La cuarta sesión del conciliábulo Vaticano 2, por el abbé Georges de Nantes (parte 1)

 




La cuarta sesión del conciliábulo Vaticano 2, por el abbé Georges de Nantes.



La cuarta y última sesión del conciliábulo Vaticano 2 vio el triunfo de ideas modernas hasta entonces condenadas o mantenidas bajo sospecha en la Iglesia. Su crónica destaca la actuación de la minoría progresista y la responsabilidad personal del Anticristo Pablo 6 en su adopción por parte de casi todos los obispos, con el desastroso resultado que conocemos.





I. EL VIAJE DE PABLO 666 A LA ONU



En su discurso de apertura de la cuarta sesión, Pablo 6 ve en la hora que suena una maravilla nunca antes vista desde Cristo (!?), y la garantía de una vida nueva y definitiva para la Iglesia y para el mundo. Para él, el amor conduce infalible y unánimemente a la verdad, la Iglesia debía convertirse en mensajera del amor. El abbé de Nantes comenta acerca de este delirio montiniano de magnitud planetaria:


“La Iglesia de hoy debe enseñar a todos “el arte de amar”, dar ejemplo de ello, hacerlo realidad en todos los corazones y así contribuir de ahora en adelante al advenimiento de una sociedad global feliz. “Con corazón pastoral... con corazón misionero... con corazón ecuménico”, dirá la historia, para este tiempo grandioso que vivimos, “la Iglesia amó... Amor a los hombres de hoy, sean quienes sean, vengan de donde vengan, amor para todos... Y que triunfe la paz entre los hombres... ¡Sí, pronto y para siempre, que triunfe la paz!"



“El nuevo Mundo puede nacer ahora, debe nacer, siempre que la Iglesia le enseñe y le entregue el secreto de la vida, de la concordia y de la paz: ¡la universalidad y la incondicionalidad del Amor! Es una sociedad política global a la que el “Papa” Montini llama con sus deseos proféticos, una sociedad temporal, laica, multirracial y multiconfesional, pero su principio será religioso, al menos en su fuente y en su inspiración, será el Amor. Y éste es el mensaje político-religioso que el “Papa” quiere hacer oír en la ONU en nombre de todos los Obispos por unanimidad. Sus voces “siempre al servicio y en virtud de la misión apostólica que Cristo os ha confiado como a Nosotros, anuncian y llaman siempre al advenimiento de la concordia, la justicia y la fraternidad, la paz entre los hombres amados por Dios y la buena voluntad. “El amor traspasa barreras de clase, nación e incluso religión. La Iglesia lo enseña, lo da a todos los hombres: “La Iglesia en el mundo no es un fin en sí misma; ella está al servicio de todos los pueblos..." A todos les dice que son amados por Dios y por todos los hombres de buena voluntad. ¡Que se amen unos a otros y la Paz reinará en la tierra! Este es el nuevo Evangelio que, el 4 de octubre, el “Papa” llevará a la ONU». (...)



                          




Porque, más aún que el discurso de apertura, fue el viaje de Pablo 6 a la ONU, el 4 de octubre de 1965, el que dio el rumbo definitivo a la última sesión del Concilio.



Habiendo comprendido inmediatamente el alcance y las consecuencias de este enfoque sin precedentes, el Abad de Nantes mostró, en sus Cartas 215 y 218, cómo el desgraciado que se hacía pasar por Soberano Pontífice comprometió "a la Iglesia al servicio de un mundo determinado, el de las Naciones Unidas y la Masonería internacional”.



A su llegada, el secretario general de la ONU, el birmano U'Thant, condujo al “Papa” a la sala de meditación donde meditarían juntos durante un minuto. (!) El Osservatore Romano se abstuvo inicialmente de informar sobre el primer acto del “Papa en la ONU”. Sólo lo mencionó en su edición del 22 de octubre del 65, y aun así lo tergiversó. El abbé de Nantes subrayó lo notable y significativo que era este hecho:


"¿Por qué no decir qué es lo que sucedió? ¡Que aquél que se hacía pasar por vicario de Jesucristo y sucesor de San Pedro, fuera de la presencia de cualquier periodista o fotógrafo, fue primero invitado a ir a este lugar “consagrado” para orar allí en compañía del budista birmano! ¿No fue éste el primer acto religioso verdaderamente “ecuménico” y sacrílego realizado hasta ahora por un pérfido impostor que fingía ser“Papa”?



“A pesar de las palabras de Paris Match , hay un largo camino desde la extravagante capilla privada que Pablo 6 hizo construir en el Vaticano hasta este santuario, inaugurado por Dag Hammarskjöld el 24 de abril de 1957 como centro espiritual de esta Casa de Cristal, “Templo de Humanidad." ¡Qué cambio de escenario, al contrario! Esta es la “cámara de reflexión” de las logias Masónicas por la que debe pasar el Aprendiz durante su iniciación, antes de ser admitido como Hermano del Gran Salón, para ser acogido allí y poder hablar allí como Maestro de Sabiduría. ¡El paralelismo de las situaciones nos hace estremecer! En un grado de iniciación mucho más elevado, más allá del 33 exactamente , este lugar “consagrado” revela su significado último. Es el Lugar Santísimo del Nuevo Templo Judío donde el Dios Sin Rostro, de Nombre impronunciable, vela por los destinos de su Pueblo Israel, ahora disperso. Y este establecimiento, en el nuevo centro del mundo, es la garantía de una expectativa, la señal de que el tiempo de la resurrección y de la venganza, el tiempo mesiánico de su dominación universal, se acerca para el Pueblo humillado. Estamos aquí en el centro del marco judeo-masónico tan caro a Montini-Pablo 6» (…)



                     


                                  




“Por tanto, si en algún lugar hay celebración de este matrimonio de la Iglesia y del Mundo, tan deseado desde la convocatoria del Concilio, es en esta extraña capilla según el rito de las sociedades secretas, y desde entonces era inevitable que G.B. Montini diera fe de la honestidad y necesidad de la Organización que lo acogió; era inconcebible que predicara una religión distinta del humanismo integral que es su fundamento».



El abbé de Nantes explica a continuación la novedad radical de este enfoque “pontificio” que cierra la era de Constantino, la del cristianismo, y abre la era de las Naciones Unidas, llena de utópicas promesas sublimes: “La Iglesia abandona la doctrina en la que se basaba todo, tomando las dos potencias [la Iglesia y la ONU] su fuente del mismo Cristo para administrar juntos la misma Ciudad de Dios. (…) La Iglesia pronto aclamará el mundo nuevo, todo humano, sus organizaciones, su ideología: aprueba sus fines, pide humildemente ayudar en su pequeña parte. La paz en la Tierra es un objetivo fascinante, capaz de justificar la empresa de la ONU ante las multitudes y de hacer aplaudir el enfoque del “Papa”, pero algo aún mayor nacerá en esta ocasión y en este impulso instintivo hacia la paz: la reintegración de la Iglesia en el mundo, su reunión, ya no esta vez en una discordia deshonrosa y una tutela intolerable, sino algo nuevo, en un servicio absolutamente desinteresado, libre de todas las exigencias temporales y de toda propaganda y predicación religiosa, de la Iglesia hacia el mundo de la ONU». (...)




Escuchando el mensaje de Pablo 6, “todos los hombres de buena voluntad se verán reunidos de antemano “en una visión ideal de la humanidad que pueda llamarse verdaderamente católica, es decir, universal”. Tal es “la fuerza profética de este mensaje” que, superando los estrechos límites de la Iglesia visible, hace de la humanidad el verdadero “pueblo de Dios” del que ya no es parte opuesta ni extraña, sino modelo espiritual e inspiración. Tal es este “ministerio de reconciliación”, predicado por el “nuevo” San Pablo, que por primera vez se cumple así, reuniendo a hombres de todas las lenguas, religiones, razas y culturas, para ofrecerles paz y felicidad, sin pedirles ningún salario, nada más que su servicio común a la humanidad. (…) El portavoz del 4 de octubre tuvo hábil cuidado de no reivindicar ninguna autoridad superior ni ningún poder temporal, sino sólo a los pueblos de los que era portavoz. (…) Se dirige a los representantes de los Estados y luego realiza un acto político de incalculable trascendencia. A través de su voz, los pueblos proclaman la autoridad soberana de las Naciones Unidas, más allá de sus propios gobiernos, hacia o contra ellos. “Nuestro mensaje quiere ser ante todo una ratificación moral y solemne de esta alta institución... La gente mira a las Naciones Unidas como la máxima esperanza de armonía y paz". Utilizando todo su prestigio, comprometiendo toda su autoridad democrática, el orador convierte a la ONU en un gobierno mundial único y obliga moralmente a los distintos Estados a subordinarle su poder.



                                     




El abbé de Nantes subraya que Pablo 6 va “mucho más allá de la aprobación moral” de la ONU. Al exponer "metódicamente las opiniones y los caminos que la masonería ha asignado a la ONU, quiso confirmar él mismo las intenciones, la organización interna, la ideología fundamental". Es el auténtico mensaje del Anticristo, el adversario, el inicuo, el hijo de perdición que se revuelve contra Cristo y contra todo lo sagrado, haciéndose él mismo “dios” de una humanidad perdida y sin rumbo, un mundo profano que le acogerá como su salvador, despreciando al único Salvador que vino del Cielo para mostrar a los hombres el Camino, la Verdad y la Vida.



“Desde hace mucho tiempo”, comentó el abbé Nantes, “las quimeras político-religiosas del modernismo retomaron las ideas de la masonería y la llevaron a colaborar con ella. Pablo 6 sólo tuvo que recurrir a la herencia de la democracia cristiana, que, desde Sangnier hasta Maritain y Chenu, describe palabra por palabra la ideología y el programa de la masonería cubriéndolos con un barniz evangélico. (...)



“La paz es el bien supremo, es la “Buena Nueva” que la Iglesia debe llevar al mundo, en nombre de su fundador “el Mensajero de la Paz”. La ONU es “la máxima esperanza para la armonía y la paz”: ¡es un “Papa” quien dice eso! La ONU, Ave, spes única! La ONU, reflejo de la Iglesia católica en el orden temporal, es como ella “única y universal: ¡no podemos concebir nada superior, en el nivel natural, en la construcción ideológica de la humanidad”! ¡Esto lo dice un “Papa”, de una Organización dedicada a la ruina de la Iglesia! 


Hermandad de los pueblos, independientemente de la religión: “Así debe ser. Igualdad, en el seno de la ONU, de naciones grandes y pequeñas, de cristianos y bárbaros, ruinosa e inmoral igualdad masónica: ¡será “un acto de gran virtud”, similar a la humildad de Cristo! La paz se obtendrá mediante el desarme, la renuncia a la “mentalidad particularista y guerrera”: entonces comenzará una “nueva historia”, la historia pacífica, la misma que Dios ha prometido a los hombres de buena voluntad... ¡¿y que construye precisamente la masonería, instrumento de Dios?! Y “la colaboración fraterna de los pueblos hará realidad el ideal con el que sueña la humanidad en su peregrinación a través del tiempo... la mayor esperanza del mundo”.



“¡¡¡La carta de esta Construcción son los derechos humanos que reconoce G.B. Montini, “y sobre todo la libertad religiosa”!!! Están regulados por la Conciencia de la que emana una Sabiduría suprema... Esta “nueva forma de pensar sobre el hombre” sólo es nueva para la Iglesia, es la doctrina común de la Masonería y nos sorprende que la iniciación que conduce a ella sea asimilada aquí a la conversión (¡cristiana!) exigida por San Pablo... Finalmente, en la cima de este “edificio de la civilización moderna”, Pablo 666 pide que sea colocado Dios, “el Dios desconocido… el Dios vivo, el Padre de todos los hombres”, pero puede parecer aquí la réplica cristiana del Gran Arquitecto, Señor del mundo, donde la Masonería encuentra la fuente de su dogma de la fraternidad universal.



“Así, este 4 de octubre del año 1965, se vio proclamado ante todo el mundo que lo escuchaba, por el supremo insensato que se hacía pasar por “Papa” católico, el ya centenario Credo de la Masonería adornado con florituras cristianas».



Continuará...



                       





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