La tercera sesión del conciliábulo Vaticano 2
EL REFORMISMO AVANZA DESPRECIANDO A LA VERDAD REVELADA E INSULTANDO AL ESPÍRITU SANTO
En septiembre de 1964, tras la apertura de la tercera sesión, el abbé de Nantes usó la siguiente imagen para describir la evolución del Concilio: “La roca se desprendió de la montaña. Ahora está rodando cuesta abajo con un ruido atronador, ¿y vosotros pretendéis detenerla? ¿La habríamos lanzado de esta manera para querer tener la ventaja de pararla ahora? Nadie sabe, en verdad, en qué abismos caerá».
Luego, en su carta del 1 de octubre, explicó por qué el "Concilio" se había convertido en una asamblea democrática en la que los dirigentes progresistas imponían sus puntos de vista:
“Cuando una asamblea establece en principio que se necesita algo nuevo y que sólo se puede encontrar del lado del error; cuando se convence de que basta hablar para disipar los malentendidos, resolver todos los problemas, reconciliar a todos los hombres, y que basta modificar la disciplina según las pasiones humanas para triunfar donde los siglos parecían fracasar; cuando reclama una especie de instinto infalible, sin límite ni regla, que lo libera de todo temor y de todo respeto, ni las protestas de la fe ultrajada, ni las demostraciones de la razón, ni los datos más indudables de la experiencia y de la historia podrán frenar la devastadora avalancha de sus opiniones y decretos. La Asamblea Constituyente de 1789 es un ejemplo y nuestro Concilio otro, no menos convincente. Nos gustaría que el Espíritu Santo inspirara éste. Pero, en primer lugar, habría sido necesario no despreciar al Espíritu Santo, porque es despreciarlo proferir y dejar proclamar, en el aula de San Pedro, errores ya condenados bajo su inspiración o lanzar críticas y acusaciones sacrílegas contra la Santa Iglesia de la que Él es el alma misma». (...)
Resumamos ahora los principales debates de esta tercera sesión.
LOS FINES ÚLTIMOS DEL HOMBRE, olvidados y despreciados por el concilio
El texto sobre “La Iglesia en el fin de los tiempos” fue discutido por los Padres desde el inicio de los trabajos.
“Este capítulo”, señaló el abbé de Nantes, “preparado por iniciativa personal de Juan 23, muestra la vida eterna como vocación suprema de los cristianos y de todo hombre, fin hacia el que tiende el mundo mismo según la peligrosa interpretación de algunos. Textos de San Pablo. El esquema así desarrollado es ya progresista y temerario por su omisión del infierno, por su negación de la lucha terrena de la Iglesia, fuerza de Dios, contra las fuerzas satánicas. Esta es la vieja teoría de la apocatástasis, la más dañina de las herejías: todo terminará bien para todos, todos irán al Cielo, todos verán a Dios. Lejos de lamentar estas desviaciones, los innovadores quieren que vayamos más allá. (…) Si el Concilio hiciera coincidir nuestro ideal cristiano con “el sentido de la historia, el trabajo de los hombres, la construcción del mundo”, ¡nuestra fe respondería mejor a las preocupaciones de las masas! ¡Y los marxistas ya no podían reprochar a la religión, no sin fundamento, ser el opio del pueblo! (...)
“El Cardenal Ruffini, el Patriarca latino de Jerusalén NN. SS. Gori, el arzobispo ortodoxo Nikodim, Agostino y otros se opusieron a estas confusiones. Recordar el infierno y el purgatorio es un deber del Magisterio, una exigencia del ministerio pastoral. La mención exclusiva del éxito, la omisión deliberada del desorden, de la rebelión contra Dios, y de la condenación eterna que sigue, sería la ruina de la religión y conduciría directamente al naturalismo evolucionista de Teilhard, al materialismo gratificante o al colectivismo marxista. Estos hombres de Dios, fieles a la integridad de su fe, no concretaron así sus críticas, sin duda por caridad hacia sus colegas. Sin embargo, se trata ya de dos doctrinas que se oponen como la peligrosa novedad de la fe.
“El capítulo, apenas modificado, será aprobado. Se mencionará el infierno como de pasada, sin insistir demasiado».
De hecho, el fuego del infierno se menciona en el capítulo 48 de la nauseabunda Lumen Gentium, pero en “términos bíblicos”, y así queda absolutamente velado el carácter trágico de esta gran verdad de la fe católica. (¡!)
VIOLADAS LAS PRERROGATIVAS DE LA SANTÍSIMA VIRGEN MARÍA
El 16 de septiembre continuó en el aula el estudio del esquema sobre la Iglesia con la discusión de su capítulo VIII, que trata de la Virgen María. “Es”, indicó el abbé de Nantes, “la reducción al mínimo de un primer proyecto. El ala progresista y subversiva del concilio ha recibido una gran satisfacción, fingiendo hipócritamente amar a la Virgen Santísima a condición de que hablemos de Ella lo menos posible y en los términos más áridos. (…) ¡Hoy, este capítulo VIII recomienda a los predicadores no igualar a María con Jesús y tener cuidado con la idolatría en este ámbito! Esta autocrítica delirante bastará al menos para encandilar los oídos de los protestantes más acérrimos... » (...)
"¡Gracias a Dios!" Varios padres expresaron entonces su indignación. Primero fueron engañados al decirles que había que reducir y amputar este esquema con el pretexto de insertarlo en el esquema sobre la Iglesia; después, todo lo que se dice contra María y su culto es ofensivo para los oídos católicos, injusto para la Iglesia y manifiestamente contrario a la verdad. “El cardenal Ruffini demostró cuán odiosamente restrictivo es este texto. El cardenal Wyszinski y otros padres, en nombre de cientos de obispos, pidieron una solemne consagración de la Iglesia a María e incluso, para responder a la expectativa de Nuestra Señora de Fátima, la consagración del mundo, incluida Rusia, a su Inmaculado Corazón. (…) Defendieron todos los títulos impugnados a María. (…) Muchos demostraron que, lejos de ser un obstáculo para el ecumenismo, los esplendores de María y su culto ayudaron poderosamente. El cardenal Suenens, rompiendo con la solidaridad de los reformistas ante su gran indignación, encontró el esquema demasiado reducido y protestó que el “cristocentrismo” no debería convertirse en “antimariano”. Finalmente, vengando a la Iglesia ultrajada, el padre Fernández, maestro general de los Dominicos, tomó nota de la odiosa recomendación hecha de no exaltar a la Virgen como igual a su Hijo: “¿Ha habido alguna vez un verdadero teólogo, un verdadero predicador que hubiera podido enseñar esto? Dejar esta recomendación llevaría a creer que esta desviación realmente existió en la Iglesia Católica y justificaría al protestantismo". ¡Exactamente!
En este punto hay que mencionar un episodio verdaderamente trágico que nos revela cómo veían Dios y la Santísima Virgen María en la corte celestial estas escandalosas e irreverentes discusiones fratricidas que se estaban celebrando en tan siniestra asamblea. El P. Wiltgen relata, en su diario del Concilio titulado El Rin desemboca en el Tíber, un incidente ciertamente triste que tuvo lugar mientras se estaba discutiendo el culto y la devoción que se le debía dar a Ntra. Santísima Madre. “El arzobispo Jósef Gawlina, director del hospicio polaco de Roma, dijo que la devoción a María no era un obstáculo para el ecumenismo, puesto que Martín Lutero había dicho en 1533, mucho después de su ruptura con Roma, que "nunca se alabará bastante a la criatura María". Y añadió que, en 1521, en su disertación sobre el Magnificat, Lutero había escrito bellos elogios hacia la Virgen.
Cuatro días después, el arzobispo Gawlina murió repentinamente de un ataque al corazón”. (¡!) ¡Más claro imposible! La Santísima Madre de Dios se mostraba enormemente afligida y ofendida por la diabólica confusión y la impiedad herética que se estaba difundiendo arrolladoramente entre tan vasta asamblea de quienes habían jurado defender la Verdad y la Fe con sus propias vidas.
“Por tanto, el capítulo iba a ser desestimado, el trabajo clandestino de los reformistas iba a ser puesto en jaque, pero fue entonces cuando una hábil y malévola maniobra acabaría por salvarlo. Los franceses, monseñor Le Couëdic y monseñor Ancel, así como un obispo mexicano, pretendieron considerar este texto como una fórmula de sabio compromiso, capaz por tanto de lograr la unanimidad. Su Exc. Mons. Ancel, para dejar esto claro, tuvo a bien declarar que ya no creía, ahora que había estudiado más (!?), en el título de María Mediadora. Dado que algunos creen en él, y otros no, ¡votemos entonces por un texto que siga siendo mediocre!
“Como por casualidad, el asunto fue concluido al día siguiente por los cardenales Frings y Alfrink, quienes invitaron a todos a sacrificar sus opiniones por la necesaria... ¡unanimidad! De hecho, llamaban a los que creían en la Santísima Virgen como Mediadora a unirse a sus negaciones a los que no creían, y a sacrificar así a la Virgen María a esta minoría tiránica.» (...)
El abbé de Nantes concluyó: “Si un obstáculo debe interponerse en el camino de la subversión en el Concilio, debe ser el rechazo, por una abrumadora mayoría, de este capítulo indecente. Libres de toda coacción, los Padres seguramente lo rechazarían. Pero el Sistema es demasiado poderoso y se los lleva irresistiblemente. ¡Esperemos un milagro! ¡Es cierto que hay incompatibilidad entre el partido reformista y la Virgen María, Nuestra Señora de Lourdes y Fátima! Depende de todos dilucidar las razones».
Continuará...
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