LA CRUZ DE CRISTO ES EL MAYOR HONOR DE UN CRISTIANO
Por Un discípulo amado de N.S.J.C.
Comenzamos las meditaciones cuaresmales de 2026 con el tema principal de nuestra santa Fe Católica, apostólica y romana: la Cruz gloriosa de N.S.J.C.
Todos los Padres de la Iglesia, los Santos Pontífices, los Doctores de la Fe, los mártires, los confesores y las santas vírgenes atestiguan al unísono que el árbol de la Cruz es el más hermoso y frondoso de todos, pues en el Cielo los bienaventurados gozan del grado de gloria que la Divina Providencia tuvo a bien otorgarles gracias a los dolores y sufrimientos que tuvieron que padecer en esta vida mortal por amor a Cristo Ntro. Señor. En este sentido, podemos afirmar sin miedo a errar que el grado de gloria que los predestinados disfrutan en la otra vida corresponde fielmente al valor de las cruces particulares que cada uno de ellos tuvo que soportar pacientemente durante el tiempo de su peregrinación por la tierra.
Por tanto, se engañan aquellos principiantes e incontinentes espirituales que únicamente ansían gozos y consolaciones en esta vida, como si ya hubieran salvado sus pobres almas y no les quedara nada más por sufrir. De semejante falso misticismo debemos pedir al Señor que nos libre, pues los éxtasis y arrobamientos egoístas no casan bien con la senda estrecha que todos los elegidos por Dios Uno y Trino para ser salvos deben soportar mientras están en este valle de lágrimas.
Cuando alguien nos venga hablando de una falsa paz interior que aleja cualquier pena y dolor, es un signo más que notorio de que ese tal es un falso profeta, del cual debemos huir a toda prisa, pues la característica principal de los falsos profetas es prometer paz y seguridad a cualquier precio y sin importar su origen.
No, en vez de pedir a Dios placeres y disfrutes, el verdadero discípulo de Cristo se afanará por descubrir cuál sea la cruz personal que el Padre Eterno quiso darle, y una vez la haya encontrado, debe abrazarla y amarla como el Divino Maestro e innumerables Santos hicieron, pues la Cruz es sin duda alguna el pasaporte y la seña de identidad de todos los que ansían imitar a Jesús y seguirle hasta la muerte.
Quien se escandalice de la Cruz de Jesucristo no es digno de Él; del mismo modo, quien proteste y se niegue a cargar con su propia cruz, tampoco heredará la vida eterna. Por eso Cristo nos dijo que son muchos los que transitan por la vía ancha y deslumbrante que conduce irremediablemente al infierno, pero sin embargo tan pocos los que caminan por la senda angosta que lleva a la puerta estrecha de la salvación. Y no debe extrañarnos, pues todo en este mundo conspira contra la Cruz y sus seguidores.
El mundo, el demonio y la carne son los tradicionales enemigos del alma, y nunca han estado tan exaltados y desatados como hoy, cuando la santa Iglesia Católica ha sido vilmente eclipsada por una abominable secta herética y apóstata que ha ocupado todas sus estructuras visibles desde el infausto conciliábulo Vaticano 2, que fue la gran apostasía bíblica.
Dicha secta es la gran Ramera del Apocalipsis, también llamada Babilonia la grande en la Sagrada Escritura, y promete a todos sus miembros, grandes y pequeños, una falsa paz y un falso cielo que no existen, pues ya nos advirtió el divino Redentor que en los últimos tiempos surgirían muchos falsos cristos y falsos profetas que engañarían al gran número de almas con sus fábulas y cuentos de vieja.
La mayor herejía y el más dañino engaño que esa secta infernal difunde en todo el orbe es la salvación universal incondicional para prácticamente todos, sin importar su credo o la ausencia del mismo, y presentando a Dios como a un padre bonachón y tontorrón que no se entera de nada y todo lo pasa por alto, lo cual es una odiosa blasfemia y un insulto a la divina majestad de la Trinidad Beatísima.
Por eso debemos alejarnos de esa infame prostituta y escondernos en los peñascos y desiertos, con lo cual se significa la soledad y la insignificancia del pequeñísimo número de los últimos elegidos por Dios para salvarse.
Bebamos de las fuentes del divino Crucificado, gustemos el amargo sabor del dolor y el desprecio de todos, sepamos aguantar los golpes y maltratos de los mundanos varonilmente, sin blasfemar ni albergar deseos de venganza, antes bien rogando por todos esos pobres desgraciados que nos contrarían, pues en verdad tienen necesidad de que alguien ore por ellos, ya que caminan a paso agigantado hacia el abismo de fuego eterno sin que lleguen siquiera a sospecharlo.
Benditos los que esto comprendan y pongan en práctica, ofreciendo sus dolores, enfermedades, contrariedades, lágrimas y sinsabores al Buen Dios y a María Santísima, para mayor honra y gloria de Dios y por la conversión de los pobres pecadores.
Y seamos agradecidos con Dios Uno y Trino por haberse fijado en nuestra pequeñez y habernos dado una cruz para poder imitar al Hijo de Dios.
+A.M.D.G.+


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