LA ENVIDIA ESPIRITUAL DE LAS ALMAS MEDIOCRES

 



LA ENVIDIA ESPIRITUAL DE LAS ALMAS MEDIOCRES


Por Un discípulo amado de N.S.J.C.




Hoy tenemos que hablar de un fenómeno lamentable y desagradable, pero que no podemos obviar. Nos referimos a la maldita envidia espiritual que mueve a ciertas almas mediocre y que tantos estragos causa entre quienes han sido llamados o elegidos por Dios Uno y Trino.




No es un asunto grato para nadie, pero debemos clamar contra esos espíritus hipócritas que revisten al mal con apariencia de bien para así poder destilar mejor su malicia ante los incautos. Y algunos incluso se camuflan detrás del Magisterio infalible de los Vicarios de Cristo para evitar ser descubiertos y reprendidos, pero nada hay que deba permanecer oculto para quienes han recibido la luz del Espíritu Santo y poseen el raro don del discernimiento de los espíritus.




Las almas mediocres se caracterizan por vivir en un estado permanente de tibieza espiritual, es decir, no son ni calientes ni frías espiritualmente hablando, lo cual es odioso a ojos del Altísimo y merece su reprobación, como leemos claramente en Apocalipsis 3:15-16, donde Jesucristo exige de sus discípulos un compromiso total y rechaza la indiferencia y la doblez tan típica de los escribas y los fariseos que fueron, no lo olvidemos, los que provocaron la crucifixión y muerte del Hijo de Dios.




Son almas acostumbradas al ritualismo y el formulismo vacíos de la verdadera piedad y contrición, pero muy llenos de largas oraciones vocales recitadas de modo casi frenético y automatizado, sin jamás profundizar en el auténtico significado de lo que se está rezando y sin considerar la tremenda santidad y majestad de Aquél a quien se dirigen dichas oraciones.




Nuestro Dios es un Dios de paciencia y compasión hacia sus pobres criaturas humanas, hechas por Él y redimidas por Su divino Hijo al morir en la Cruz por todos nosotros. Es un Dios que, pese a ser espíritu y verdad, posee un corazón amantísimo y tiernísimo, un corazón de carne, y no se complace en la muerte y el sufrimiento de los impíos (Ezequiel 18:23-24), sino que busca siempre el arrepentimiento y la conversión de sus hijos adoptivos mediante las santas inspiraciones que la gracia derrama en nosotros a través del Espíritu Santo Paráclito.




Sin embargo, las almas mediocres se han erigido en una especie de tribunal rabínico y se creen autorizadas para anatematizar y censurar a quienes no comulgan con sus pesadas ruedas de molino. Pero en el fondo son cobardes y tienen miedo, se sienten aterrorizadas de ser descubiertas y denunciadas por su increíble hipocresía.




Y no sólo eso, sino que las almas mediocres suelen pecar de envidia, no de una cualquiera sino de la peor especie, la envidia espiritual. Este insidioso defecto consiste en sentir celos y animosidad hacia otras almas que han sido bendecidas con diversos dones y carismas, los cuales deberían ser puestos al servicio del conjunto del Cuerpo Místico para que todos se enriquecieran y se beneficiaran de los frutos del Espíritu Santo, pero que por culpa de la envidia de los hipócritas y los fariseos de ayer y de hoy casi nunca llegan a ver la luz.




Un ejemplo de la mezquindad de dichas almas fue experimentado por quien escribe esta meditación, cuando el domingo pasado una de esas almas aviesas me escribió en privado para insinuarme de manera muy astuta, pero decididamente con enorme malicia, que sería mejor que yo cesara en publicar mis propias meditaciones espirituales y compartirlas en un blog, pues según esa hipócrita, san Alfonso María de Ligorio, el P. Lapuente, el santo cura de Ars y otros tantos santos y doctores de la Iglesia, nos han dejado unos sermones maravillosos para todos los tiempos litúrgicos. Por tanto, una meditación elaborada por mí no podría dar, según ella, los mismos frutos espirituales en las almas que las que nos han dejado tantos Santos de la Iglesia. Nótese la formidable doblez de esta persona al intentar cubrirse detrás de los Santos y los Doctores de la Iglesia para así poder lanzar sus envenenados dardos contra mí de manera más "legal" y "autorizada".




Pero eso no fue todo, sino que además insistió a continuación en que ella no tenía "muy claro que un seglar sin formación doctrinal acreditada y sin la aprobación de un obispo católico -que hoy no hay- deba mandar a otras personas contenidos espirituales para hacer oración". Con lo cual la malicia farisaica de semejante mujer quedaba expuesta a ojos de todos, pues en el fondo lo que a ella le molestaba es que yo intentara transmitir el fuego sagrado del amor a la Verdad mediante una serie de meditaciones sobre la Cruz de Cristo y la importancia de llevar nuestra propia cruz de manera digna. Eso era en realidad lo que a ella le molestaba, por mucho que intentara ampararse en el testimonio de los Santos e incluso recurrir a la Jerarquía para acallar mi voz.




Sin embargo, sus perversas intenciones fueron frustradas cuando le contesté que yo fui objeto de una providencial revelación privada hace casi 31 años en la que Dios Espíritu Santo me reveló que "caía bajo el influjo de un amor sacrificado y secreto", y también que yo poseía un raro don, el cual se concede "pocas veces en la vida", cual era el de "gozar de profundidad de visión del mundo", ante lo cual el Paráclito me intimaba a "lucirme" para la mayor honra y gloria de Dios, y para el bien de otras almas.




De modo que todo cuanto escribo está justificado y bendecido por el Señor, así que bien harían esos desgraciados hipócritas en callarse y humillarse, o de lo contrario encontrarán siempre mi testimonio que clamará contra ellos de manera atronadora.




+A.M.D.G.+



                                





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