DIARIO DEL APÓSTATA Y HERÉTICO CONCILIÁBULO VATICANO 2 por el Abbé Georges de Nantes (parte 3)

 



El discurso de apertura del conciliábulo Vaticano 2


Sigamos leyendo al abbé de Nantes. Como de costumbre, las comillas y notas extra son mías:



El 11 de octubre de 1962, fiesta de la Maternidad de la Santísima Virgen, se inauguró el "Concilio" Vaticano 2. Se había desatado una violenta tormenta en Roma y las ceremonias comenzaron con una solemne y grandiosa procesión de casi 2.500 padres conciliares, que cruzaron la Plaza de San Pedro bajo una lluvia persistente antes de entrar a la basílica. La misa fue cantada por la Sixtina. Al final de la ceremonia, Juan 23 pronunció su discurso de apertura, la carta del Concilio. Define todo su espíritu, abre las puertas de San Pedro del Vaticano a la novedad.




“Gaudet Mater Ecclesia ... Nuestra Santa Madre Iglesia está alegre. Por un favor especial de la divina Providencia, ha llegado el día tan esperado en el que, bajo la protección de la Santa Madre de Dios cuya Maternidad celebramos hoy, se abre solemnemente cerca de la tumba de San Pedro, el Segundo Concilio ecuménico del Vaticano».




Después de recordar los concilios anteriores, el “Papa” explica el motivo de la alegría actual: “Para que sea más completa la santa alegría que en esta hora solemne llena nuestros corazones, permítanos decir ante esta gran asamblea que este Concilio Ecuménico se abre en circunstancias particularmente favorables».



                          




COMERCIANTE DE FELICIDAD

De repente, el “Santo Padre” lanza una acusación enérgica contra "los profetas de calamidades". En pocas palabras, la “reacción” está silenciada de antemano. Ha llegado la hora de la revolución.



“Sucede muchas veces que, en el ejercicio cotidiano de Nuestro ministerio apostólico, Nuestros oídos se ofenden al oír lo que dicen algunos que, aunque inflamados de celo religioso, carecen de exactitud en los razonamientos y de equilibrio en su modo de ver las cosas...



“En la situación actual de la sociedad, sólo ven ruinas [Juan 23 blasfema aquí contra el tercer Secreto de Fátima con pleno conocimiento de los hechos] y calamidades; acostumbran a decir que nuestra era ha empeorado profundamente respecto a los siglos pasados; se comportan como si la historia, que es maestra de la vida, no tuviera nada que enseñarles... "



Una mentira evidente, porque los profetas de calamidades extraen su experiencia y sabiduría de las lecciones del pasado, mientras que los “profetas de la felicidad” proyectan sus utopías, desconocidas para el pasado, en un futuro que organizan para satisfacer el placer de su locura.



“...y como si en los tiempos de los Concilios de antaño todo fuera perfecto en cuanto a la doctrina cristiana, a la moral y a la justa libertad de la Iglesia. Nos parece necesario expresar Nuestro completo desacuerdo con estos profetas de calamidades, que siempre anuncian catástrofes, como si el mundo estuviera cerca de su fin».



                        



Tres sabias observaciones del abbé de Nantes:


“En primer lugar, Jesús fue, en la línea de su Precursor el Bautista, un profeta de desgracias... que sucedieron, pero no todas. Todavía quedan algunas desgracias más en el Evangelio que están esperando su momento, lo que da a todos los profetas de calamidades una oportunidad... hasta el final. Entre las desgracias y maldiciones de Jesús, elijo estas divinas palabras: “¡Ay de vosotros cuando todos digan cosas buenas de vosotros! Así trataban vuestros padres a los falsos profetas”. (Lucas 6:26)



“Toda la vida de Juan 23 está encerrada en esta frase.



“Después escribiría un gran cuaderno lleno de acusaciones inspiradas, extraídas de las Sagradas Escrituras o de las obras de los Santos, de los Padres de la Iglesia, de los Pontífices, de los enviados de Dios y los hacedores de milagros, sin olvidar a su Santísima Madre y maestra de la Sabiduría de todos sus hijos adoptivos, la Virgen María en todas sus apariciones... hasta La Salette y Fátima: veremos que todos denuncian a los profetas de la felicidad como impostores, inspirados por el diablo, y corruptores de su pueblo, maldecidos por Dios. ¡Todos sin excepción!




“Por último, es un crimen imperdonable difamar a los profetas de calamidades. Porque, en primer lugar, es un camino difícil, una prueba, aceptar tal papel, tan ingrata misión de Dios, y esto ya aboga por su sinceridad, e incluso por la verdad de sus oráculos. Luego, porque las profecías de calamidades y desgracias son incitaciones a la penitencia, a la conversión de las costumbres, al retorno a la verdadera fe en Cristo y a la verdadera obediencia a la Iglesia.




“Si bien los anuncios de felicidad son seductores y embriagadores, no hacen ningún bien, y muy probablemente no provienen de Dios. A menos que sean, como siempre en las Sagradas Escrituras, el anuncio de una liberación después de un duro castigo (Isaías, 40 - 55), o el anuncio de un diluvio de gracias a petición de la Santísima Virgen sobre un pueblo dócil a sus peticiones. (Fátima, 13 de julio de 1917).»



                                           




“Nadie puede negar”, continúa Roncalli, “que las nuevas condiciones de vida tienen al menos la ventaja de haber eliminado innumerables obstáculos con los que anteriormente los hijos del siglo obstaculizaban la libertad de acción de la Iglesia». La “libertad de acción” del "Concilio" Vaticano 2, elogiada por Juan 23, estaba de hecho bajo estrecha vigilancia por parte de Moscú, en la persona de sus dos enviados. Juan 23 menciona, de paso, "la Iglesia del silencio", pero rápidamente vuelve a su quimera: "Sin embargo, con esperanza y gran consuelo constatamos: hoy la Iglesia, finalmente liberada de todos los obstáculos profanos del pasado (!) puede, desde esta basílica vaticana, como desde un segundo Cenáculo (!!), hacer oír a través de vosotros su voz llena de majestad y gravedad».



¿“Como un segundo Cenáculo”? El primer Cenáculo, el de Jerusalén, es el que vio nacer a la Iglesia, con la institución de la Eucaristía y del Orden, el descenso del Espíritu Santo el día de Pentecostés y la reunión del primero de los Concilios en Jerusalén. La comparación es extraordinariamente halagadora, ¡pero demasiado es demasiado! Después del “nuevo Pentecostés”, aquí está el “segundo Cenáculo”, ¿y qué más? No sólo olvidamos los Concilios anteriores, sino que llegamos a suponer, por el uso de la palabra “segundo”, que no habrá otros después.



Pero aquí es más grave: el “Papa” llega al principio mismo de la reforma a emprender.



LA INVASIÓN DE UN ESPÍRITU NUEVO

“Es necesario, sobre todo, que la Iglesia no aparte nunca la mirada de la sagrada herencia de la verdad que recibió de los antiguos. Pero también debe mirar a los tiempos actuales, que traen nuevas situaciones, nuevas formas de vida y abren nuevos caminos al apostolado católico».



Partiendo de una promesa de conservación del antiguo orden, Juan 23 entra, mediante un sutil “sí, pero”, en una brumosa serie de novedades en todos los ámbitos. ¡Qué inteligente! Esto no se refiere sólo al apostolado, sino también a la doctrina:



“Transmitir en su integridad, sin debilitarla ni alterarla, la doctrina católica... que se ha convertido en patrimonio común de los hombres (!?), ofrecido a todos los hombres de buena voluntad... Sin embargo, este precioso tesoro, no solo debemos mantenerlo como si sólo nos preocupara el pasado (?), pero debemos ponernos con alegría, sin miedo, al trabajo que exigen nuestros tiempos, continuando el camino que la Iglesia viene caminando desde hace casi veinte siglos».



En este punto, hago una observación que me parece muy importante, pues cuando Roncalli afirma que la Doctrina Católica es patrimonio común de todos los hombres, está falsificando la realidad y miente, ya que la Fe Católica es patrimonio de los hijos de Dios únicamente, es decir, de los fieles Católicos que han nacido de lo alto mediante la iluminación de la razón por la Fe, obra sobrenatural que sólo el Espíritu Santo Paráclito puede realizar en quienes dan su asentimiento a las verdades divinas reveladas por la Sagrada Escritura y la Tradición, pasando a formar parte de la Santa Iglesia Católica, el Cuerpo Místico de N.S.J.C. Por tanto, no es cierto que nuestra sagrada Doctrina sea patrimonio común de todos, ya que hay hombres que están muy alejados de ella, de hecho, algunos incluso la odian e impiden que se dilate el reino de Dios en la tierra por medio de la Iglesia, persiguiendo a la Esposa de Cristo e impidiendo obrar a su Jerarquía y Clero. La visión exageradamente optimista y endulzada del falso profeta Juan 23 no se sostiene por ningún lado.



Mas prosigamos con el estupendo análisis del abbé de Nantes…







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