LA GRAN APOSTASÍA BÍBLICA DEL CONCILIÁBULO VATICANO 2 (Introducción)

 


1.  Introducción.


Comenzamos aquí la obra más necesaria y urgente, un trabajo monumental que nos permitirá analizar y sacar a la luz las mil y una herejías, errores, desviaciones, barbaridades y engaños diabólicos de los que está repleto e infestado el eternamente maldito conciliábulo Vaticano 2, la gran apostasía bíblica que eclipsó a la Santa Iglesia Católica, Apostólica y Romana, gestando en su lugar al mayor engendro jamás ideado por Satanás y sus demonios, la infame Prostituta de Babilona, la gran Ramera del Apocalipsis, también conocida como secta conciliar o nueva iglesia montiniana, la cual fue parida cual aborto bastardo el fatídico día de la clausura de tan impía asamblea, el 8 de diciembre de 1965, paradójicamente la festividad de la Inmaculada Concepción de la Santísima Virgen María, fecha elegida por el siniestro Anticristo Montini-Pablo 6 no al azar, sino de manera perversamente calculada, sabiendo muy bien la injuria y aflicción que se iba a infligir a la Santa Madre de Dios.



Para detectar y refutar las abominaciones y blasfemias proferidas durante el curso de tan funesto acontecimiento, auténticas monstruosidades heréticas que constituyen un gravísimo pecado contra el Espíritu Santo y ofenden a los oídos piadosos, abominaciones que fueron plasmadas en los 16 documentos finales que produjo este satánico conciliábulo y que fueron inexplicablemente aceptadas de forma voluntaria por los desgraciados Obispos, los cuales ratificaron con su firma culpable que renegaban y apostataban [canon 188.4 & Bula Cum ex apostolatus officio de S.S. Pablo IV] de la Santa Fe Católica de casi 2000 años, para unirse cual insensatos temerarios a la “nueva religión” que acababan de parir entre el falso profeta Roncalli, el Anticristo Montini y sus secuaces heréticos en el cuerpo episcopal; para exponer a plena luz del día las herejías y errores del Vaticano 2, digo, nos serviremos del bendito Magisterio bimilenario de los Vicarios de Cristo, así como del Código de Derecho Canónico de 1917 o Código Pío-Benedictino, llamado así por sus dos principales impulsores, S.S. San Pío X y S.S. Benedicto XV, que nos servirán como espada invencible con la que haremos trizas las insidias y sofismas de Satanás y sus huestes.






Como nos enseña Cristo, el demonio es el padre de la mentira, Satanás fue homicida desde el principio, y no permaneció en la verdad, porque no hay nada de verdad en él. (Juan 8,44). Es además un espíritu sumamente astuto e inteligente, por eso no suele presentar el pecado crudamente tal cual es, sino envuelto en los falsos atractivos de la seducción y el engaño. Recordemos también que San Pablo nos advirtió que caerán en esta seducción diabólica de la "operación del error" los que no tienen el amor de la verdad (II Tesalonicenses 2,10) o sea, los que no aman la Palabra de Dios (Juan 17,17), la cual es verdad, espíritu y vida. (Juan 6,63). Y la Palabra de Dios comprende tanto la Sagrada Escritura como el Magisterio infalible de los Vicarios de Cristo.



Dicho esto, es muy importante que los lectores entiendan bien que, de los tres enemigos del alma, a saber, el mundo, el demonio y la carne, el más insidioso y peligroso es el mundo; ciertamente es así, pues el mundo entero está bajo el dominio del maligno (I Juan 5,19), que es su príncipe (Juan 14,30), y que esparce a manos llenas la cizaña del error, la mentira y el orgullo. El mundo como enemigo de Dios y del alma cristiana constituye todo el conjunto de falsas creencias, idolatrías, opiniones subjetivas, corrientes de pensamiento hostiles a la verdadera religión, modas impías, etc., que se oponen a Dios y a la Fe, bien sea ridiculizando a la Iglesia y a los creyentes, bien sea negando blasfemamente la existencia de Dios, e incluso persiguiendo violentamente y matando a quienes portan la llama de la sagrada Fe Católica en sus corazones.




Si hay algo que el demonio no soporta, es la Palabra de Dios, la buena semilla que el divino Sembrador ha plantado, pues ella es el instrumento de salvación que Dios utiliza para atraer a las almas e instruirlas en lo tocante a la Verdad, una vez han puesto su fe en el Hijo de Dios Jesucristo Nuestro Señor, haciéndolas salir de las tinieblas de la incredulidad y santificándolas con el Espíritu Santo, de ahí que el maligno se esfuerce por todos los medios en extinguir por completo la llama ardiente de la Fe, en apagar ese fuego sagrado y ese amor por la Verdad que se ha encendido en las almas fieles que han recibido las palabras de vida eterna. Satanás hace esto porque es malo por naturaleza, y por envidia, pues sabe bien que nosotros los hombres estamos llamados a ocupar los sitiales que dejaron él y los demás rebeldes que le acompañaron en su suprema impiedad de igualarse a Dios Uno y Trino.



¿Cómo lo hace, pues? ¿Cómo intenta el pérfido diablo apagar la llama de la Fe y el amor de la Verdad, esto es, el amor y la fidelidad a la bendita Palabra que nos dejó el Divino Maestro?... Las parábolas del sembrador y la de la cizaña nos lo explican muy claramente. El demonio es el adversario de Dios, el eterno enemigo, el cual siembra astutamente la cizaña del error, el engaño y la iniquidad en el vasto campo del mundo, que había sido cultivado por el Sembrador Jesús y sus siervos los Pontífices, los Obispos, los Sacerdotes, los Religiosos y los fieles piadosos e instruidos. Quien esparce esa cizaña mortífera para las almas es también el emisario del demonio, o sea, el Anticristo, aprovechándose de que la gente dormía, es decir, que quienes debían estar velando sobre el campo y el rebaño, los guardianes del redil, que siempre fueron los Papas, y con ellos los Obispos, dormían, en otras palabras, que no estaban vigilantes y atentos para detectar el engaño y extirparlo antes de que se extendiera por todo el Cuerpo Místico de Cristo. Esto se cumplió aterradoramente tras la muerte del último Pedro, S.S. Pío XII, el cual pasó a dormir el sueño eterno, y quienes se suponía debían estar velando sobre todo el ancho campo de la Santa Iglesia Católica para proteger lo sembrado y cultivado, me refiero obviamente a los Obispos y Cardenales, faltaron criminalmente a su deber sagrado y dejaron entrar a los peores y más sanguinarios lobos en el redil, al falso profeta Roncalli-Juan 23 primero, y al Anticristo Montini-Pablo 6 después, los cuales diseminaron astutamente la cizaña venenosa de Satanás sobre la viña fértil y bendecida del Buen Dios.



            


        


       


      



Para ejecutar el siniestro propósito de Satanás, el falso profeta y el Anticristo se encargaron de la más negra y sucia tarea que pueda ser concebida, que no es otra que la de sembrar la cizaña del error y la confusión mediante términos ambiguos y dudosos durante el conciliábulo, entre los que destacan de modo notorio conceptos oscuros como "aggiornamiento" o puesta al día, la reforma o renovación -que en realidad escondía una perversa voluntad de transformación o mutación radical e integral del Depósito de la Fe-, el ecumenismo mal entendido, el diálogo con prácticamente todo el mundo, o la colegialidad, por citar los más recurrentes.



En efecto, pues bien sabía el pérfido demonio que una vez esta cizaña hubiera sido sembrada, crecería rápidamente al igual que hacen los vicios y malos hábitos que no son corregidos, y acabaría por ahogar la buena semilla de la Verdad y extinguir por completo la llama de la Fe en los millones de almas infelices que tuviesen la enorme desgracia de ser seducidas por tan espantoso y monumental engaño.


Y eso mismo hicieron Roncalli al inicio del conciliábulo, y especialmente Montini a partir de la segunda sesión y hasta su clausura. Y lo más terrible y trágico, hasta el final de su reinado del terror usurpando lo que siempre había sido la Santa Sede, pero que tras el nefando Vaticano 2 se transfiguró en la inmunda Ramera del Apocalipsis.


El Anticristo supervisó minuciosa y personalmente la aniquilación espiritual y el exterminio de la santa Fe Católica, Apostólica y Romana en millones de almas fieles de todo el orbe otrora Católico impulsando los 16 mortíferos decretos, declaraciones y constituciones que fueron aprobados en tan impía asamblea de apostasía y exaltación de la herejía, como vamos a demostrar en este estudio.













Un estudio y análisis detallado y exhaustivo del conciliábulo y sus envenenados documentos nos revelará que en ellos no se encuentra el lenguaje Católico y cristiano tradicional que llama al bien y al mal por su nombre, sí sí no no, sino justamente todo lo contrario, pues la lectura atenta e inquisidora de esos infaustos textos nos muestra que en todos ellos rezuma y se esconde arteramente el lenguaje seductor y torcido de la antigua serpiente, el lenguaje ambiguo y oscuro del dragón, de Satanás, que una vez más se volvió a disfrazar de ángel de luz para deslumbrar y engañar a los infelices e insensatos Obispos que cayeron víctima de sus pompas y artificios verbales, llevándolos a abrazar la herejía y la apostasía bajo falsas apariencias de piedad y ortodoxia.



En este sentido, el golpe o la jugada maestra del demonio fue llevado a cabo con una frialdad y una precisión verdaderamente aterradoras, pues una vez fueron aprobadas y ratificadas las aberraciones y barbaridades heréticas del Vaticano 2, que el Anticristo Pablo 6 impuso al cuerpo episcopal para que las implementaran y extendieran entre todos los fieles, el portentoso edificio de la Iglesia se derrumbó rápidamente, como así lo confesó ese maldito hipócrita de Montini cuando se quejaba falsamente de la "auto-demolición de la Iglesia", cuando en realidad el muy miserable se regocijaba en su negro interior, pues el humo de Satanás y la devastación doctrinal, disciplinar, moral y espiritual de la Esposa de Cristo habían sido obra suya, cuyos funestos cimientos hay que buscarlos en el fatídico conciliábulo, que supuso el abrazo suicida entre la luz y las tinieblas, entre Cristo y Belial, entre la Roca inexpugnable y las puertas del infierno, entre el reino de Dios en las almas piadosas y este mundo del demonio con su triple concupiscencia de la carne, los ojos y el orgullo.



Tal fue la desgraciada obra y el siniestro legado del hijo de perdición Montini, alias "Pablo 6", el cual vamos a analizar y desmontar en su totalidad para mayor honra y gloria de Dios, y por el bien del Pequeño Rebaño de almas fieles que se encuentra hoy en desierto y se esfuerza por guardar la verdadera Fe Católica pura e intacta en mitad de la gran tribulación espiritual que se ha abatido sobre el orbe.

 

































Este trabajo fundamental se propone justamente eso, Dios Uno y Trino mediante: desenmascarar primeramente la ponzoñosa cizaña que fue introducida en el templo santo durante el funesto conciliábulo Vaticano 2, exponiéndola en toda su malicia y perversidad, para después refutarla y condenarla con las dos espadas sagradas del Magisterio y el CIC, de modo que los pobres fieles sepan distinguir el engaño y cómo hacerle frente, saliendo así del monstruoso engendro diabólico que nació con la clausura de tan nefasto evento, y huyendo al desierto de la fe sobrenatural, lejos de Babilonia la Grande, madre de los fornicarios y las abominaciones de la tierra. El que pueda, entienda.



Hoy son muchos los fariseos pretenciosos que se llenan la boca diciendo que el Vaticano 2 está repleto de errores y herejías, pero casi todos ellos se someten absurdamente a los anticristos que han usurpado la Santa Sede desde la muerte del último Papa legítimo, S.S. Pío XII, y lo que es peor, no hay prácticamente nadie que haya señalado en profundidad cuáles son esos errores y herejías y en qué documentos conciliares se encuentran, ofreciendo su refutación con el apoyo esencial del Magisterio y el Derecho Canónico. Casi nadie quiere realizar tan importante y necesaria labor, pese a que sí que saben lanzar la piedra y luego esconder la mano. En consecuencia, para paliar esta urgente demanda y satisfacer el clamor de las muchas almas que se hallan sumidas en las tinieblas de la ignorancia y la confusión diabólica que lo ha cubierto todo precisamente desde la fatídica fecha de clausura y aceptación del infame conciliábulo, el 8 de diciembre de 1965, aceptamos llevar a cabo la más suprema y monumental misión de exponer a la luz del día las monstruosidades heréticas contenidas en las abominables actas de ese cáncer súper agresivo y destructor para el Cuerpo Místico de Cristo que fue el funesto Vaticano 2.















Antes de finalizar esta introducción, debo insistir en lo necesario y urgente que era llevar a cabo este proyecto fundamental de análisis, exposición y refutación del impío Vaticano 2 y de sus endemoniados promotores. Los lectores encontrarán aquí el fruto de un trabajo intenso y sostenido durante más de 6 largos meses, labor que he tenido que realizar sin el apoyo de alguien a quien yo apreciaba mucho y consideraba un gran hermano en la Fe, pero que inexplicablemente ha puesto infinidad de trabas, objeciones y obstáculos absurdos para impedir que este dossier monumental viera la luz, hasta llegar al mayor de los despropósitos, cuando me retiró la comunicación y su amistad hace unos pocos días. Es una auténtica lástima, sobre todo para él, pues el pobre se ha atrincherado en su torre de marfil y parece desdeñar cualquier contacto o colaboración. Flaco favor le está haciendo a la causa de la Verdad y a la defensa de la Fe Católica si piensa que sacar a la luz las innumerables herejías y blasfemias proferidas durante semejante asamblea de apostasía es algo que no merece la pena.


Este hermano posee un vastísimo conocimiento del Magisterio y el Derecho Canónico, pero se ha negado obstinadamente a cooperar conmigo en esta empresa tan crucial y necesaria, y lo que es peor, incluso me ha amenazado con buscarle objeciones (¡sic!) a mi refutación autorizada del conciliábulo, digo autorizada porque me voy a servir del Supremo Magisterio infalible de los Vicarios de cristo y del Código de Derecho Canónico de 1917, así que a ver quién se atreve a refutar eso…


En fin. No comment. Allá él. Que Dios se lo demande en la otra vida.


Continuará...








Epifanía de Nuestro Señor Jesucristo (6 de enero)

 


Epifanía de Nuestro Señor Jesucristo (6 de enero)



La palabra "Epifanía" significa "manifestación". La Santa Madre Iglesia, en esta Misa, conmemora una triple manifestación de Nuestro Señor Jesucristo: ante los Magos, esto es, ante los gentiles; en su Bautismo, cuando una voz desde los cielos declaró: "Éste es mi hijo muy amado"; y en el milagro de convertir el agua en vino, en las Bodas de Caná.


La fiesta de Epifanía es continuación del misterio de Navidad; pero se presenta en el ciclo litúrgico con grandeza. Su nombre, que significa "Manifestación", indica bien claramente que su objeto es honrar la aparición de un Dios en medio de los hombres.


Efectivamente, durante muchos siglos se dedicó este día a la celebración del Nacimiento del Salvador; y cuando los decretos de la Santa Sede obligaron a todas las Iglesias a celebrar en lo sucesivo con Roma, el misterio de Navidad el día 25 de diciembre, el 6 de enero no quedó del todo privado de su antigua gloria. Conservó el nombre de Epifanía con el glorioso recuerdo del Bautismo de Jesucristo, cuyo aniversario fija una tradición en este día.



                       



La Iglesia griega da a esta fiesta el misterioso y venerable nombre de Teofanía, nombre célebre en la antigüedad para significar una "aparición divina". Se halla este vocablo en Eusebio, en San Gregorio de Nacianzo, en San Isidoro de Pelusa; es el nombre propio de esta fiesta en los libros litúrgicos de la Iglesia griega.


Los Orientales la llaman aún las "Santas Luces", a causa del Bautismo que se administraba antiguamente en este día, en memoria del Bautismo de Jesucristo en el Jordán. Es sabido que los Padres llamaban al Bautismo, Iluminación y a los que lo recibían, iluminados.


Nosotros la llamamos familiarmente, "Fiesta de Reyes", en recuerdo de los Magos, cuya llegada a Belén se conmemora de un modo particular en este día.


La Epifanía participa con las fiestas de Navidad, Pascua, la Ascensión y Pentecostés del honor de ser calificada de día santísimo en el canon de la Misa; se la considera como una de las fiestas cardinales, es decir, una de las fiestas sobre las que descansa la economía del Año litúrgico. De ella toma su nombre una serie de seis Domingos, lo mismo que otras toman el título de Domingos de Pascua o Domingos de Pentecostés.



                                


Es, pues, un gran día la fiesta de la Epifanía del Señor; la alegría causada por la Natividad del Niño Dios, debe seguir aumentando en esta fiesta. En efecto, los nuevos destellos de Navidad nos muestran con un nuevo esplendor; la gloria del Verbo Encarnado; y sin hacernos perder de vista los inefables encantos del divino Niño, manifiestan en todo el brillo de su divinidad, al Salvador que amorosamente se nos ha mostrado. Los pastores no son los únicos llamados por los Ángeles a reconocer al VERBO HECHO CARNE; también el género humano, y la naturaleza entera son invitados por la misma voz de Dios a adorarle y escucharle.


Dom Prosper Gueranguer

El Año Litúrgico, Adviento - Adviento y Navidad



                 








LA GRAN APOSTASÍA BÍBLICA DEL CONCILIÁBULO VATICANO 2 (entrada 1ª)

 




EL CONCILIÁBULO VATICANO 2, LA GRAN APOSTASÍA BÍBLICA




Súplica a San Miguel Arcángel.

“He aquí que el antiguo enemigo y homicida se ha erguido con vehemencia. Disfrazado de “ángel de luz” (II Cor. 11, 14) con la escolta de todos los espíritus malignos rodea e invade la tierra entera, y se instala en todo lugar, con el designio de borrar allí el nombre de Dios y de su Cristo, de arrebatar las almas destinadas a la corona de la gloria eterna, de destruirlas y perderlas para siempre. Como el más inmundo torrente, el maligno dragón derramó sobre los hombres de mente depravada y corrompido corazón, el veneno de su maldad: el espíritu de la mentira, de la impiedad y de la blasfemia; el letal soplo de la lujuria, de todos los vicios e iniquidades.



Los más taimados enemigos han llenado de amargura a la Iglesia, esposa del Cordero Inmaculado, le han dado a beber ajenjo, han puesto sus manos impías sobre todo lo que para Ella es más sagrado. Donde fueron establecidas la Sede de San Pedro y la Cátedra de la Verdad como luz para las naciones, ahí, ellos han erigido el trono de la abominación de la impiedad, de suerte que, golpeado el Pastor, pueda dispersarse la grey. Oh invencible adalid, ayuda al pueblo de Dios contra la perversidad de los espíritus que le atacan y dale la victoria”.


EXORCISMO CONTRA SATANÁS Y LOS ÁNGELES REBELDES. Publicado por orden de Su Santidad León XIII en 1884.



                                     



                                  


Gaude Maria virgo, cunctas haereses sola interemisti in universo mundo.


                                        ***



1. Contenidos de este dossier fundamental.

 

·       Súplica a San Miguel Arcángel


·       Introducción


·       Cómo el falso profeta Roncalli-Juan 23 preparó el terreno para la abominación de la desolación, el Anticristo Montini-Pablo 6, con la insólita convocatoria del impío conciliábulo Vaticano 2, a instigación del pérfido hijo de perdición Montini.


·       Vergonzosas traiciones, numerosas irregularidades, ambigüedades, errores groseros y omisiones culpables desde el inicio del conciliábulo con una oscura constante: la mano negra del siniestro Montini estuvo siempre detrás de estos escandalosos episodios.


·       Análisis crítico del discurso de apertura del conciliábulo Vaticano 2 pronunciado por el falso profeta Juan 23.


·       Addendum - La tremenda culpa del falso profeta Angelo Roncalli-Juan 23 al abrir el pozo del abismo con la convocatoria del funesto conciliábulo.


·       Errores en el mensaje de los Padres Conciliares al mundo. Ejemplos de ambigüedades y contradicciones ínsitas en los textos del concilio. Omisiones notables en el plano dogmático y en el plano espiritual.


·       Herejías, errores y novedades en la revolucionaria “encíclica” Pacem in Terris (1963) del falso profeta Roncalli, alias “Juan 23”.


·       Muerte del falso profeta Roncalli-Juan 23 y advenimiento del Anticristo Montini-Pablo 6. Breve biografía del maligno hijo de perdición.


·       Análisis crítico del discurso de apertura de la 2º sesión del conciliábulo Vaticano 2 realizado por el Anticristo Pablo 6. Análisis de su diabólica primera “encíclica” Ecclesiam Suam.


·                           






Extrait crucial de "LE RÉSEAU RAMPOLLA & L'ÉCLIPSE DE L'ÉGLISE CATHOLIQUE" de Henri Barbier





Herejías y errores detectados en la mortífera “constitución conciliar” 
Lumen Gentium.


·       Herejías y errores advertidos en la abominable “constitución conciliar” Gaudium et Spes.


·       Innumerables herejías y errores en la monstruosa “declaración conciliar” Dignitatis Humanae.


·       Análisis y síntesis general de las monstruosidades heréticas y errores satánicos detectados en TODOS los documentos que conforman tan impía asamblea de exaltación de la apostasía y la herejía.


·       Innumerables irregularidades, injusticias y escándalos en el día a día del conciliábulo, poniendo de manifiesto la intención deshonesta y torcida que tenían quienes convocaron semejante abominación de la desolación en el templo santo. Análisis de las 8 herejías del discurso de apertura del Vaticano 2 pronunciado por el falso profeta Juan 23 y redactado por el Anticristo Montini. El desarrollo del conciliábulo resumido magistralmente por un valiente sacerdote francés que advirtió proféticamente acerca de la hecatombe espiritual que amenazaba con demoler los cimientos de la Iglesia Católica.


·       Breve biografía del Anticristo personal G.B. Montini, alias "Pablo 6 ", el ser más perverso y dañino que jamás ha existido en la historia de la humanidad. Análisis de la incendiaria "encíclica" montiniana “Populorum progressio".


·       Innumerables herejias, errores y novedades en el actual “Catecismo” de la “Iglesia Católica” (gran Ramera de Babilonia) promulgado por el hereje Karol Wojtyla, alias “Juan Pablo 2”.


·       La revolución litúrgica, origen del abominable Novus Ordo Missae del Anticristo Pablo 666. Breve Examen crítico del Nuevo Orden de la Misa, por los Cardenales Ottaviani y Bacci. La Santa Misa Romana Tridentina vs el diabólico “Novus Ordo Missae” de 1969.


·                                          







     La Sociedad y el Estado cristianos: tesis contenidas en los Documentos Pontificios. La llamada “libertad de prensa” está CONDENADA por el Magisterio de la Iglesia.


·       Los frutos podridos del conciliábulo visibles en la Ramera del Anticristo que fue engendrada tras aquella funesta asamblea de exaltación de la apostasía y la herejía. Veredicto final y estimación de daños causados al Cuerpo Místico de N.S.J.C.


·       Addendum. ASÍS MONTINIANO (y Roncalliano). Galería de imágenes que demuestran que la apostasía total fue efectivamente realizada por el Anticristo y su falso profeta, muchos años antes de que el infame Wojtyla, alias “Juan Pablo 2”, presidiera el blasfemo aquelarre de Asís en 1986.


·       Addendum. Carta al Cardenal Ottaviani de un bravo sacerdote francés, testigo de excepción de la gran apostasía conciliar, el cual prácticamente fue el primero y el único que previó de manera profética las consecuencias catastróficas del conciliábulo Vaticano 2. Semblanza de este visionario defensor de la Fe.


·       Addendum.  El ultimátum del “cardenal” Seper y la respuesta de nuestro valiente abbé.


·       Addendum. Liber accusationis in Paulum Sextum (fragmentos)


·       Biografía del siniestro G.B. Montini, alias “Pablo 6”, el Anticristo personal, el adversario, el inicuo, el homo peccatus, el hijo de perdición.


·       Addendum. Liber acusationis secundus (contra Wojtyla, alias “Juan Pablo 2”) (fragmentos)


·       Conclusión.


·       Agradecimientos.



CONTINUARÁ...









Bush and Thorn (traditional Christmas carol by Therese Schroeder-Sheker

 


                    Bush and Thorn  


                     Sief Frenken · Therese Schroeder-Sheker 

                   In Dulci Jubilo ℗ 1991 Celestial Harmonies



Fiesta del Santo Nombre de Jesús (2 de enero)

 



Fiesta del Santo Nombre de Jesús (2 de enero)



Esta Fiesta se celebra el primer domingo del año; pero si este domingo cae en los días 1, 6 ó 7 de enero, la fiesta pasa al día 2. Su origen se remonta al siglo XVI, cuando era celebrada por la Orden Franciscana. En el año 1721 el Papa Inocencio XIII transformó esta celebración en universal. Por medio de San Gabriel Arcángel, Dios mismo impuso al Salvador del mundo el nombre de Jesús aún antes de que fuera concebido.


El Antiguo Testamento había rodeado el Nombre de Dios de un profundo terror; este nombre era entonces tan temible como santo, y no todos los hijos de Israel tenían el honor de pronunciarlo. Aún no había aparecido Dios en la tierra conversando con los hombres; todavía no se había hecho hombre uniéndose a nuestra débil naturaleza; no podíamos, pues, darle ese nombre amoroso y tierno que la Esposa da al Esposo. Pero, cuando llega la plenitud de los tiempos, cuando el misterio del amor está próximo a aparecer, el nombre de Jesús baja primeramente del cielo, como un anticipo de la presencia del Señor que lo ha de llevar. El Arcángel dice a María: "Le pondrás por nombre Jesús"; ahora bien, Jesús quiere decir Salvador. ¡Qué dulce será este nombre para el mortal perdido! y, ¡cómo acerca ese solo Nombre al cielo con la tierra! ¿Hay alguno más amable y más poderoso? Si, al sonido de ese divino Nombre, debe doblarse toda rodilla en el cielo, en la tierra y en los infiernos ¿habrá algún corazón que no se conmueva de amor al oírlo? Mas, dejemos que nos describa San Bernardo el poder y la dulzura de ese bendito Nombre. He aquí cómo se expresa a este propósito en su Sermón decimoquinto sobre el Cantar de los Cantares:


"El Nombre del Esposo es luz, alimento, medicina. Ilumina, cuando se le publica; alimenta, cuando en él se piensa, y cuando en la tribulación se le invoca, proporciona lenitivo y unción. Detengámonos, si os place, en cada una de estas cualidades. ¿Cómo pensáis que pudo derramarse por todo el mundo esa tan grande y súbita luz de la fe, sino es por la predicación del Nombre de Jesús? ¿No nos llamó Dios a su admirable luz, por medio de la antorcha de su bendito Nombre? Al ser iluminados por ella, y viendo en esta luz otra luz, oímos a San Pablo que acertadamente nos dice: Erais antes tinieblas, mas ahora luz en el Señor.


Pero, el Nombre del Jesús no es sólo luz; es también alimento. ¿No os sentís reconfortados al recordar ese dulce Nombre? ¿Hay algo en el mundo que tanto nutra el espíritu de quien en El medita? ¿Qué hay asimismo como él que restaure la flojedad de los sentidos, que dé fortaleza a las virtudes, haga florecer las buenas costumbres y mantenga los puros y castos afectos? Todo alimento del alma es árido si no está empapado en este aceite, insípido si no está sazonado con esta sal.


Cuando me escribís, vuestro relato no tiene para mí ningún sabor si no leo allí el nombre de Jesús. Cuando conmigo habíais o disputáis, la conversación no tiene para mí interés alguno si en ella no oigo resonar el nombre de Jesús. Jesús es miel para mi boca, melodía para mi oído, júbilo para mi corazón; y además de todo esto, una benéfica medicina. ¿Está triste alguno? Venga Jesús a su corazón, salga de allí a su boca, y en seguida se disipará cualquier nublado, y volverá la serenidad, en presencia de ese divino Nombre que es una verdadera luz. ¿Cae alguien en el crimen, o corre desesperado al abismo de la muerte? Que invoque el Nombre de Jesús y comenzará de nuevo a respirar y a vivir. ¿Quién, en presencia de ese nombre, permaneció nunca con el corazón endurecido, con la incuria de la pereza, el rencor o la languidez del fastidio? ¿Quién, por ventura, teniendo seca la fuente de las lágrimas, no la sintió correr repentinamente más abundante y suave, en cuanto invocó el nombre de Jesús? ¿Qué hombre hay, que temeroso y temblando en lo más recio del peligro, haya invocado ese Nombre, y no haya sentido inmediatamente que nacía en él la confianza, y huía el miedo? ¿Quién es, os lo pregunto, el que sacudido y agitado por las dudas, no vió brillar la certidumbre, tan pronto como invocó ese luminoso Nombre? ¿Quién es el que, habiendo dado oídos a la desconfianza en tiempo de la adversidad, no recobró el valor cuando llamó en su ayuda a ese Nombre poderoso? Efectivamente, todas esas son enfermedades del alma, y él es su medicina.


Así es, y puedo probarlo con estas palabras: Invócame, dice el Señor, en el día de la tribulación, y te libraré de ella, y tú me honrarás. Nada sujeta tanto el ímpetu de la ira, ni calma tanto la hinchazón del orgullo. Nada cura tan radicalmente las heridas de la tristeza, reprime los excesos lúbricos, extingue las llamas de las pasiones, apaga la sed de la avaricia, y ahuyenta el prurito de los apetitos deshonestos. En efecto, cuando pronuncio el nombre de Jesús, me represento un hombre manso y humilde de corazón, benigno, sobrio, casto, misericordioso, en una palabra, un hombre radiante de pureza y santidad, el cual es al mismo tiempo Dios omnipotente que me cura con sus ejemplos, y me fortalece con su ayuda. Todo esto suena en mi corazón cuando oigo el Nombre de Jesús. De esta manera, si le considero como hombre, saco de él ejemplos para imitarlos; si le considero como Dios Todopoderoso, una ayuda segura. Me sirvo de los referidos ejemplos como de hierbas medicinales, y de su ayuda como de un instrumento para triturarlas, elaborando con ellas una mezcla cual ningún médico sabría confeccionarla.


¡Oh, alma mía, tienes un maravilloso antídoto encerrado, en este Nombre de Jesús como en un vaso! Jesús, es ciertamente un Nombre saludable y un medicamento que nunca resultará ineficaz para ninguna dolencia. Tenedlo siempre en vuestro seno, siempre a la mano, de tal modo que todos vuestros actos vayan siempre dirigidos hacia Jesús."


Tal es, la virtud y la dulzura del santísimo Nombre de Jesús, nombre que fue impuesto al Emmanuel el día de su Circuncisión; pero, como el día de la Octava de Navidad está ya consagrado a celebrar la Maternidad divina, y el misterio del Nombre del Cordero exigía por sí solo una festividad propia, la Iglesia instituyó la fiesta de hoy. Su primer propulsor fue San Bernardino de Sena, en el siglo xv, el cual estableció y propagó la costumbre de representar, rodeado de rayos, el Santo Nombre de Jesús, reducido a sus tres primeras letras IHS, reunidas en monograma. Esta devoción se extendió rápidamente por Italia, favorecida por el ilustre San Juan Capistrano, de la Orden Franciscana, lo mismo que San Bernardino de Sena. La Santa Sede aprobó solemnemente esta devoción al Nombre del Salvador; y en los primeros años del siglo XVI, Clemente VII, a ruego de muchos, concedió a toda la Orden de San Francisco el privilegio de celebrar una fiesta especial en honor del santísimo Nombre de Jesús. Sucesivamente extendió Roma este privilegio a las distintas Iglesias, y llegó el momento en que fue incluida en el calendario universal. Ocurrió esto en 1721 a petición de Carlos VI Emperador de Alemania; el Papa Inocencio XIII determinó que la fiesta del santísimo Nombre de Jesús se celebrase en toda la Iglesia, fijándola primitivamente en el domingo segundo después de Epifanía.



              



MISA

La Iglesia celebra la gloria del Nombre de su Esposo, desde el Introito. Cielo, tierra, abismos, temblad al oír ese Nombre adorable, porque el Hijo del hombre que lo lleva, es también el Hijo de Dios.


INTROITO

En el Nombre de Jesús debe doblarse toda rodilla, en los cielos, en la tierra y en los infiernos: y toda lengua debe confesar que Jesucristo, el Señor, está en la gloria de Dios Padre. Salmo: Señor, Señor nuestro: ¡qué admirable es tu Nombre en toda la tierra! — J. Gloria al Padre.


En la Colecta, la Iglesia, que halla el consuelo de su destierro en el Nombre de su Esposo, pide el poder disfrutar pronto, de la visión de Aquel a quien ese Nombre querido representa.

ORACIÓN

Oh Dios, que constituiste a tu Unigénito, Salvador del género humano, y ordenaste que se llamara Jesús: concédenos, propicio, la gracia de gozar en el cielo de la presencia de Aquel, cuyo santo Nombre veneramos en la tierra. Por el mismo Señor.


EPÍSTOLA

Lección de los actos de los Apóstoles. (IV, 8-12.)

En aquellos días, Pedro lleno del Espíritu Santo, dijo: Príncipes del pueblo y ancianos, oíd: Ya que en este día se nos pide razón del beneficio hecho a un hombre enfermo, de qué manera ha sido curado éste, sea notorio a todos vosotros y a todo el pueblo de Israel, que este hombre está en vuestra presencia sano en el Nombre de Jesucristo Nazareno, a quien vosotros crucificásteis y Dios resucitó de entre los muertos. Esta es la piedra que vosotros desechasteis al edificar, la cual se ha convertido en piedra angular; y no hay salud en ningún otro. Ni se ha dado a los hombres otro Nombre debajo del cielo, por el cual podamos salvarnos. Ya lo sabemos ¡oh Jesús! ningún otro nombre sino el tuyo podía salvarnos, pues ese Nombre significa Salvador. Bendito seas, pues te dignaste aceptarlo: ¡bendito seas por habernos salvado! Eres del cielo y tomas un nombre de la tierra, un nombre que todos los labios mortales pueden pronunciar: unes, pues, para siempre la naturaleza divina con la humana. ¡Oh! haznos dignos de tan sublime alianza y no consientas que jamás la rompamos. La Santa Iglesia celebra a continuación con sus cantos, las glorias de este divino Nombre a quien bendicen todas las naciones, porque es el Nombre del Redentor del mundo.


GRADUAL

Sálvanos, Señor, Dios nuestro, y júntanos de entre las naciones: para que confesemos tu santo Nombre, y nos gloriemos en tus alabanzas. — Y. Tú, Señor, eres nuestro Padre y nuestro Redentor: tu Nombre exista desde siempre.


ALELUYA

Aleluya, aleluya. — J. Las alabanzas del Señor cantará mi boca; y bendiga toda carne su santo Nombre. Aleluya.


EVANGELIO

Continuación del santo Evangelio según San Lucas. II, 21.

En aquel tiempo, pasados los ocho días para circuncidar al Niño, llamaron su Nombre Jesús, el cual le fue puesto por el Ángel antes de que fuese concebido en el vientre. 


¡Oh Jesús! recibiste el Nombre al derramar en la Circuncisión tu primera sangre; así tenía que ser, ya que ese nombre quiere decir Salvador; y nosotros no podemos salvarnos tampoco si no es por medio de tu sangre. Algún día, esa feliz alianza que has venido a contraer con nosotros, te ha de costar la vida; el anillo nupcial que colocarás en nuestro dedo, estará templado en tu sangre, y nuestra vida inmortal será el precio de tu cruel muerte. Todas estas cosas nos las dice ya tu sagrado Nombre ¡oh Jesús, oh Salvador! Tú eres la Viña que nos invita a libar de su vino generoso; mas, todavía el celeste racimo ha de ser duramente pisado en el lagar de la justicia del Padre de los cielos, de manera que sólo después de haber sido violentamente arrancado de la cepa y desmenuzado, podremos nosotros embriagarnos con su divino jugo. Recuérdenos siempre este misterio, tu divino Nombre, oh Emmanuel, y guárdenos del pecado su memoria, conservándonos siempre fieles a Ti. Durante el Ofertorio canta la Iglesia todavía al Nombre divino, objeto de la presente festividad, ensalzando las gracias reservadas a los que le invocan.


OFERTORIO

Te alabaré, Señor, Dios mío, con todo mi corazón y glorificaré tu Nombre para siempre: porque Tú, Señor, eres suave y manso: y muy misericordioso con todos los que te invocan, aleluya.



SECRETA

Suplicámoste, clementísimo Dios, hagas que tu bendición, con la que vive toda criatura, santifique este sacrificio nuestro, que te ofrecemos para gloria del Nombre de tu Hijo, Nuestro Señor Jesucristo, a fin de que tribute a tu Majestad una alabanza, agradable, y a nosotros nos aproveche para la salud. Por el mismo Señor. 


Después de haber recibido los fieles el alimento celestial del Cuerpo y sangre de Jesucristo, la Iglesia en agradecimiento, invita a todas las naciones a cantar y glorificar el Nombre de quien las creó y redimió.


COMUNIÓN

Todas las gentes que hiciste vendrán a ti, y se humillarán delante de ti, Señor, y glorificarán tu Nombre: porque Tú eres grande y haces maravillas: Tú sólo eres Dios, aleluya. 


Sólo queda ya a la Iglesia por expresar un deseo: que los nombres de todos sus hijos sean inscritos, a continuación del glorioso Nombre de Jesús, en el libro de la predestinación eterna. Tendremos esta dicha asegurada, si sabemos estimar siempre este Nombre salvador, conformando nuestra vida con las obligaciones que impone.


POSCOMUNIÓN

Omnipotente y eterno Dios, que nos has creado y redimido: contempla propicio nuestros votos, y dígnate aceptar, con rostro plácido y benigno, el sacrificio de la: saludable Hostia que hemos ofrecido a tu Majestad, en honor del Nombre de tu Hijo, Nuestro Señor Jesucristo: para que, infundida en nosotros tu gracia, nos alegremos de ver escritos en el cielo nuestros nombres, bajo el glorioso Nombre de Jesús, con el título de la predestinación eterna. Por el mismo Señor.

Fuente: GUERANGER, Dom Prospero. El Año Litúrgico. Burgos, España. (1954) Editorial Aldecoa.