LA CRUZ ES UN ESCÁNDALO Y UNA LOCURA PARA LOS POBRES MUNDANOS

 



LA CRUZ ES UN ESCÁNDALO Y UNA LOCURA PARA LOS POBRES MUNDANOS


Por Un discípulo amado de N.S.J.C.




"La doctrina de la Cruz es, en efecto, locura para los que perecen; pero para nosotros los que somos salvados, es fuerza de Dios". (1 Corintios 1:18).




Entonces, dijo a sus discípulos: “Si alguno quiere seguirme, renúnciese a sí mismo, y lleve su cruz y siga tras de Mí.

Porque el que quisiere salvar su alma, la perderá; y quien pierda su alma por mi causa, la hallará". (Mateo 16:24-25).




Las citas bíblicas precedentes nos confirman sin lugar a dudas que el misterio de la Cruz es capital para comprender el plan de salvación llevado a cabo por Dios Uno y Trino en las almas. En efecto, pues ya nos advirtió el divino Maestro que aceptar la propia cruz y seguirle es la condición indispensable para ser discípulo suyo. ¿Y qué significa llevar la cruz? Nos lo revela igualmente Jesucristo cuando dice que es preciso renunciarse a uno mismo para seguirle a Él. Renunciarse a sí mismo implica crucificar y mortificar el orgullo propio, nuestra carne con sus apetitos desordenados, nuestra voluntad rebelde que busca siempre la autosatisfacción y el tener razón, etc.




La vida del cristiano es milicia sobre la tierra, es decir, una lucha constante contra el mundo, el demonio y la carne. De los tres enemigos del alma, seguramente el más insidioso es el mundo, pues a la propia carne con sus inclinaciones torcidas se la ve venir de lejos y podemos hacerle frente mediante sanas mortificaciones como el ayuno y la abstinencia; del mismo modo, al demonio se le distingue claramente cuando nos incita a desobedecer o a rebelarnos contra algún dogma o verdad contenida en la Escritura y el Magisterio. Pero el mundo utiliza una estrategia mucho más sibilina y capciosa, de ahí que sea bastante difícil el hacerle frente y vencerlo.




No olvidemos además que fue mediante astutas y falaces insinuaciones de que el mundo debía ser comprendido y amado tal cual era que el pérfido Anticristo Montini-Pablo 666 logró engañar a la totalidad del cuerpo episcopal en el infausto conciliábulo Vaticano 2, que supuso la gran apostasía bíblica profetizada.




Y se comprende por qué triunfó el sagaz hijo de perdición, pues el mundo está compuesto por todos los que habitamos en esta pobre tierra, pecadores todos, malos y buenos, nuestros propios familiares y amigos, por lo que el maldito respeto humano se entromete siempre y paraliza cualquier intento de evangelizar a quienes nos rodean.




¿Y qué valores vemos triunfar en el mundo y entre los mundanos? Se trata de la antítesis de la perfección espiritual, pues el mundo pregona con millones de voces estridentes que uno debe sentirse muy orgulloso de uno mismo y no humillarse jamás, lo cual es considerado como una vergüenza y una humillación suprema por los mundanos.




El afán de riquezas y placeres es esencial para el mundo y sus locos seguidores, que son legión hoy más que nunca. Todos los mundanos buscan asegurarse su porvenir en esta breve vida, pero jamás piensan en la vida eterna. El ansia por las posesiones materiales, la búsqueda alocada de cualquier placer, ya sea lícito o ilícito, el orgullo y la buena fama ante los demás es lo único que mueve a los infelices gentiles de ayer y de hoy. Rara vez piensan en que hay un Dios ante el que todos deberemos comparecer para rendir cuentas de nuestra vida, pues sus pensamientos están engolfados en asuntos temporales únicamente.




La única causa que nos va a servir en la eternidad para salvar nuestras almas será la causa de Jesucristo, la causa de la Cruz y de la verdadera Fe. Todo lo demás está condenado al más espantoso fracaso en el más allá, como nos lo advirtió N.S.J.C. cuando dijo que quien quisiere salvar su alma en esta vida la perdería para la vida eterna, lo cual significa ser reprobado por Dios y ser enviado al terrible infierno. Ahora bien, si preguntamos a cualquier pobre infeliz que transita por nuestras calles cuál es su propósito en la vida, ¿no nos va a responder prácticamente lo mismo que la inmensa mayoría de personas que pueblan el mundo hoy?...




Ciertamente, pues casi todos buscan "salvar la vida" en esta tierra mediante una vida "normal" -horrible palabra-, esto es, adquirir formación, conseguir un trabajo, encontrar una pareja y formar una familia con ella, después vivir una buena vejez y disfrutar de una cómoda pensión de jubilación hasta que les llegue su hora de morir y "descansar", como se imaginan los pobres desgraciados, totalmente ignorantes, incrédulos y sordos ante las graves advertencias que la Iglesia y la Sagrada Escritura han hecho acerca de quienes se acomodan al falso espíritu del mundo y sus valores engañosos.




Y así bajan todos ellos al abismo de fuego eterno, del cual no saldrán jamás. Realmente es muy trágico y triste si se considera seriamente, pero como los mundanos odian la Palabra de Dios y no se la creen, o bien no la odian pero le quitan importancia a los pasajes más graves, lo cual equivale a no creer en ella, pues así es prácticamente imposible que la Fe pueda surgir en ellos y arraigar. De hecho, si preguntamos a cualquier pobre alma que ya esté en el infierno condenada para toda la eternidad, nos dirá que fue por no soportar la escucha o la lectura de la Sagrada Escritura, que le reprendía el mal que hacía y le exhortaba a arrepentirse y obrar rectamente, pero ella no quiso hacerlo y ahora se halla en tan espantoso lugar para siempre. Queda demostrado pues que la aversión y la incredulidad hacia la divina Palabra es uno de los rasgos inconfundibles de los reprobados en el infierno.




Y es que los mundanos prefieren escuchar la seductora voz de Satanás, el príncipe de este mundo, el cual les dice que se esfuercen por destacar por encima de todos y pasar por encima de quien se les oponga, pues ellos deben ser los más fuertes, los más inteligentes -según el mundo, no según Dios-, los más atractivos, los más dominantes, los más populares, etc., etc. En esas bagatelas se pierden muchísimas almas insensatas, sacrificando hasta la salud corporal para conseguir tan irreales y quiméricos objetivos, de modo que cuando se dan cuenta de lo absurdo de tales propósitos, ya es demasiado tarde para ellos, y la muerte les sorprende en tan lastimero estado.




Por tanto, los verdaderos siervos de Dios buscaremos siempre la "locura" y el "escándalo" de la Cruz, pues sabemos que sólo ella lleva a la salvación, como así nos enseñó Cristo Jesús, y dejaremos que los infelices mundanos se ahoguen en un mar de falsos placeres y deleites, los cuales son muy efímeros y terminan con harta frecuencia en el hastío y la conciencia culpable.




Es preferible perder nuestra vida por la sagrada causa del Hijo de Dios Jesucristo que ser arrastrado por la marea arrolladora del mundo y sus esclavos, pues los que hagan lo primero resucitarán para la vida eterna, pero quienes se conformen con el mundo y sus engaños tendrán que oír de labios del supremo Juez la terrible sentencia de condenación.



+A.M.D.G.+




                                                   





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