LA CRUZ ES PERSONAL E INTRANSFERIBLE

 




LA CRUZ ES PERSONAL E INTRANSFERIBLE

Por Un discípulo amado de N.S.J.C.


En el Juicio particular veremos claramente cómo los elegidos fueron afligidos y agobiados en vida por sus cruces particulares de una manera más prominente que el resto de almas, pues esto indica que Dios les amó con un amor de predilección y por eso mismo, porque Él les amó de un modo singular y particular, les hizo cargar también con una cruz más notoria y humillante que a los demás, dado que Dios reprende y castiga a los que ama. (Apocalipsis 3:19).



Entonces los predestinados por la Divina Voluntad para ser salvos brillarán como el sol y las estrellas del firmamento, mientras aquellos que los escarnecían y maltrataban quedaran sumidos en la más profunda confusión y desolación al ver a los que habían sido objeto de sus burlas y blanco de sus golpes durante su vida mortal ser merecedores de los elogios del Hijo de Dios N.S.J.C. y lo más importante, recibir la corona de la vida eterna, mientras ellos, sus perseguidores y maltratadores, serán atormentados en el estanque de fuego y azufre durante toda la eternidad. 



Todos los hombres y mujeres han recibido una cruz al nacer con la que obrar su salvación con temor y temblor (Filipenses 2:12), pero unos la han recibido más pesada y notoria que otros. ¿A qué se debe esto? Simplemente al divino beneplácito, que elige a unos pocos por encima de la inmensa mayoría, pues ya nos advirtió el Salvador que muchos eran los llamados e invitados al banquete celestial, pero pocos los elegidos para sentarse a la mesa con Dios Uno y Trino, la Santísima Virgen, los Ángeles y los Santos. (Mateo 22:14). Entonces, ¿esto quiere decir que Dios es injusto? De ningún modo. Eso jamás. Dios no es injusto sino muy justo, un Dios todopoderoso, infinitamente santo y justo, la fuente viva de la sabiduría, la Caridad y la misericordia. Nunca alabaremos bastante al Eterno. Que Dios elija a unos y deseche a otros forma parte del misterio insondable de la divina predestinación, y no nos compete a nosotros, pobres criaturas pecadoras, averiguar el porqué. Lo que debemos creer es que Él es siempre justo y sabio en sus designios, y da a todos las gracias necesarias para salvarse en el estado en que puso a cada uno, aunque lamentablemente no todos hagan buen uso de esas gracias divinas, y el gran número de almas acaba condenándose, la massa damnata que decía San Agustín.



Además, ¿qué nos da a nosotros si Dios es infinitamente bueno y quiere, en su inmensa bondad y benevolencia, reservar unos sitiales en la Jerusalén celestial para sus elegidos, mientras que al gran número lo destina a la perdición eterna? ¿No puede Él hacer lo que le plazca con sus dones, acaso seremos nosotros envidiosos porque Él es bueno? (Mateo 20:15-16).



Por tanto, mucho cuidado a la hora de juzgar, pues a Dios nadie le juzga, y por Él seremos juzgados todos absolutamente, desde el primer hombre nacido en la tierra hasta el último.



¿Cuál es la función de la cruz personal en el misterioso plan de la salvación eterna? Se trata de una obra verdaderamente prodigiosa y divina, únicamente al alcance para Dios. En efecto, mediante la cruz el Señor va modelando a sus elegidos, purificando sus malas inclinaciones y poniendo freno a la sensualidad viciosa que a todos nos asalta en mayor o menor grado. La cruz nos enseña también la paciencia, la resignación y la conformidad con la Divina Voluntad en medio de los dolores y sufrimientos, a imitación de Cristo Jesús en su Pasión y Muerte. Entonces uno comprende que si sufre mucho, más aún sufrió por él Cristo, y además sin quejarse, sino dando gracias al Padre eterno por haberle destinado para ser crucificado y escarmentado.



La cruz nos humilla, esto es, nos hace humildes, de lo cual todos tenemos tanta necesidad, y hace que tomemos conciencia de lo miserables que seríamos si Dios no nos sostuviera, pues todo el que se humilla voluntariamente hasta el fondo se hace fiel imitador de Cristo y merece por ello ser consolado por las gracias divinas.



Y no menos importante es la tarea que realiza la cruz en todas y cada una de las almas predestinadas, pues la cruz las va separando cada vez más del mundo y su inmundo espíritu, que sabemos es un espíritu de soberbia, concupiscencia y rebeldía, los trazos principales de Satanás el demonio, llamado el príncipe de este mundo por Jesucristo. (Juan 12:31).



Gracias a la cruz, los que fueron, son y serán salvos crucifican su carne y su voluntad, muriendo al mundo, al demonio y a la carne, entrando así en la senda angosta que conduce hasta la puerta estrecha de la salvación.



Gracias a la cruz, se salvan los que se salvan, y también se condenan los réprobos, porque no quisieron aceptar la cruz que la Providencia les envió y renegaron de ella, buscando siempre satisfacer su orgullo y su sensualidad culpables.



Dichosos los que esto entiendan y acepten la cruz particular que el Buen Dios les dio al nacer, pues deberán morir en ella a la vista del mundo incrédulo para resucitar después en la vida eterna.


+A.M.D.G.+





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