muchos, son legiones y legiones de desgraciados que van cayendo uno tras otro en la fosa oscura de la que no saldrán jamás, ¡ay! Y que los pocos que caminan por la senda angosta que conduce a la puerta estrecha de la salvación son verdaderamente pocos, muy pocos, ya que casi nadie quiere humillarse y mortificar su detestable ego y sus pasiones, ni siquiera los pobres materialmente hablando, la mayoría de ellos me refiero, pues quien más quien menos aspiran todos a salvar su vida en este mundo y a evitar el sufrimiento y la contradicción.




Pero a los elegidos de Dios Uno y Trino les ha sido concedido el conocer la Verdad y amarla; a ellos se les ha revelado la verdadera sabiduría celestial que abre las puertas del Cielo y que consiste en amar a Jesucristo y abrazar la propia cruz particular que la Providencia ha tenido a bien fabricarles desde toda la eternidad para que obren su salvación con temor y temblor.




En la vida sobrenatural menos es más, y el que quiera ser mayor deberá hacerse el más pequeño e inútil, pues los últimos serán los primeros en el reino de los cielos, mientras que los que ansíen ser los primeros en todo deberán soportar después el verse humillados y rechazados por el Juez eterno.




De modo que ahí está nuestra única ambición legítima, queridos hermanos y amigos en la Fe, en la santa Cruz del Cristo, en hacernos amigos e imitadores suyos, sin importarnos en absoluto que el mundo nos desprecie y se burle de nosotros, porque no nos entiende ni conoce a Dios.




Seamos pues sufridos y pacientes en las tribulaciones y adversidades, aceptando todo como recibido de parte de Dios, que nos ama y que busca nuestro bien mediante la sana y necesaria humillación de nuestro maldito orgullo, y que nos ha dado a cada uno una bendita cruz para separarnos del mundo y enseñarnos a despreciar las locas vanidades que a tantos infelices pierden.




Esa es la única sabiduría que necesitamos, la sabiduría de la Cruz, el único conocimiento que necesitamos y la única ciencia que debemos aprender, el fracaso de este mundo y su desprecio, y el apego a las virtudes sobrenaturales mediante la lectura y meditación frecuente de la Sagrada Escritura, cultivando la oración realizada con fervor y verdadera contrición, y no por rutina y al modo farisaico.




El que quiera ser discípulo del Cristo, niéguese a sí mismo, tome su cruz y sígale.




+A.M.D.G.+


Un discípulo amado de N.S.J.C.








LA ENVIDIA ESPIRITUAL DE LAS ALMAS MEDIOCRES

 



LA ENVIDIA ESPIRITUAL DE LAS ALMAS MEDIOCRES


Por Un discípulo amado de N.S.J.C.




Hoy tenemos que hablar de un fenómeno lamentable y desagradable, pero que no podemos obviar. Nos referimos a la maldita envidia espiritual que mueve a ciertas almas mediocre y que tantos estragos causa entre quienes han sido llamados o elegidos por Dios Uno y Trino.




No es un asunto grato para nadie, pero debemos clamar contra esos espíritus hipócritas que revisten al mal con apariencia de bien para así poder destilar mejor su malicia ante los incautos. Y algunos incluso se camuflan detrás del Magisterio infalible de los Vicarios de Cristo para evitar ser descubiertos y reprendidos, pero nada hay que deba permanecer oculto para quienes han recibido la luz del Espíritu Santo y poseen el raro don del discernimiento de los espíritus.




Las almas mediocres se caracterizan por vivir en un estado permanente de tibieza espiritual, es decir, no son ni calientes ni frías espiritualmente hablando, lo cual es odioso a ojos del Altísimo y merece su reprobación, como leemos claramente en Apocalipsis 3:15-16, donde Jesucristo exige de sus discípulos un compromiso total y rechaza la indiferencia y la doblez tan típica de los escribas y los fariseos que fueron, no lo olvidemos, los que provocaron la crucifixión y muerte del Hijo de Dios.




Son almas acostumbradas al ritualismo y el formulismo vacíos de la verdadera piedad y contrición, pero muy llenos de largas oraciones vocales recitadas de modo casi frenético y automatizado, sin jamás profundizar en el auténtico significado de lo que se está rezando y sin considerar la tremenda santidad y majestad de Aquél a quien se dirigen dichas oraciones.




Nuestro Dios es un Dios de paciencia y compasión hacia sus pobres criaturas humanas, hechas por Él y redimidas por Su divino Hijo al morir en la Cruz por todos nosotros. Es un Dios que, pese a ser espíritu y verdad, posee un corazón amantísimo y tiernísimo, un corazón de carne, y no se complace en la muerte y el sufrimiento de los impíos (Ezequiel 18:23-24), sino que busca siempre el arrepentimiento y la conversión de sus hijos adoptivos mediante las santas inspiraciones que la gracia derrama en nosotros a través del Espíritu Santo Paráclito.




Sin embargo, las almas mediocres se han erigido en una especie de tribunal rabínico y se creen autorizadas para anatematizar y censurar a quienes no comulgan con sus pesadas ruedas de molino. Pero en el fondo son cobardes y tienen miedo, se sienten aterrorizadas de ser descubiertas y denunciadas por su increíble hipocresía.




Y no sólo eso, sino que las almas mediocres suelen pecar de envidia, no de una cualquiera sino de la peor especie, la envidia espiritual. Este insidioso defecto consiste en sentir celos y animosidad hacia otras almas que han sido bendecidas con diversos dones y carismas, los cuales deberían ser puestos al servicio del conjunto del Cuerpo Místico para que todos se enriquecieran y se beneficiaran de los frutos del Espíritu Santo, pero que por culpa de la envidia de los hipócritas y los fariseos de ayer y de hoy casi nunca llegan a ver la luz.




Un ejemplo de la mezquindad de dichas almas fue experimentado por quien escribe esta meditación, cuando el domingo pasado una de esas almas aviesas me escribió en privado para insinuarme de manera muy astuta, pero decididamente con enorme malicia, que sería mejor que yo cesara en publicar mis propias meditaciones espirituales y compartirlas en un blog, pues según esa hipócrita, san Alfonso María de Ligorio, el P. Lapuente, el santo cura de Ars y otros tantos santos y doctores de la Iglesia, nos han dejado unos sermones maravillosos para todos los tiempos litúrgicos. Por tanto, una meditación elaborada por mí no podría dar, según ella, los mismos frutos espirituales en las almas que las que nos han dejado tantos Santos de la Iglesia. Nótese la formidable doblez de esta persona al intentar cubrirse detrás de los Santos y los Doctores de la Iglesia para así poder lanzar sus envenenados dardos contra mí de manera más "legal" y "autorizada".




Pero eso no fue todo, sino que además insistió a continuación en que ella no tenía "muy claro que un seglar sin formación doctrinal acreditada y sin la aprobación de un obispo católico -que hoy no hay- deba mandar a otras personas contenidos espirituales para hacer oración". Con lo cual la malicia farisaica de semejante mujer quedaba expuesta a ojos de todos, pues en el fondo lo que a ella le molestaba es que yo intentara transmitir el fuego sagrado del amor a la Verdad mediante una serie de meditaciones sobre la Cruz de Cristo y la importancia de llevar nuestra propia cruz de manera digna. Eso era en realidad lo que a ella le molestaba, por mucho que intentara ampararse en el testimonio de los Santos e incluso recurrir a la Jerarquía para acallar mi voz.




Sin embargo, sus perversas intenciones fueron frustradas cuando le contesté que yo fui objeto de una providencial revelación privada hace casi 31 años en la que Dios Espíritu Santo me reveló que "caía bajo el influjo de un amor sacrificado y secreto", y también que yo poseía un raro don, el cual se concede "pocas veces en la vida", cual era el de "gozar de profundidad de visión del mundo", ante lo cual el Paráclito me intimaba a "lucirme" para la mayor honra y gloria de Dios, y para el bien de otras almas.




De modo que todo cuanto escribo está justificado y bendecido por el Señor, así que bien harían esos desgraciados hipócritas en callarse y humillarse, o de lo contrario encontrarán siempre mi testimonio que clamará contra ellos de manera atronadora.




+A.M.D.G.+



                                





LA CRUZ ES UN ESCÁNDALO Y UNA LOCURA PARA LOS POBRES MUNDANOS

 



LA CRUZ ES UN ESCÁNDALO Y UNA LOCURA PARA LOS POBRES MUNDANOS


Por Un discípulo amado de N.S.J.C.




"La doctrina de la Cruz es, en efecto, locura para los que perecen; pero para nosotros los que somos salvados, es fuerza de Dios". (1 Corintios 1:18).




Entonces, dijo a sus discípulos: “Si alguno quiere seguirme, renúnciese a sí mismo, y lleve su cruz y siga tras de Mí.

Porque el que quisiere salvar su alma, la perderá; y quien pierda su alma por mi causa, la hallará". (Mateo 16:24-25).




Las citas bíblicas precedentes nos confirman sin lugar a dudas que el misterio de la Cruz es capital para comprender el plan de salvación llevado a cabo por Dios Uno y Trino en las almas. En efecto, pues ya nos advirtió el divino Maestro que aceptar la propia cruz y seguirle es la condición indispensable para ser discípulo suyo. ¿Y qué significa llevar la cruz? Nos lo revela igualmente Jesucristo cuando dice que es preciso renunciarse a uno mismo para seguirle a Él. Renunciarse a sí mismo implica crucificar y mortificar el orgullo propio, nuestra carne con sus apetitos desordenados, nuestra voluntad rebelde que busca siempre la autosatisfacción y el tener razón, etc.




La vida del cristiano es milicia sobre la tierra, es decir, una lucha constante contra el mundo, el demonio y la carne. De los tres enemigos del alma, seguramente el más insidioso es el mundo, pues a la propia carne con sus inclinaciones torcidas se la ve venir de lejos y podemos hacerle frente mediante sanas mortificaciones como el ayuno y la abstinencia; del mismo modo, al demonio se le distingue claramente cuando nos incita a desobedecer o a rebelarnos contra algún dogma o verdad contenida en la Escritura y el Magisterio. Pero el mundo utiliza una estrategia mucho más sibilina y capciosa, de ahí que sea bastante difícil el hacerle frente y vencerlo.




No olvidemos además que fue mediante astutas y falaces insinuaciones de que el mundo debía ser comprendido y amado tal cual era que el pérfido Anticristo Montini-Pablo 666 logró engañar a la totalidad del cuerpo episcopal en el infausto conciliábulo Vaticano 2, que supuso la gran apostasía bíblica profetizada.




Y se comprende por qué triunfó el sagaz hijo de perdición, pues el mundo está compuesto por todos los que habitamos en esta pobre tierra, pecadores todos, malos y buenos, nuestros propios familiares y amigos, por lo que el maldito respeto humano se entromete siempre y paraliza cualquier intento de evangelizar a quienes nos rodean.




¿Y qué valores vemos triunfar en el mundo y entre los mundanos? Se trata de la antítesis de la perfección espiritual, pues el mundo pregona con millones de voces estridentes que uno debe sentirse muy orgulloso de uno mismo y no humillarse jamás, lo cual es considerado como una vergüenza y una humillación suprema por los mundanos.




El afán de riquezas y placeres es esencial para el mundo y sus locos seguidores, que son legión hoy más que nunca. Todos los mundanos buscan asegurarse su porvenir en esta breve vida, pero jamás piensan en la vida eterna. El ansia por las posesiones materiales, la búsqueda alocada de cualquier placer, ya sea lícito o ilícito, el orgullo y la buena fama ante los demás es lo único que mueve a los infelices gentiles de ayer y de hoy. Rara vez piensan en que hay un Dios ante el que todos deberemos comparecer para rendir cuentas de nuestra vida, pues sus pensamientos están engolfados en asuntos temporales únicamente.




La única causa que nos va a servir en la eternidad para salvar nuestras almas será la causa de Jesucristo, la causa de la Cruz y de la verdadera Fe. Todo lo demás está condenado al más espantoso fracaso en el más allá, como nos lo advirtió N.S.J.C. cuando dijo que quien quisiere salvar su alma en esta vida la perdería para la vida eterna, lo cual significa ser reprobado por Dios y ser enviado al terrible infierno. Ahora bien, si preguntamos a cualquier pobre infeliz que transita por nuestras calles cuál es su propósito en la vida, ¿no nos va a responder prácticamente lo mismo que la inmensa mayoría de personas que pueblan el mundo hoy?...




Ciertamente, pues casi todos buscan "salvar la vida" en esta tierra mediante una vida "normal" -horrible palabra-, esto es, adquirir formación, conseguir un trabajo, encontrar una pareja y formar una familia con ella, después vivir una buena vejez y disfrutar de una cómoda pensión de jubilación hasta que les llegue su hora de morir y "descansar", como se imaginan los pobres desgraciados, totalmente ignorantes, incrédulos y sordos ante las graves advertencias que la Iglesia y la Sagrada Escritura han hecho acerca de quienes se acomodan al falso espíritu del mundo y sus valores engañosos.




Y así bajan todos ellos al abismo de fuego eterno, del cual no saldrán jamás. Realmente es muy trágico y triste si se considera seriamente, pero como los mundanos odian la Palabra de Dios y no se la creen, o bien no la odian pero le quitan importancia a los pasajes más graves, lo cual equivale a no creer en ella, pues así es prácticamente imposible que la Fe pueda surgir en ellos y arraigar. De hecho, si preguntamos a cualquier pobre alma que ya esté en el infierno condenada para toda la eternidad, nos dirá que fue por no soportar la escucha o la lectura de la Sagrada Escritura, que le reprendía el mal que hacía y le exhortaba a arrepentirse y obrar rectamente, pero ella no quiso hacerlo y ahora se halla en tan espantoso lugar para siempre. Queda demostrado pues que la aversión y la incredulidad hacia la divina Palabra es uno de los rasgos inconfundibles de los reprobados en el infierno.




Y es que los mundanos prefieren escuchar la seductora voz de Satanás, el príncipe de este mundo, el cual les dice que se esfuercen por destacar por encima de todos y pasar por encima de quien se les oponga, pues ellos deben ser los más fuertes, los más inteligentes -según el mundo, no según Dios-, los más atractivos, los más dominantes, los más populares, etc., etc. En esas bagatelas se pierden muchísimas almas insensatas, sacrificando hasta la salud corporal para conseguir tan irreales y quiméricos objetivos, de modo que cuando se dan cuenta de lo absurdo de tales propósitos, ya es demasiado tarde para ellos, y la muerte les sorprende en tan lastimero estado.




Por tanto, los verdaderos siervos de Dios buscaremos siempre la "locura" y el "escándalo" de la Cruz, pues sabemos que sólo ella lleva a la salvación, como así nos enseñó Cristo Jesús, y dejaremos que los infelices mundanos se ahoguen en un mar de falsos placeres y deleites, los cuales son muy efímeros y terminan con harta frecuencia en el hastío y la conciencia culpable.




Es preferible perder nuestra vida por la sagrada causa del Hijo de Dios Jesucristo que ser arrastrado por la marea arrolladora del mundo y sus esclavos, pues los que hagan lo primero resucitarán para la vida eterna, pero quienes se conformen con el mundo y sus engaños tendrán que oír de labios del supremo Juez la terrible sentencia de condenación.



+A.M.D.G.+




                                                   





LA CRUZ ES PERSONAL E INTRANSFERIBLE

 




LA CRUZ ES PERSONAL E INTRANSFERIBLE

Por Un discípulo amado de N.S.J.C.


En el Juicio particular veremos claramente cómo los elegidos fueron afligidos y agobiados en vida por sus cruces particulares de una manera más prominente que el resto de almas, pues esto indica que Dios les amó con un amor de predilección y por eso mismo, porque Él les amó de un modo singular y particular, les hizo cargar también con una cruz más notoria y humillante que a los demás, dado que Dios reprende y castiga a los que ama. (Apocalipsis 3:19).



Entonces los predestinados por la Divina Voluntad para ser salvos brillarán como el sol y las estrellas del firmamento, mientras aquellos que los escarnecían y maltrataban quedaran sumidos en la más profunda confusión y desolación al ver a los que habían sido objeto de sus burlas y blanco de sus golpes durante su vida mortal ser merecedores de los elogios del Hijo de Dios N.S.J.C. y lo más importante, recibir la corona de la vida eterna, mientras ellos, sus perseguidores y maltratadores, serán atormentados en el estanque de fuego y azufre durante toda la eternidad. 



Todos los hombres y mujeres han recibido una cruz al nacer con la que obrar su salvación con temor y temblor (Filipenses 2:12), pero unos la han recibido más pesada y notoria que otros. ¿A qué se debe esto? Simplemente al divino beneplácito, que elige a unos pocos por encima de la inmensa mayoría, pues ya nos advirtió el Salvador que muchos eran los llamados e invitados al banquete celestial, pero pocos los elegidos para sentarse a la mesa con Dios Uno y Trino, la Santísima Virgen, los Ángeles y los Santos. (Mateo 22:14). Entonces, ¿esto quiere decir que Dios es injusto? De ningún modo. Eso jamás. Dios no es injusto sino muy justo, un Dios todopoderoso, infinitamente santo y justo, la fuente viva de la sabiduría, la Caridad y la misericordia. Nunca alabaremos bastante al Eterno. Que Dios elija a unos y deseche a otros forma parte del misterio insondable de la divina predestinación, y no nos compete a nosotros, pobres criaturas pecadoras, averiguar el porqué. Lo que debemos creer es que Él es siempre justo y sabio en sus designios, y da a todos las gracias necesarias para salvarse en el estado en que puso a cada uno, aunque lamentablemente no todos hagan buen uso de esas gracias divinas, y el gran número de almas acaba condenándose, la massa damnata que decía San Agustín.



Además, ¿qué nos da a nosotros si Dios es infinitamente bueno y quiere, en su inmensa bondad y benevolencia, reservar unos sitiales en la Jerusalén celestial para sus elegidos, mientras que al gran número lo destina a la perdición eterna? ¿No puede Él hacer lo que le plazca con sus dones, acaso seremos nosotros envidiosos porque Él es bueno? (Mateo 20:15-16).



Por tanto, mucho cuidado a la hora de juzgar, pues a Dios nadie le juzga, y por Él seremos juzgados todos absolutamente, desde el primer hombre nacido en la tierra hasta el último.



¿Cuál es la función de la cruz personal en el misterioso plan de la salvación eterna? Se trata de una obra verdaderamente prodigiosa y divina, únicamente al alcance para Dios. En efecto, mediante la cruz el Señor va modelando a sus elegidos, purificando sus malas inclinaciones y poniendo freno a la sensualidad viciosa que a todos nos asalta en mayor o menor grado. La cruz nos enseña también la paciencia, la resignación y la conformidad con la Divina Voluntad en medio de los dolores y sufrimientos, a imitación de Cristo Jesús en su Pasión y Muerte. Entonces uno comprende que si sufre mucho, más aún sufrió por él Cristo, y además sin quejarse, sino dando gracias al Padre eterno por haberle destinado para ser crucificado y escarmentado.



La cruz nos humilla, esto es, nos hace humildes, de lo cual todos tenemos tanta necesidad, y hace que tomemos conciencia de lo miserables que seríamos si Dios no nos sostuviera, pues todo el que se humilla voluntariamente hasta el fondo se hace fiel imitador de Cristo y merece por ello ser consolado por las gracias divinas.



Y no menos importante es la tarea que realiza la cruz en todas y cada una de las almas predestinadas, pues la cruz las va separando cada vez más del mundo y su inmundo espíritu, que sabemos es un espíritu de soberbia, concupiscencia y rebeldía, los trazos principales de Satanás el demonio, llamado el príncipe de este mundo por Jesucristo. (Juan 12:31).



Gracias a la cruz, los que fueron, son y serán salvos crucifican su carne y su voluntad, muriendo al mundo, al demonio y a la carne, entrando así en la senda angosta que conduce hasta la puerta estrecha de la salvación.



Gracias a la cruz, se salvan los que se salvan, y también se condenan los réprobos, porque no quisieron aceptar la cruz que la Providencia les envió y renegaron de ella, buscando siempre satisfacer su orgullo y su sensualidad culpables.



Dichosos los que esto entiendan y acepten la cruz particular que el Buen Dios les dio al nacer, pues deberán morir en ella a la vista del mundo incrédulo para resucitar después en la vida eterna.


+A.M.D.G.+





MEDITACIÓN SOBRE EL AYUNO

 



MEDITACIÓN SOBRE EL AYUNO


I. La vida de Santa Eufrasia, llamada también Eufrosina, fue un ayuno perpetuo y riguroso. Jesucristo y todos los santos han ayunado; debes imitarlos en la medida en que tus fuerzas lo permitan, a fin de expiar, mediante esta mortificación, tu sensualidad en el beber y en el comer. ¿Eres más delicado que un niño de siete años? A esta edad, la santa comenzó su penitencia. No son las fuerzas corporales sino la buena voluntad y el valor los que te faltan.




II. Debes ayunar para impedir que la carne se rebele contra el espíritu; la virtud se fortifica a medida que el cuerpo se debilita. Tu mayor enemigo es tu cuerpo; no podrías tratarlo tan duramente como se merece. Si los santos, después de haber castigado sus cuerpos por medio del ayuno, la disciplina y el cilicio, experimentaron sin embargo las rebeliones de la carne, ¿qué será de ti que la tratas con tanta molicie?




III. Si tu salud no te permite ayunar, puedes, por lo menos, mortificar tus ojos y tu lengua; ello contribuirá grandemente a tu santificación, sin dañar en nada tu salud. ¡Cosa extraña! ¡los santos que son inocentes, hacen crueles penitencias, y nosotros que somos pecadores, no queremos hacerlas! Que los enfermos busquen los remedios que emplean los sanos, y que viendo a los santos llorar sobre sus imperfecciones, lloren los pecadores sobre sus crímenes. (San Eusebio).


                     




LA CRUZ DE CRISTO ES EL MAYOR HONOR DE UN CRISTIANO

 



LA CRUZ DE CRISTO ES EL MAYOR HONOR DE UN CRISTIANO


Por Un discípulo amado de N.S.J.C.




Comenzamos las meditaciones cuaresmales de 2026 con el tema principal de nuestra santa Fe Católica, apostólica y romana: la Cruz gloriosa de N.S.J.C.




Todos los Padres de la Iglesia, los Santos Pontífices, los Doctores de la Fe, los mártires, los confesores y las santas vírgenes atestiguan al unísono que el árbol de la Cruz es el más hermoso y frondoso de todos, pues en el Cielo los bienaventurados gozan del grado de gloria que la Divina Providencia tuvo a bien otorgarles gracias a los dolores y sufrimientos que tuvieron que padecer en esta vida mortal por amor a Cristo Ntro. Señor. En este sentido, podemos afirmar sin miedo a errar que el grado de gloria que los predestinados disfrutan en la otra vida corresponde fielmente al valor de las cruces particulares que cada uno de ellos tuvo que soportar pacientemente durante el tiempo de su peregrinación por la tierra.




Por tanto, se engañan aquellos principiantes e incontinentes espirituales que únicamente ansían gozos y consolaciones en esta vida, como si ya hubieran salvado sus pobres almas y no les quedara nada más por sufrir. De semejante falso misticismo debemos pedir al Señor que nos libre, pues los éxtasis y arrobamientos egoístas no casan bien con la senda estrecha que todos los elegidos por Dios Uno y Trino para ser salvos deben soportar mientras están en este valle de lágrimas.




Cuando alguien nos venga hablando de una falsa paz interior que aleja cualquier pena y dolor, es un signo más que notorio de que ese tal es un falso profeta, del cual debemos huir a toda prisa, pues la característica principal de los falsos profetas es prometer paz y seguridad a cualquier precio y sin importar su origen.




No, en vez de pedir a Dios placeres y disfrutes, el verdadero discípulo de Cristo se afanará por descubrir cuál sea la cruz personal que el Padre Eterno quiso darle, y una vez la haya encontrado, debe abrazarla y amarla como el Divino Maestro e innumerables Santos hicieron, pues la Cruz es sin duda alguna el pasaporte y la seña de identidad de todos los que ansían imitar a Jesús y seguirle hasta la muerte.




Quien se escandalice de la Cruz de Jesucristo no es digno de Él; del mismo modo, quien proteste y se niegue a cargar con su propia cruz, tampoco heredará la vida eterna. Por eso Cristo nos dijo que son muchos los que transitan por la vía ancha y deslumbrante que conduce irremediablemente al infierno, pero sin embargo tan pocos los que caminan por la senda angosta que lleva a la puerta estrecha de la salvación. Y no debe extrañarnos, pues todo en este mundo conspira contra la Cruz y sus seguidores.




El mundo, el demonio y la carne son los tradicionales enemigos del alma, y nunca han estado tan exaltados y desatados como hoy, cuando la santa Iglesia Católica ha sido vilmente eclipsada por una abominable secta herética y apóstata que ha ocupado todas sus estructuras visibles desde el infausto conciliábulo Vaticano 2, que fue la gran apostasía bíblica.




Dicha secta es la gran Ramera del Apocalipsis, también llamada Babilonia la grande en la Sagrada Escritura, y promete a todos sus miembros, grandes y pequeños, una falsa paz y un falso cielo que no existen, pues ya nos advirtió el divino Redentor que en los últimos tiempos surgirían muchos falsos cristos y falsos profetas que engañarían al gran número de almas con sus fábulas y cuentos de vieja.




La mayor herejía y el más dañino engaño que esa secta infernal difunde en todo el orbe es la salvación universal incondicional para prácticamente todos, sin importar su credo o la ausencia del mismo, y presentando a Dios como a un padre bonachón y tontorrón que no se entera de nada y todo lo pasa por alto, lo cual es una odiosa blasfemia y un insulto a la divina majestad de la Trinidad Beatísima.




Por eso debemos alejarnos de esa infame prostituta y escondernos en los peñascos y desiertos, con lo cual se significa la soledad y la insignificancia del pequeñísimo número de los últimos elegidos por Dios para salvarse.




Bebamos de las fuentes del divino Crucificado, gustemos el amargo sabor del dolor y el desprecio de todos, sepamos aguantar los golpes y maltratos de los mundanos varonilmente, sin blasfemar ni albergar deseos de venganza, antes bien rogando por todos esos pobres desgraciados que nos contrarían, pues en verdad tienen necesidad de que alguien ore por ellos, ya que caminan a paso agigantado hacia el abismo de fuego eterno sin que lleguen siquiera a sospecharlo.




Benditos los que esto comprendan y pongan en práctica, ofreciendo sus dolores, enfermedades, contrariedades, lágrimas y sinsabores al Buen Dios y a María Santísima, para mayor honra y gloria de Dios y por la conversión de los pobres pecadores.




Y seamos agradecidos con Dios Uno y Trino por haberse fijado en nuestra pequeñez y habernos dado una cruz para poder imitar al Hijo de Dios.




+A.M.D.G.+



                                                        



La tercera sesión del Vaticano 2, por el abbé de Nantes (parte 4 y última)

 



VICTORIAS DECISIVAS DEL PARTIDO REFORMISTA


A propósito de la colegialidad, el abbé de Nantes observó que el "Papa" Pablo 6 había tratado de dar apaciguamiento y satisfacción a la minoría, compuesta por una cuarta parte de la asamblea, “salvando un texto ya tan debatido”.



LA NOTA PRÆVIA REÚNE A LA MINORÍA EN UN ESQUEMA SOBRE LA IGLESIA ENVENENADO.

Desde el inicio de esta tercera sesión, varios prelados tradicionalistas habían intentado obtener de Pablo 6 la supresión del capítulo III sobre la colegialidad. “El Papa”, dice el padre Rouquette, “recibió varias peticiones de la oposición, transmitidas por importantes cardenales, contra la doctrina de la colegialidad». (...)



Al finalizar la sesión, los obispos tradicionalistas del Coetus internationalis Patrum se mantuvieron firmes en su oposición. (...)



Fue entonces cuando el “Papa” pidió a la comisión teológica que redactara una nota explicativa formulando "una respuesta adecuada a las dificultades planteadas con razón, para que las almas de muchos Padres queden tranquilizadas y sea posible una adhesión cada vez más amplia e internamente más convencida en la sesión conciliar”. Por su adición correctiva al esquema, juzgado en sí mismo sospechoso de herejía episcopal o colegial, esta Nota explicativa prævia, leída en el aula el 16 de noviembre por Mons. Felici, y que colocaba el colegio episcopal, en Concilio o disperso, bajo el poder personal del Papa, causó una gran impresión en la minoría tradicionalista. (...)



¡Pero durante la sesión de promulgación, el 21 de noviembre del 64, los votos y firmas se centraron en la Constitución amputada de esta nota preliminar! (...)



                                                       



LA IGLESIA “PUEBLO DE DIOS”

En el mismo momento en que los conservadores se dejaban llevar por el juego audaz y confuso de Pablo 6 para aceptar los decretos conciliares, el abbé de Nantes, que se había convertido verdaderamente en el teólogo de la Contrarreforma católica del siglo XX, anunció que la promulgación de la Constitución sobre la Iglesia fue “una gran y aterradora victoria de los innovadores”. En su Carta 204 del 13 de mayo de 1965, atacó el dogma central de esta Constitución, es decir, su definición de Iglesia como “Pueblo de Dios”:


“Las definiciones que la Iglesia ha dado de sí misma, desde la era apostólica hasta nuestros días, no fueron sólo jurídicas, sino igualmente místicas y teológicas, morales y escriturales. Los innovadores no deberían despreciarlas más que por su precisión y por el obstáculo que dichas definiciones dogmáticas oponían firmemente al error que esos herejes querían introducir. (…)



“La Iglesia se ha convertido, desde el Vaticano 2, en un misterio, y esto nos distrae de verla y conocerla bien como una sociedad con instituciones estables, fronteras visibles, fe y fuentes sacramentales determinadas. ¡Todo esto es sólo una aproximación pasajera y señales engañosas! La Iglesia es un misterio vaporoso.



“Su mejor denominación es la de Pueblo de Dios. Esta metáfora escritural se adaptaba perfectamente al Israel del Antiguo Testamento, este "conjunto de pueblos" del que habla el libro de Números (11,4), mezclado inseparablemente con los verdaderos hijos de Abraham... Y he aquí la Iglesia sustancialmente reducida, por falta de precisión específica, a un género común que oculta su principio mismo. (…)



“Si “el Pueblo” preexiste antes que sus dirigentes, estos sólo tienen un papel de representación y tutela. Volved a leer a Congar y comprenderéis que es la ruina de la autoridad del Magisterio como constitutivo del Cuerpo Místico de Cristo, es decir de la Iglesia. ¡Pero nadie en el aula conciliar gritó ante semejante iniquidad!



“Nadie resistió a la irrupción de la democracia en el dogma católico... A partir de entonces fue fácil abrir a todos los hombres de este misterioso Pueblo de Dios los caminos del poder y de la perfección; se les concede a todos y sin condiciones precisas el Sacerdocio, la Realeza, el Profetismo, indiscriminadamente y con plena independencia, como derecho de nacimiento divino. Pueblo-Dios, Pueblo-Rey, Pueblo-Profeta, todo está escrito desde las premisas. (…) ¡Dios sólo existe, habla y actúa en y a través del Pueblo! (…)



“Si la Iglesia se define, según la Tradición, como la sociedad de aquellos que han recibido la fe y el bautismo de una jerarquía cuyo jefe es el Papa, entonces todo poder viene de Arriba y pasa a través de él. Si la Iglesia es, según los innovadores, un pueblo de Dios animado por el Espíritu y misteriosamente constituido por los elegidos de los cuatro vientos del mundo, entonces el poder viene de Abajo. La oposición de estas dos concepciones puede cristalizar en todos los niveles, en forma de demandas de poder basadas en motivos opuestos: obispos contra el Papa, sacerdotes contra obispos, laicos contra sacerdotes, activistas obreros contra practicantes burgueses, ¡infinito! Algunos obtienen su autoridad del Dios de Jesucristo y de la Iglesia; los demás les oponen lo que viene del Pueblo, Pueblo de Dios donde habla el Espíritu! (…)



“Los parones, la salvaguardia del poder supremo de sólo el Romano Pontífice sobre toda la Iglesia, como único principio de fe, de vida y de orden, salvaron a toda la jerarquía, pero sólo a largo plazo. Porque los principios mismos de esta explosión revolucionaria se consideraron intangibles y se vieron reforzados por el tiempo». (…)



                                                 



EL ECUMENISMO CONGARIANO SALVAGUARDADO

En los días que siguieron a la semana oscura, al recuperarse de su primer movimiento de sorpresa y de ira, algunos teólogos y periodistas reformistas particularmente clarividentes expresaron su plena satisfacción. Escuchen, por ejemplo, al padre Laurentin: “Las decepciones que han conmovido a la opinión pública “no tienen nada sustancial, nada que comprometa el futuro, incluso desde un punto de vista ecuménico. Las modificaciones, introducidas en el esquema sobre el ecumenismo por orden de Pablo 6 para apaciguar a la minoría, no alteraron su sustancia». Se refería al juicio del padre Congar, quien, después de haber releído tres veces el decreto sobre el ecumenismo, anunció: “Doy aquí mi más sincero pensamiento: el texto no está dañado. Sigue siendo un texto muy hermoso, humilde y orgulloso, leal y profundo, que nadie se habría atrevido a esperar hace cinco años. Si ignoramos, o si quisiéramos olvidar por un momento el asunto del Modis de última hora, encontraríamos, frente al texto, una frescura de mirada que vería sólo lo inmenso positivo que aporta. Amigo lector, ¡créame! ¡No! el texto no está devaluado. Ninguno de nosotros hubiera imaginado, hace sólo tres años, que pudiera ser así y lograr un acuerdo unánime».




LA PROCLAMACIÓN DE LA LIBERTAD RELIGIOSA SÓLO SE RETRASA

Finalmente, después de haber “sentido fuertemente” el aplazamiento de la votación sobre la libertad religiosa hasta la cuarta sesión, los reformistas más perspicaces se apresuraron a elogiar la prudencia del Papa. “Félix culpa”, dijo Laurentin. “La promulgación habría sido prematura. El tiempo trabaja en la dirección de la mejora. Las partes sólidas no corren peligro». El propio Pablo 6 advirtió discretamente a los progresistas que no habían comprendido su maniobra y que albergaban resentimiento y desconfianza hacia él. Poco después de la sesión, recibiendo en audiencia al padre Daniel Pézeril, el “Papa” le dijo: “En el fondo, evidentemente nada ha cambiado. La libertad religiosa permanece intacta».



Por eso, el abbé de Nantes fue muy clarividente cuando, al día siguiente de esta tercera sesión, escribió:

“Los tradicionalistas se han desmovilizado. A partir de ahora, el reformismo prepara con seguridad su triunfo definitivo. Los grandes textos sobre la Iglesia, como el pueblo de Dios, y sobre la liturgia, sobre el ecumenismo y sobre la libertad de religiones, sobre judíos o no cristianos, ya han sido promulgados, votados o prometidos por el “Papa” a la mayoría».



Estos decretos conciliares “son textos de compromiso cuyo irrealismo se sitúa a medio camino entre verdaderas definiciones dogmáticas, imposibles en semejante clima, y ​​decisiones prácticas cuya aplicación nadie podría garantizar en la anarquía en la que está cayendo la Iglesia; a medio camino entre la verdad de unos y el error de otros, entre el bien y el mal, según la oportunidad y la fuerza de las presiones externas. Ni la teología ni la disciplina tendrán mucho que extraer de estos vastos y equívocos textos. La gran obra anunciada nació muerta. Los innovadores, seguros de ganarlo todo, ya miran más allá y aprovechan el futuro. No les interesan los textos redactados en las comisiones por quienes buscan compromisos. Ya congelados antes de ser promulgados, mezclados en exceso, sólo tendrán valor documental; señalarán la dirección de la irresistible reforma que ya los ha pasado de largo, como faros en el camino de la evolución».



Después de la clausura del Concilio, así interpretará Pablo 6 las Actas del Vaticano 2: “Los decretos conciliares, más que un punto de llegada, escribirá el “Papa”, son un punto de partida hacia nuevos objetivos. El Espíritu y el soplo renovador del Concilio deben todavía penetrar en lo más profundo de la vida de la Iglesia. Las semillas de vida depositadas por el Concilio en el suelo de la Iglesia deben alcanzar su plena madurez».



Sólo que esto no eran “semillas de vida”, como afirmaba jubiloso el hipócrita perverso de Montini, sino auténticas bombas de tiempo que no tardarían demasiado en explosionar, peligrosa cizaña diabólica que había sido sembrada por ese supremo desgraciado y sus compinches heréticos con el único propósito de acabar con la Esposa de Cristo y configurar su espantosa Ramera del Apocalipsis, que hoy tiene engañado al mundo entero, para zozobra y conmoción de las pocas almas fieles que todavía resisten en medio de esta gran tribulación espiritual que se ha abatido sobre todo el orbe.



Continuará...



                                




LA GRAN APOSTASÍA BÍBLICA DEL CONCILIÁBULO VATICANO 2 (1)  https://prodeoetpontifice.blogspot.com/2025/01/la-gran-apostasia-biblica-del.html
LA GRAN APOSTASÍA BÍBLICA DEL CONCILIÁBULO VATICANO 2 (2)
LA GRAN APOSTASÍA BÍBLICA DEL CONCILIÁBULO VATICANO 2 (3)
LA GRAN APOSTASÍA BÍBLICA DEL CONCILIÁBULO VATICANO 2 (4)
LA GRAN APOSTASÍA BÍBLICA DEL CONCILIÁBULO VATICANO 2 (5)
LA GRAN APOSTASÍA BÍBLICA DEL CONCILIÁBULO VATICANO 2 (6)
LA GRAN APOSTASÍA BÍBLICA DEL CONCILIÁBULO VATICANO 2 (7)
LA GRAN APOSTASÍA BÍBLICA DEL CONCILIÁBULO VATICANO 2 (8)
LA GRAN APOSTASÍA BÍBLICA DEL CONCILIÁBULO VATICANO 2 (9) https://prodeoetpontifice.blogspot.com/2025/01/la-gran-apostasia-biblica-del_17.html
LA GRAN APOSTASÍA BÍBLICA DEL CONCILIÁBULO VATICANO 2 (10)
LA GRAN APOSTASÍA BÍBLICA DEL CONCILIÁBULO VATICANO 2 (11)
LA GRAN APOSTASÍA BÍBLICA DEL CONCILIÁBULO VATICANO 2 (12) https://prodeoetpontifice.blogspot.com/2025/01/la-gran-apostasia-biblica-del_20.html
LA GRAN APOSTASÍA BÍBLICA DEL CONCILIÁBULO VATICANO 2 (13)
LA GRAN APOSTASÍA BÍBLICA DEL CONCILIÁBULO VATICANO 2 (14)
LA GRAN APOSTASÍA BÍBLICA DEL CONCILIÁBULO VATICANO 2 (15)
LA GRAN APOSTASÍA BÍBLICA DEL CONCILIÁBULO VATICANO 2 (16)
LA GRAN APOSTASÍA BÍBLICA DEL CONCILIÁBULO VATICANO 2 (17) https://prodeoetpontifice.blogspot.com/2025/01/el-falso-profeta-el-anticristo-y-el_26.html
LA GRAN APOSTASÍA BÍBLICA DEL CONCILIÁBULO VATICANO 2 (18)
LA GRAN APOSTASÍA BÍBLICA DEL CONCILIÁBULO VATICANO 2 (19) https://prodeoetpontifice.blogspot.com/2025/01/el-falso-profeta-el-anticristo-y-el_28.html
LA GRAN APOSTASÍA BÍBLICA DEL CONCILIÁBULO VATICANO 2 (20)
LA GRAN APOSTASÍA BÍBLICA DEL CONCILIÁBULO VATICANO 2 (21)
LA GRAN APOSTASÍA BÍBLICA DEL CONCILIÁBULO VATICANO 2 (22)
LA GRAN APOSTASÍA BÍBLICA DEL CONCILIÁBULO VATICANO 2 (23) https://prodeoetpontifice.blogspot.com/2025/02/ejemplos-de-ambiguedades.html
LA GRAN APOSTASÍA BÍBLICA DEL CONCILIÁBULO VATICANO 2 (24)
LA GRAN APOSTASÍA BÍBLICA DEL CONCILIÁBULO VATICANO 2 (25)
LA GRAN APOSTASÍA BÍBLICA DEL CONCILIÁBULO VATICANO 2 (26)
LA GRAN APOSTASÍA BÍBLICA DEL CONCILIÁBULO VATICANO 2 (27)
LA GRAN APOSTASÍA BÍBLICA DEL CONCILIÁBULO VATICANO 2 (28)
LA GRAN APOSTASÍA BÍBLICA DEL CONCILIÁBULO VATICANO 2 (29)
LA GRAN APOSTASÍA BÍBLICA DEL CONCILIÁBULO VATICANO 2 (30)
LA GRAN APOSTASÍA BÍBLICA DEL CONCILIÁBULO VATICANO 2 (31)
LA GRAN APOSTASÍA BÍBLICA DEL CONCILIÁBULO VATICANO 2 (32)
LA GRAN APOSTASÍA BÍBLICA DEL CONCILIÁBULO VATICANO 2 (33)
LA GRAN APOSTASÍA BÍBLICA DEL CONCILIÁBULO VATICANO 2 (34)
LA GRAN APOSTASÍA BÍBLICA DEL CONCILIÁBULO VATICANO 2 (35)
LA GRAN APOSTASÍA BÍBLICA DEL CONCILIÁBULO VATICANO 2 (36)
LA GRAN APOSTASÍA BÍBLICA DEL CONCILIÁBULO VATICANO 2 (37)
LA GRAN APOSTASÍA BÍBLICA DEL CONCILIÁBULO VATICANO 2 (38)
LA GRAN APOSTASÍA BÍBLICA DEL CONCILIÁBULO VATICANO 2 (39)
LA GRAN APOSTASÍA BÍBLICA DEL CONCILIÁBULO VATICANO 2 (40)
LA GRAN APOSTASÍA BÍBLICA DEL CONCILIÁBULO VATICANO 2 (41)
LA GRAN APOSTASÍA BÍBLICA DEL CONCILIÁBULO VATICANO 2 (42)
LA GRAN APOSTASÍA BÍBLICA DEL CONCILIÁBULO VATICANO 2 (43)
LA GRAN APOSTASÍA BÍBLICA DEL CONCILIÁBULO VATICANO 2 (44)
LA GRAN APOSTASÍA BÍBLICA DEL CONCILIÁBULO VATICANO 2 (45)
LA GRAN APOSTASÍA BÍBLICA DEL CONCILIÁBULO VATICANO 2 (46)
LA GRAN APOSTASÍA BÍBLICA DEL CONCILIÁBULO VATICANO 2 (47)
LA GRAN APOSTASÍA BÍBLICA DEL CONCILIÁBULO VATICANO 2 (48)
LA GRAN APOSTASÍA BÍBLICA DEL CONCILIÁBULO VATICANO 2 (49)
LA GRAN APOSTASÍA BÍBLICA DEL CONCILIÁBULO VATICANO 2 (50)
LA GRAN APOSTASÍA BÍBLICA DEL CONCILIÁBULO VATICANO 2 (51)
LA GRAN APOSTASÍA BÍBLICA DEL CONCILIÁBULO VATICANO 2 (52)
LA GRAN APOSTASÍA BÍBLICA DEL CONCILIÁBULO VATICANO 2 (53)
LA GRAN APOSTASÍA BÍBLICA DEL CONCILIÁBULO VATICANO 2 (54)
LA GRAN APOSTASÍA BÍBLICA DEL CONCILIÁBULO VATICANO 2 (55)
LA GRAN APOSTASÍA BÍBLICA DEL CONCILIÁBULO VATICANO 2 (56)
LA GRAN APOSTASÍA BÍBLICA DEL CONCILIÁBULO VATICANO 2 (57)
LA GRAN APOSTASÍA BÍBLICA DEL CONCILIÁBULO VATICANO 2 (58)
LA GRAN APOSTASÍA BÍBLICA DEL CONCILIÁBULO VATICANO 2 (59)
LA GRAN APOSTASÍA BÍBLICA DEL CONCILIÁBULO VATICANO 2 (60)
LA GRAN APOSTASÍA BÍBLICA DEL CONCILIÁBULO VATICANO 2 (61)
LA GRAN APOSTASÍA BÍBLICA DEL CONCILIÁBULO VATICANO 2 (62)
LA GRAN APOSTASÍA BÍBLICA DEL CONCILIÁBULO VATICANO 2 (63)
LA GRAN APOSTASÍA BÍBLICA DEL CONCILIÁBULO VATICANO 2 (64)
LA GRAN APOSTASÍA BÍBLICA DEL CONCILIÁBULO VATICANO 2 (65)
LA GRAN APOSTASÍA BÍBLICA DEL CONCILIÁBULO VATICANO 2 (66)
LA GRAN APOSTASÍA BÍBLICA DEL CONCILIÁBULO VATICANO 2 (67)
LA GRAN APOSTASÍA BÍBLICA DEL CONCILIÁBULO VATICANO 2 (68)
LA GRAN APOSTASÍA BÍBLICA DEL CONCILIÁBULO VATICANO 2 (69)
LA GRAN APOSTASÍA BÍBLICA DEL CONCILIÁBULO VATICANO 2 (70)
LA GRAN APOSTASÍA BÍBLICA DEL CONCILIÁBULO VATICANO 2 (71)
LA GRAN APOSTASÍA BÍBLICA DEL CONCILIÁBULO VATICANO 2 (72)
LA GRAN APOSTASÍA BÍBLICA DEL CONCILIÁBULO VATICANO 2 (73)
LA GRAN APOSTASÍA BÍBLICA DEL CONCILIÁBULO VATICANO 2 (74)
LA GRAN APOSTASÍA BÍBLICA DEL CONCILIÁBULO VATICANO 2 (75)
LA GRAN APOSTASÍA BÍBLICA DEL CONCILIÁBULO VATICANO 2 (76)
LA GRAN APOSTASÍA BÍBLICA DEL CONCILIÁBULO VATICANO 2 (77)
LA GRAN APOSTASÍA BÍBLICA DEL CONCILIÁBULO VATICANO 2 (78)
LA GRAN APOSTASÍA BÍBLICA DEL CONCILIÁBULO VATICANO 2 (79)
LA GRAN APOSTASÍA BÍBLICA DEL CONCILIÁBULO VATICANO 2 (80)
LA GRAN APOSTASÍA BÍBLICA DEL CONCILIÁBULO VATICANO 2 (81)
LA GRAN APOSTASÍA BÍBLICA DEL CONCILIÁBULO VATICANO 2 (82)
LA GRAN APOSTASÍA BÍBLICA DEL CONCILIÁBULO VATICANO 2 (83)
LA GRAN APOSTASÍA BÍBLICA DEL CONCILIÁBULO VATICANO 2 (84)
LA GRAN APOSTASÍA BÍBLICA DEL CONCILIÁBULO VATICANO 2 (85)
LA GRAN APOSTASÍA BÍBLICA DEL CONCILIÁBULO VATICANO 2 (86)
LA GRAN APOSTASÍA BÍBLICA DEL CONCILIÁBULO VATICANO 2 (87)
LA GRAN APOSTASÍA BÍBLICA DEL CONCILIÁBULO VATICANO 2 (88)
LA GRAN APOSTASÍA BÍBLICA DEL CONCILIÁBULO VATICANO 2 (89)
LA GRAN APOSTASÍA BÍBLICA DEL CONCILIÁBULO VATICANO 2 (90)
LA GRAN APOSTASÍA BÍBLICA DEL CONCILIÁBULO VATICANO 2 (91)
LA GRAN APOSTASÍA BÍBLICA DEL CONCILIÁBULO VATICANO 2 (92)
LA GRAN APOSTASÍA BÍBLICA DEL CONCILIÁBULO VATICANO 2 (93)
LA GRAN APOSTASÍA BÍBLICA DEL CONCILIÁBULO VATICANO 2 (94)
LA GRAN APOSTASÍA BÍBLICA DEL CONCILIÁBULO VATICANO 2 (95)
LA GRAN APOSTASÍA BÍBLICA DEL CONCILIÁBULO VATICANO 2 (96)
LA GRAN APOSTASÍA BÍBLICA DEL CONCILIÁBULO VATICANO 2 (97)
LA GRAN APOSTASÍA BÍBLICA DEL CONCILIÁBULO VATICANO 2 (98)
LA GRAN APOSTASÍA BÍBLICA DEL CONCILIÁBULO VATICANO 2 (99)
LA GRAN APOSTASÍA BÍBLICA DEL CONCILIÁBULO VATICANO 2 (100)
LA GRAN APOSTASÍA BÍBLICA DEL CONCILIÁBULO VATICANO 2 (101)
LA GRAN APOSTASÍA BÍBLICA DEL CONCILIÁBULO VATICANO 2 (102)
LA GRAN APOSTASÍA BÍBLICA DEL CONCILIÁBULO VATICANO 2 (103)
LA GRAN APOSTASÍA BÍBLICA DEL CONCILIÁBULO VATICANO 2 (104)
LA GRAN APOSTASÍA BÍBLICA DEL CONCILIÁBULO VATICANO 2 (105)
LA GRAN APOSTASÍA BÍBLICA DEL CONCILIÁBULO VATICANO 2 (106)
LA GRAN APOSTASÍA BÍBLICA DEL CONCILIÁBULO VATICANO 2 (107)
LA GRAN APOSTASÍA BÍBLICA DEL CONCILIÁBULO VATICANO 2 (108)