MANUAL DE SUPERVIVENCIA DURANTE LA GRAN TRIBULACIÓN Y LA OPERACIÓN DEL ERROR. (LXIX)

 

*Después de esto, Jesús anduvo por Galilea; pues no quería andar por Judea porque los judíos trataban de matarlo. *Estando próxima la fiesta judía de los Tabernáculos, sus hermanos le dijeron: “Trasládate a Judea, para que tus discípulos también (allí) vean qué obras haces. Ninguno esconde las propias obras cuando él mismo desea estar en evidencia. Ya que Tú haces tales obras, muéstrate al mundo.” *Efectivamente, ni sus mismos hermanos creían en Él. * Jesús, por tanto, les respondió: “El tiempo no ha llegado aún para Mí; para vosotros siempre está a punto. El mundo no puede odiaros a vosotros; a Mí, al contrario, me odia, porque Yo testifico contra él que sus obras son malas.  Id, vosotros, a la fiesta; Yo, no voy a esta fiesta, porque mi tiempo aún no ha llegado.” Dicho esto, se quedó en Galilea”. (Juan 7, 1-9)

[* 5. Los hermanos, o sea los parientes de Jesús, muestran aquí la verdad de lo que el mismo Maestro enseñó sobre la inutilidad de los lazos de la sangre cuando se trata de espíritu (véase Mateo 12, 46 y nota). Consuela pensar que más tarde se convirtieron, según resulta de Hechos 1, 14.

* 6. ¡Penetrante ironía! Para los mundanos siempre es tiempo de exhibirse. En el mundo están ellos en su elemento (v. 7) y no conciben que Jesús no ame como ellos la fama (v. 3 s.).]


Carácter divino de la doctrina de Cristo

Estaba ya mediada la fiesta, cuando Jesús subió al Templo, y se puso a enseñar. Los judíos estaban admirados y decían: “¿Cómo sabe éste letras, no habiendo estudiado?” Les replicó Jesús y dijo: “Mi doctrina no es mía, sino del que me envió. * Si alguno quiere cumplir Su voluntad, conocerá si esta doctrina viene de Dios, o si Yo hablo por mi propia cuenta. *Quien habla por su propia cuenta, busca su propia gloria, pero quien busca la gloria del que lo envió, ese es veraz, y no hay en él injusticia. * ¿No os dio Moisés la Ley? Ahora bien, ninguno de vosotros observa la Ley. (Entonces) ¿Por qué tratáis de quitarme la vida?” La turba le contestó: “Estas endemoniado. ¿Quién trata de quitarte la vida?” * Jesús les respondió y dijo: “Una sola obra he hecho, y por ello estáis desconcertados todos. Moisés os dio la circuncisión —no que ella venga de Moisés, sino de los patriarcas— y la practicáis en día de sábado. Si un hombre es circuncidado en sábado, para que no sea violada la Ley de Moisés: ¿cómo os encolerizáis contra Mí, porque en sábado sané a un hombre entero? No juzguéis según las apariencias, sino que vuestro juicio sea justo.” (Juan 7, 14-24)

[* 17. Procedimiento infalible para llegar a tener fe: Jesús promete la luz a todo aquel que busca la verdad para conformar a ella su vida (I Juan 1, 5-7). Está aquí toda la apologética de Jesús. El que con rectitud escuche la Palabra divina, no podrá resistirle, porque “jamás hombre alguno habló como Éste” (v. 46). El ánimo doble, en cambio, en vano intentará buscar la Verdad divina en otras fuentes, pues su falta de rectitud cierra la entrada al Espíritu Santo, único que puede hacernos penetrar en el misterio de Dios (I Corintios 2, 10 ss.). De ahí que. como lo enseña San Pablo y lo declaró Pío X en el juramento antimodernista, basta la observación de la naturaleza para conocer la existencia del Creador eterno, su omnipotencia y su divinidad (Romanos 1, 20); pero la fe no es ese conocimiento natural de Dios, sino el conocimiento sobrenatural que viene de la adhesión prestada a la verdad de la palabra revelada, “a causa de la autoridad de Dios sumamente veraz” (Denzinger 2145). Cf. 5, 31-39 y notas. * 18. Jesús, “testigo fiel y veraz” (Apocalipsis 3, 14), nos da aquí una norma de extraordinario valor psicológico para conocer la veracidad de los hombres. El que se olvida de sí mismo para defender la causa que se le ha encomendado, está demostrando con eso su sinceridad. Según esa norma, se retrata Él mismo, que fue el arquetipo de la fidelidad en la misión que el Padre le confiara (17, 4-8). * 19. Jesús trae aquí un recuerdo que resulta toda una ironía, pues cuando el pueblo recibió de Moisés la Ley hizo, como un solo hombre, grandes promesas de cumplir todas las palabras del Señor (Éxodo 24, 3), y ahora el Mesías les muestra que ni uno de ellos cumple. * 21. Una sola obra: Jesús alude aquí al milagro de la curación del enfermo de treinta y ocho años, realizada en día sábado (capítulo 5, 1-9). Esto da un nuevo indicio de lo que observamos en 5, 1 sobre el orden de los capítulos.]

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MANUAL DE SUPERVIVENCIA DURANTE LA GRAN TRIBULACIÓN Y LA OPERACIÓN DEL ERROR. (LXVIII)

 

“El que viene de lo alto, está por encima de todos. Quien viene de la tierra, es terrenal y habla de lo terrenal. Aquel que viene del cielo está por encima de todos. Lo que ha visto y oído, eso testifica, ¡y nadie admite su testimonio! Pero el que acepta su testimonio ha reconocido auténticamente que Dios es veraz. Aquel a quien Dios envió dice las palabras de Dios; porque Él no da con medida el Espíritu. El Padre ama al Hijo y le ha entregado pleno poder. *Quien cree al Hijo tiene vida eterna; quien no quiere creer al Hijo no verá la vida, sino que la cólera de Dios permanece sobre él”. (Juan 3, 31-36)

[* 36. Vemos aquí el gran pecado contra la fe, de que tanto habla Jesús. Cf. 16, 9 y nota.]


* Jesús le respondió: “Mujer, créeme a Mí, porque viene la hora, en que ni sobre este monte ni en Jerusalén adoraréis al Padre. *Vosotros, adoráis lo que no conocéis; nosotros adoramos lo que conocemos, porque la salvación viene de los judíos. *Pero la hora viene, y ya ha llegado, en que los adoradores verdaderos adorarán al Padre en espíritu y en verdad; porque también el Padre desea que los que adoren sean tales. *Dios es espíritu, y los que lo adoran, deben adorarlo en espíritu y en verdad.”

(Juan 4, 21-24)

[* 23. En espíritu: es decir, “en lo más noble y lo más interior del hombre (Romanos 8, 5)” (Pirot). Cf. Mateo 22, 37. En verdad, y no con la apariencia, es decir, “con ázimos de sinceridad” (I Corintios 5, 8), y no como aquel pueblo que lo alababa con los labios mientras su corazón estaba lejos de Él (Mateo 15, 8), o como los que oraban para ser vistos en las sinagogas (Mateo 6, 5) o proclamaban sus buenas obras (Mateo 6, 2). Desde esta revelación de Jesucristo aprendemos a no anteponer lo que se ve a lo que no se ve (II Corintios 4, 18); a preferir lo interior a lo exterior, lo espiritual a lo material. De ahí que hoy no sea fácil conocer el verdadero grado de unión con Dios que tiene un alma, y que por eso no sepamos juzgarla (Lucas 6, 41 s. y nota). Porque las almas le agradan según su mayor o menor rectitud y simplicidad de corazón, o sea según su infancia espiritual (Mateo 18, 1 ss.). Cf. I Corintios 2, 15.]

[* 24. Para ponerse en contacto con Dios, cuya naturaleza es espiritual, el hombre ha de poner en juego todo lo que tiene de semejante a Él: toda su actividad espiritual, que se manifiesta en la fe, la esperanza y la caridad (véase 3, 5 y nota; 6, 64). San Juan de la Cruz aprovecha este pasaje para exhortarnos a que no miremos en que el lugar para orar sea de tal o cual comodidad, sino al recogimiento interior, “en olvido de objetos y jugos sensibles”. En efecto, si Dios es espíritu ¿qué pueden importarle, en sí mismas, las cosas materiales? “¿Acaso he de comer Yo la carne de los toros?”, dice Él, refiriéndose a las ofrendas que se le hacen (Salmo 49, 13 ss.). Lo que vale para Él es la intención, a tal punto que, según Santa Gertrudis, Jesús le reveló que cada vez que deseamos de veras hacer algo por darle gusto al Padre o a Él, aunque no podamos realizarlo, vale tanto como si ya lo hubiéramos hecho; y eso lo entenderá cualquiera, pues el que ama no busca regalos por interés, y lo que aprecia es el amor con que están hechos.]


*Gloria de los hombres no recibo, * sino que os conozco (y sé) que no tenéis en vosotros el amor de Dios. *Yo he venido en el nombre de mi Padre, y no me recibís; si otro viniere en su propio nombre, ¡a ése lo recibiréis! * ¿Cómo podéis vosotros creer, si admitís alabanza los unos de los otros, y la gloria que viene del único Dios no la buscáis? No penséis que soy Yo quien os va a acusar delante del Padre. Vuestro acusador es Moisés, en quien habéis puesto vuestra esperanza. * Si creyeseis a Moisés, me creeríais también a Mí, pues de Mí escribió Él. Pero si no creéis a sus escritos, ¿cómo creeréis a mis palabras?” (Juan 5, 41-47)

[* 41. No recibo, esto es (como en el v. 34): no os digo esto porque tenga nada que ganar con vuestra adhesión, sino que os desenmascaro porque conozco bien vuestra hipocresía. * 42. No tenéis en vosotros el amor de Dios. Es decir, que, como observa San Ireneo, el amor acerca a Dios más que la pretendida sabiduría y experiencia, las cuales son compatibles (como aquí vemos) con la blasfemia y la enemistad con Dios. * 43. La historia rebosa de comprobaciones de esta dolorosa realidad. Los falsos profetas se anuncian a sí mismos y son admirados sin más credenciales que su propia suficiencia. Los discípulos de Jesús, que hablan en nombre de Él, son escuchados por pocos, como pocos fueron los que escucharon a Jesús, el enviado del Padre. Véase Mateo 7, 15 y nota. Suele verse aquí una profecía de la aceptación que tendrá el Anticristo como falso Mesías. Cf. Apocalipsis 13. * 44. Es impresionante la severidad con que Jesús niega aquí la fe de los que buscan gloria humana. Cf. 3, 30; Lucas 6, 26; Gálatas 1, 10; Salmo 52, 6. * 46 s. De Mí escribió él: “En cuanto al Salvador del género humano, nada existe sobre Él tan fecundo y tan expresivo como los textos que encontramos en toda la Biblia, y San Jerónimo tuvo razón de afirmar que «ignorar las Escrituras es ignorar a Cristo».” (León XIII, Encíclica “Providentissimus Deus”). Esta notable cita de San Jerónimo se encuentra repetida por Benedicto XV en la Encíclica “Spiritus Paraclitus” y también por Pío XII en la Encíclica “Divino Afflante Spiritu”. No podemos mirarla como una simple referencia literaria, sino que hemos de meditar toda su gravedad. ¿Acaso pretendería alguien salvarse sin conocer al Salvador? ¿Cómo creeréis a mis palabras? Argumento igual al del v. 44 y que se aplica con mayor razón aun a los que ignoran voluntariamente las propias palabras de Cristo. Cf. 12, 48 y nota.]

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MANUAL DE SUPERVIVENCIA DURANTE LA GRAN TRIBULACIÓN Y LA OPERACIÓN DEL ERROR. (LXVII)

 

Citamos ahora varios pasajes del Evangelio con sus pertinentes comentarios sacados de la Biblia de Mons. Straubinger, los cuales servirán para apoyar lo que estamos exponiendo en esta sección. Recomendamos a nuestros lectores que los lean y mediten, pues encierran mucha sabiduría divina. De todos modos, si lo prefieren, pueden pasar directamente a la siguiente sección de este ensayo, la cual aborda el CRUCIAL asunto de la Operación del error, en donde explicamos el modus operandi de este insidioso engaño, a quiénes golpea, y cómo salir de ella, Dios Uno y Trino mediante.


“Mientras Él estaba en Jerusalén, durante la fiesta de Pascua, muchos creyeron en su nombre, viendo los milagros que hacía. *Pero Jesús no se fiaba de ellos, porque a todos los conocía, y no necesitaba de informes acerca del hombre, conociendo por sí mismo lo que hay en el hombre”. (Juan 2, 23-25)

[* 24 s. Lección fundamental de doctrina y de vida. Cuando aún no estamos familiarizados con el lenguaje del divino Maestro y de la Biblia en general, sorprende hallar constantemente cierto pesimismo, que parece excesivo, sobre la maldad del hombre. Porque pensamos que han de ser muy raras las personas que obran por amor al mal. Nuestra sorpresa viene de ignorar el inmenso alcance que tiene el primero de los dogmas bíblicos: el pecado original. La Iglesia lo ha definido en términos clarísimos (Denzinger 174-200). Nuestra formación, con mezcla de humanismo orgulloso y de sentimentalismo materialista, nos lleva a confundir el orden natural con el sobrenatural, y a pensar que es caritativo creer en la bondad del hombre, siendo así que en tal creencia consiste la herejía pelagiana, que es la misma de Jean Jacques Rousseau, origen de tantos males contemporáneos. No es que el hombre se levante cada día pensando en hacer el mal por puro gusto. Es que el hombre, no sólo está naturalmente entregado a su propia inclinación depravada (que no se borró con el Bautismo), sino que está rodeado por el mundo enemigo del Evangelio, y expuesto además a la influencia del Maligno, que lo ensaña y le mueve al mal con apariencia de bien. Es el “'misterio de la iniquidad”, que San Pablo explica en II Tesalonicenses 2, 6. De ahí que todos necesitemos nacer de nuevo (3, 3 ss.) y renovarnos constantemente en el espíritu por el contacto con la divina Persona del único Salvador, Jesús, mediante el don que Él nos hace de su Palabra y de su Cuerpo y su Sangre redentora. De ahí la necesidad constante de vigilar y orar para no entrar en tentación, pues apenas entrados, somos vencidos. Jesús nos da así una lección de inmenso valor para el saludable conocimiento y desconfianza de nosotros mismos y de los demás, y muestra los abismos de la humana ceguera e iniquidad, que son enigmas impenetrables para pensadores y sociólogos de nuestros días y que en el Evangelio están explicados con claridad transparente. Al que ha entendido esto, la humildad se le hace luminosa, deseable y fácil. Véase el Magníficat (Lucas 1, 46 ss.) y el Salmo 50 y notas.]


“Porque así amó Dios al mundo: hasta dar su Hijo único, para que todo aquel que cree en Él no se pierda, sino que tenga vida eterna. *Porque no envió Dios su Hijo al mundo para juzgar al mundo, sino para que el mundo por Él sea salvo. Quien cree en, Él, no es juzgado, mas quien no cree, ya está juzgado, porque no ha creído en el nombre del Hijo único de Dios. *Y éste es el juicio: que la luz ha venido al mundo, y los hombres han amado más las tinieblas que la luz, porque sus obras eran malas. Porque todo el que obra mal, odia la luz y no viene a la luz, para que sus obras no sean reprobadas. Al contrario, el que pone en práctica la verdad, viene a la luz, para que se vea que sus obras están hechas en Dios”. (Juan 3, 16-21)

 

[* 19. Este es el juicio de discernimiento entre el que es recto y el que tiene doblez. Jesús será para ellos como una piedra de toque (cf. 7, 17; Lucas 2, 34 s.). La terrible sanción contra los que rechazan la luz será abandonarlos a su ceguera (Marcos 4, 12), para que crean a la mentira y se pierdan. San Pablo nos revela que esto es lo que ocurrirá cuando aparezca el Anticristo (II Tesalonicenses 2, 9-12). Cf. 5, 43 y nota.]

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MANUAL DE SUPERVIVENCIA DURANTE LA GRAN TRIBULACIÓN Y LA OPERACIÓN DEL ERROR. (LXVI)

 

El mundo está mal desde el principio, desde que Adán y Eva fueron vencidos por la antigua serpiente, Satanás; por eso, el espíritu del mundo y todo lo que el mundo tiene por valores y cosas nobles y elogiables, para los cristianos no son sino vanidad de vanidades, falsas apariencias, orgullo hinchado, concupiscencia de la carne y de los ojos. Hablar por tanto del “sentido común”, de lo que piensan el común de los habitantes del orbe, de lo que el mundo siempre ha considerado como bueno y aceptable, para nosotros los que amamos a Dios es en realidad una trampa en la que no debemos caer, pues todos los valores y ambiciones del mundo y de quienes tienen su espíritu torcido son para nosotros necedad y locura, ambición desmesurada, egoísmo absoluto, licencia y disipación supremas, inmoralidad e idolatría flagrantes. El mundo no tiene el “sensus fidei”, en el sentido de la gran tradición escolástica de Alberto Magno y Tomás de Aquino, entendido como una actividad del creyente que se adhiere a la revelación; también como consenso universal en materia de fe; el sensus fidei apela a la forma del conocer personal que precede al conocimiento reflejo; es fruto de la gracia y acción del Espíritu Santo que actúa sobre el creyente para que "comprenda y crea". El sensus fidei se inserta ante todo en el horizonte peculiar de la comprensión de fe como llamada al seguimiento, que hace al discípulo cada vez más afín al maestro. En este sentido, ya en el Nuevo Testamento se encuentran referencias, como "sensus Domini" (1 Cor 2,16), ´ojos iluminados del corazón´ (Ef 11,18), "inteligencia espiritual" (Col 1,9). Esta misma terminología se encuentra en los Padres, donde el concepto se enriquece con una nueva connotación: la comunión visible de todos los creyentes en torno a una única verdad. Se habla en consecuencia de " sensus eclesiasticu et catholicus" y -particularmente en Basilio, Agustín, León y los grandes Padres- del "sentire cum Ecclesia". La expresión más significativa, cercana a nuestra idea, se encuentra en Agustín: "Habet namque fides oculos suos". Para los Padres, acostumbrados a tener una relación de inmediatez entre la verdad que procedía del anuncio de fe y de la praxis cotidiana del vivir del creyente, desembocar en el sensus fidei equivalía a comprender la forma de conocimiento coherente para comprender el Evangelio; una verdad que les precedía y que los encontraba en las diversas situaciones de vida, permitiéndoles arrostrarlo todo, hasta el martirio, con la inquebrantable certeza de estar en la fe de toda la Iglesia. El mundo no entiende ni podrá entender jamás las cosas como las “entiende” Dios, porque no conoce al Espíritu Santo ni conoce a Dios.


Como hemos mencionado anteriormente, el mundo vive instalado en una especie de error común monumental y permanente, por eso su criterio no es fiable para nosotros los hijos de Dios. Todo lo que el mundo considera que es bueno y deseable, en realidad es malo y despreciable; del mismo modo, lo que el mundo toma como necedad y locura, nosotros los cristianos sabemos que es la verdadera sabiduría y la gloriosa “locura” de la Cruz, que el mundo no puede entender. El llamado “sentido común mundano” es en verdad la suma de los disparates y las injusticias, lo que piensan el común de los infortunados habitantes de este mundo pecador y apóstata. Por eso no debemos acomodarnos de ninguna manera al modo de pensar y juzgar que usan el mundo y sus acólitos, porque son fallidos y engañosos, al no estar basados en la única Verdad que es Dios.


El mundo es también falso e hipócrita, como los fariseos que condenaron a muerte al Hijo de Dios, N.S.J.C., por eso no hay verdad en el mundo ni tampoco la puede conocer, puesto que el mundo vive instalado en el error y la mentira, el fingimiento y la doblez, las falsas apariencias y la vanidad, y todo esto permanentemente. Dios detesta particularmente a los hipócritas y los falsarios, mientras que ama a quienes son rectos de corazón. [Las promesas del Señor son para los hombres sin ficción (Salmo 7, 11; 31, 11). Dios no se cansa de insistir, en ambos Testamentos, sobre, esta condición primaria e indispensable que es la rectitud de corazón, o sea la sinceridad sin doblez (Salmo 25, 2). Es en realidad lo único que Él pide, pues todo lo demás nos lo da el Espíritu Santo con su gracia y sus dones. De ahí la asombrosa benevolencia de Jesús con los más grandes pecadores, frente a su tremenda severidad con los fariseos, que pecaban contra la luz (Juan 3, 19) o que oraban por fórmula (Santiago 4, 8). De ahí la sorprendente revelación de que el Padre descubre a los niños lo que oculta a los sabios (Lucas 10, 21).]

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MANUAL DE SUPERVIVENCIA DURANTE LA GRAN TRIBULACIÓN Y LA OPERACIÓN DEL ERROR. (LXV)

 

“Judas —no el Iscariote— le dijo: “Señor, ¿cómo es eso: que te has de manifestar a nosotros y no al mundo?” Jesús le respondió y dijo: “Si alguno me ama, guardará mi palabra, y mi Padre lo amará, y vendremos a él, y en él haremos morada. El que no me ama no guardará mis palabras; y la palabra que estáis oyendo no es mía, sino del Padre que me envió.

Os he dicho estas cosas durante mi permanencia con vosotros. Pero el intercesor, el Espíritu Santo, que el Padre enviará en mi nombre, Él os lo enseñará todo, y os recordará todo lo que Yo os he dicho. Os dejo la paz, os doy la paz mía; no os doy Yo como da el mundo. No se turbe vuestro corazón, ni se amedrente. Acabáis de oírme decir: «Me voy y volveré a vosotros.» Si me amaseis, os alegraríais de que voy al Padre, porque el Padre es más grande que Yo. Os lo he dicho antes que acontezca, para que cuando esto se verifique, creáis. Ya no hablaré mucho con vosotros, porque viene el príncipe del mundo. No es que tenga derecho contra Mí, pero es para que el mundo conozca que Yo amo al Padre, y que obro según el mandato que me dio el Padre. Levantaos, vamos de aquí”. (Juan 14, 22-31).


[* 23. El amor es el motor indispensable de la vida sobrenatural: todo aquel que ama, vive según el Evangelio; el que no ama no puede cumplir los preceptos de Cristo, ni siquiera conoce a Dios, puesto que Dios es amor (I Juan 4, 8). “Del amor a Dios brota de por sí la obediencia a su divina voluntad (Mateo 7, 21; 12, 50; Marcos 3, 33; Lucas 8, 21), la confianza en su providencia (Mateo 6, 25-34; 10, 29-33; Lucas 12, 4-12 y 22-34; 18, 1-8), la oración devota (Mateo 6, 7-8; 7, 7-12; Marcos 11, 24; Lucas 11, 1-13; Juan 16, 23-24), y el respeto a la casa de Dios (Mateo 21, 12-17; Juan 2, 16)” (Lesétre).

* 24. Dios nos revela a este respecto su intimidad diciendo: “Como una mujer que desprecia al que la ama, así me ha despreciado Israel” (Jeremías 3, 20). Esto nos hace comprender que querer suplir con obras materiales la falta de amor, sería como si una mujer que rechaza el amor de un príncipe pretendiera consolarlo ofreciéndole dinero. O como si un hijo que se apartó del hogar creyese que satisface a su padre con mandarle regalos. Véase la clara doctrina de San Pablo en I Corintios 13, 1 ss.

* 26. Jesús hace aquí quizá la más estupenda de sus revelaciones y de sus promesas. El mismo Espíritu divino, que Él nos conquistó con sus méritos infinitos, se hará el inspirador de nuestra alma y el motor de nuestros actos, habitando en nosotros (v. 16 s.). Tal es el sentido de las palabras “os lo enseñará todo”, es decir, no todas las cosas que pueden saberse, sino todo lo vuestro, como maestro permanente de vuestra vida en todo instante. San Pablo confirma esto en Romanos 8, 14 llamando hijos de Dios a “los que son movidos por el Espíritu de Dios”. Si bien miramos, todo el fruto de la Pasión de Cristo consiste en habernos conseguido esa maravilla de que el Espíritu de Dios, que es todo luz y amor y gozo, entre en nosotros, confortándonos, consolándonos, inspirándonos en todo momento y llevándonos al amor de Jesús (6, 44 y nota) para que Jesús nos lleve al Padre (versículos 6 ss.) y así el Padre sea glorificado en el Hijo (v. 13). Tal es el plan del Padre en favor nuestro (6, 40 y nota), de tal modo que la glorificación de ambos sea también la nuestra, como se ve expresamente en 17, 2. Para entrar en nosotros ese nuevo rector que es el Espíritu Santo, sólo espera que el anterior le ceda su puesto. Eso quiere decir simplemente el “renunciarse a sí mismo”. Os recordará, etc.: es decir, traerá a la memoria en cada momento oportuno (Mateo 10, 19; Marcos 13, 11) las enseñanzas de Jesús a los que se hayan preocupado de aprenderlas. Véase 16, 13; Lucas 11, 13 y notas.

* 28. El Padre es más grande que Yo significa que el Padre es el origen y el Hijo la derivación. Como dice San Hilario, el Padre no es mayor que el Hijo en poder, eternidad o grandeza, sino en razón de que es principio del Hijo, a quien da la vida. Porque el Padre nada recibe de otro alguno, mas el Hijo recibe su naturaleza del Padre por eterna generación, sin que ello implique imperfección en el Hijo. De ahí la inmensa gratitud de Jesús y su constante obediencia y adoración del Padre. Un buen hijo, aunque sea adulto y tan poderoso como su padre, siempre lo mirará como a superior. Tal fue la constante característica de Jesús (4, 34; 6, 38; 12, 49 s.; 17, 2S, etc.), también cuando, como Verbo eterno, era la Palabra creadora y Sabiduría del Padre (1, 2; Proverbios 8, 22 ss.; Sabiduría 7, 26; 8, 3; Eclesiástico 24, 12 ss., etc.). Véase 5, 48 y nota; Mateo 24, 36; Maro 13, 32; Hechos 1, 7; I Corintios 15, 28 y notas. El Hijo como hombre es menor que el Padre.

* 30. El príncipe del mundo: Satanás. Tremenda revelación que, explicándose por el triunfo originario de la serpiente sobre el hombre (cf. Sabiduría 2, 24 y nota), explica a su vez las condenaciones implacables que a cada paso formula el Señor sobre todo lo mundano, que en cualquier tiempo aparece tan honorable como aparecían los que condenaron a Jesús. Cf. v. 16; 7, 7; 12; 31; 15, 18 ss.; 16, 11; 17, 9 y 14; Lucas 16, 15; Romanos 12, 2; Gal, 1, 4; 6, 14; I Timoteo 6, 13; Santiago 1, 27; 4, 4; I Pedro 5, 8; I Juan 2, 15 y notas.

* 31. No es por cierto a Jesús a quien tiene nada que reclamar el “acusador” (Apocalipsis 12, 10 y nota). Pero el Padre le encomendó las “ovejas perdidas de Israel” (Mateo 10, 5 y nota), y cuando vino a lo suyo, “los suyos no lo recibieron” (1, 11), despreciando el mensaje de arrepentimiento y perdón (Marcos 1, 15) que traía “para confirmar las promesas de los patriarcas” (Romanos 15, 8). Entonces, como anunciaban misteriosamente las profecías desde Moisés (cf. Hechos 3, 22 y nota), el Buen Pastor se entregó como un cordero (10, 11), libremente (10, 17 s.), dando cuanto tenía, hasta la última gota de su Sangre, aparentemente vencido por Satanás para despojarlo de su escritura contra nosotros clavándola en la Cruz (Colosenses 2, 14 s.), y realizar, a costa Suya, el anhelo salvador del Padre (6, 38; Mateo 26, 42 y notas) y “no sólo por la nación sino también para congregar en uno a todos los hijos de Dios dispersos” (11. 52). viniendo a ser por su Sangre causa de eterna salud para judíos y gentiles, como enseña San Pablo (Hechos 5, 9 s.).]

Continuará...